<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-8327896073992417303</id><updated>2012-02-20T14:42:54.427-08:00</updated><category term='Cuentos'/><category term='Poemas'/><title type='text'>Obra literaria de Patricio El Inmenso</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://elinmensososa.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8327896073992417303/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elinmensososa.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Patricio El Inmenso</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01397213389065244426</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_SYBcys2_ZZ8/S4Qea6aiVEI/AAAAAAAAABA/IJlQSyPNXTE/S220/sosus.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>63</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8327896073992417303.post-75176022737750105</id><published>2012-02-20T14:42:00.001-08:00</published><updated>2012-02-20T14:42:54.434-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuentos'/><title type='text'>Entropía doméstica</title><content type='html'>La mujer se lo había dicho más de diez veces. Pero el Señor Verde pareció no haber escuchado nada de nada. De modo que el horror de la bolsa residual creció ya de manera descontrolada. El departamento minúsculo se fundió. Las paredes eléctricas se apagaron para que la oscuridad surgiera desde muy adentro. Una taza cubierta de manchas prehistóricas estalló. Restos inertes de cerámica flotaron y cayeron. El vecino que golpeó la pared se diluyó en un color como la arena. Su piel fue una banda elástica que lo dejó desnudo al desaparecer.&lt;br /&gt;Una simple limpieza hogareña hubiese bastado para evitar la desintegración.&lt;br /&gt;El gato miraba con interés. Era evidente que no aprobaba aquella ruina que se desataba ante sus ojos amarillos. Pero los hombres, y especialmente los que pasaban los treinta años y vivían solos, estaban condenados a la forma de la desintegración más sucia. Llevaban este anatema tatuado en los genes. Era un dictamen biológico imposible de soslayar. Pero el gato no abrió la boca. Hablar en ese momento no sólo podía ser considerado descortés, sino que hubiera producido una rabia inmensa en su amo. Por eso no dijo ni una palabra y se limitó a observar. En sus bigotes largos y duros la ruina vibraba. El caos se precipitaba entre los objetos. Avanzaba veloz, gris y denso. El gato, muy sabio y muy gordo, salió por la abertura de la puerta hecha para estos menesteres felinos y escapó. No logró sobrevivir a lo que vino después, pero hubo grandeza y dignidad en su retirada anticipada.&lt;br /&gt;- Tenías razón. Pero así soy y así es el mundo. Nunca se hace nada hasta que la peste te cierra la garganta.&lt;br /&gt;La voz del señor Verde sonó angustiada. Apenas un murmullo apretado por la desesperación.&lt;br /&gt;- Ahora te lamentás. Siempre es lo mismo. Lo que no puedo entender es que no te preocuparas por mí. El arrastre de la entropía me lleva. Te lo dije más de diez veces y vos nada. Siempre hablando de otra cosa y tomando ese café viejo.&lt;br /&gt;La mujer estaba furiosa. Un gesto agrio le deformaba la boca. Era una mujer muy joven y muy hermosa. Le quedaban minutos de vida. Fue una verdadera lástima verle así la boca, tan fresca y toda genial como había sido siempre, innata para el beso y los verbos que nunca mueren. Una boca que pedía ser mirada hasta el fin del mundo. Una indudable realidad de rojo y de agua cálida.&lt;br /&gt;El Señor Verde era ya una tristeza enorme dibujada por nubes de tormenta. Todo él destilaba la pena de no poder lograr nada. Y así no se puede seguir viviendo. La certeza de su inminente nada le quebró el alma. El espasmo de un llanto ronco le desencajó el cuerpo.&lt;br /&gt;Y se rompió.&lt;br /&gt;- No quiero que termine tan feo y tan brutal. No lo digo por mí, lo digo por vos que sos una parte de lo que no conoce miseria. Tenés razón. Me lo dijiste más de diez veces y no hice absolutamente nada. La suciedad que estaba en las cosas creció. La basura se amontonó en el tacho amarillo, se ocultó ahí entre las cajas y prosperó día a día y hora tras hora. Y yo no moví ni un dedo para limpiar, para barrer o al menos ventilar el ambiente cargado de toxicidad. Yo te quiero mucho. No sé por qué no te hice caso.&lt;br /&gt;Un vaso de plástico fue levantado de la mesa. Voló hasta las cajas y despareció en el tacho. El color amarillo se iluminó y una burbuja que era como un fuego salió desde el interior. Hubo un sonido fuera de este mundo y un movimiento de succión.&lt;br /&gt;La chica se aferró al Señor Verde. El departamento se llenó de un viento fuerte que lo empujaba todo. Los papeles y los libros formaron vendavales y tornados en miniatura.&lt;br /&gt;- Si me suelto el tacho me traga y no te veo nunca más. Sos el hombre más descuidado que he conocido. Y no me digás que me querés. Con eso solo no se puede hacer casi nada.&lt;br /&gt;El Señor Verde movió la cabeza. Ella siempre hablaba con lucidez. Su mente estaba libre de todo tipo de alimaña psíquica. Cuando pensaba lo hacía desde la calma y nunca desde el fanatismo y la violencia. Por eso la amaba con entrega total. El Señor Verde estaba loco. Su cabeza era un basural infinito donde los parásitos y las ratas de la demencia vivían en perpetua holgura. Estaban muy a gusto en ese campo neuronal donde había alimento abundante y los pensamientos crecían deformados por una tristeza letal. La vida del Señor Verde no era más que un vagar sin sentido por territorios desmantelados. Todo en ruinas y sometido a la ley de la destrucción última del universo Y sin embargo, cuando la chica llegaba hasta su departamento y le hacía café y se quedaba tardes y noches enteras hablando y mirando viejas películas fantásticas, a veces acostada sobre su hombro o con la mano apoyada en su brazo, entonces era cuando una inesperada irrupción de vida nueva quitaba toda la muerte sólida de sí y la realidad se convertía en algo sin suciedad, sin bolsas de basura, sin tachos amarillos. Una realidad donde ella era el dios que lo tejía y lo soñaba. Y él era mejor y ya no era verde sino que lograba tener forma humana y piel también humana. Ella le devolvía desde sus ojos y sus palabras y sus pequeños actos un mundo que no podía ser trastocado por la avidez de la desintegración. El codo de la chica podía ser visto como el más alto logro de la existencia, de la voluntad de llegar a ser. El Señor Verde tenía la mentalidad devastada, pero lo poco que le restaba de ella era suficiente para permitirle darse cuenta del milagro que la chica significaba. Porque le ley del cosmos era la soledad. No había dios ni causa. Tampoco una razón y un desenlace a medida de la humanidad. El universo era un organismo y también se cansaría de ser y por fin moriría hasta que ya no quedara ni un rastro pobre. El ser humano nace. Se apura por tenerlo todo. Se pudre por dentro. Se pudre por fuera. Y después se cae en un pantano de sangre inútil.&lt;br /&gt;El Señor Verde no limpió su casa. Era una sola habitación en medio de una caja de cemento entre mil millones de otras cajas idénticas. El Señor Verde vivía. Esto es una aseveración temeraria. Algo está ahí, bajo la luz y viajando por estrellas muy viejas, está un rato y luego se va. Hay que creer y decir que sí, que se vive y se piensa y se camina, pero de una forma impersonal. Como si cada ser fuera una extensión de un extraño y lejano Señor Púrpura. Y este ser también se siente vivir. Tiene una casa increíble en una ciudad de un mundo que no se puede describir con palabras. Hay una chica que lo quiere. Ambos se ven el uno al otro porque tienen cuencas llenas de agua eléctrica por donde miran y se conocen. Y muy arriba, lejos a mil años luz, un Señor Escarlata los usa para combatir el aburrimiento en su planeta gigantesco hecho de gelatina sapiente. Cuando este señor se canse de jugar con los mutantes minúsculos, de hacerlos hablar, correr, gritar y dormir y despertar, los hilos con los que sujeta a los mutantes perderán tensión y ya no habrá energía ni movimiento alguno. El señor dejará tirados los muñecos y dos seres que creyeron vivir con autonomía entrarán a la inmovilidad ontológica.&lt;br /&gt;La basura acumulada durante meses tiembla y estalla. Rayos carmesíes surgen desde el vientre helado de una lata de atún. La tormenta agita el departamento. Un vecino golpea la pared contigua exigiendo un poco de orden. La chica asciende hasta el techo y queda pegada como una lámina de vinilo. No puede moverse. Ahora el proceso entrópico de la ruina universal alcanza el cenit.&lt;br /&gt;El Señor Verde pierde un brazo. La sangre es tragada de inmediato por tacho amarillo. El miembro amputado da tres giros antes de perderse en el tacho de basura. Los libros son arrancados de las estanterías. Son hojas de un árbol que la imaginación creó con trabajo y noches insomnes. Y el destino de toda hoja es ser llevada por el viento. Uno a uno los libros se hunden en el agujero junto con la mesa, ropa, zapatos, lámparas, botellas y cucharas.&lt;br /&gt;- Yo te quise y te quiero y te querré todavía cuando sea un átomo frágil comido por la entropía de mi tacho de basura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La chica, estrechamente unida al techo que comienza a inclinarse hacia el centro de atracción entrópica, sonríe.&lt;br /&gt;Hay en esa risa una belleza humana que el universo no merece.&lt;br /&gt;Las paredes se licúan y se escurren hasta el tacho amarillo. Ya no están. El agujero negro aumenta de tamaño. Come y come y no sabe hacer otra cosa más que comer. El suelo desaparece y el Señor Verde junto con él. No hubo ninguna mirada final para la chica que más quiso en el mundo. La entropía no le dio tiempo para nada.&lt;br /&gt;Esto es el infierno. Vivir y padecer, amar con terror y trabajar para otra vez sufrir. Es el infierno porque el cuerpo y la conciencia se mueren. Del otro lado no hay nada para nosotros. Un frío espacial. Distancias universales. Asteroides sin árboles. Silencio y muerte eterna. Yo viví y ahora me muero devorada por un tacho de basura entrópico. Mientras fui una mujer yo toqué manos, besé, abracé y sentí que un hombre puede ser una música. Esto es el infierno porque no dura aquello que más se necesita. Yo quisiera vivir siempre. Al lado del Señor Verde. Era sucio, pobre y fabulador. Pero una vez me dijo que yo tenía la boca más linda del mundo. Por esto quiero vivir todavía.&lt;br /&gt;El viento ya es un vendaval arrebatador.&lt;br /&gt;El departamento es un punto atómico dentro del tacho de basura. Ahora no es siquiera un punto. El edificio desparece. El barrio se hunde. La ciudad es absorbida. El cielo se vacía. El planeta gira tan rápido que mil años pasan en instantes. Nadie puede ver este prodigio porque ya no queda vida.&lt;br /&gt;La luna se alarga como una barra de plastilina y se escure dentro del tacho amarillo. Después le toca al sol. El frío se esparce. El tacho amarillo queda satisfecho y deja de comer.&lt;br /&gt;Pasarán eones antes de que vuelva a tener hambre.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8327896073992417303-75176022737750105?l=elinmensososa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elinmensososa.blogspot.com/feeds/75176022737750105/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://elinmensososa.blogspot.com/2012/02/entropia-domestica.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8327896073992417303/posts/default/75176022737750105'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8327896073992417303/posts/default/75176022737750105'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elinmensososa.blogspot.com/2012/02/entropia-domestica.html' title='Entropía doméstica'/><author><name>Patricio El Inmenso</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01397213389065244426</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_SYBcys2_ZZ8/S4Qea6aiVEI/AAAAAAAAABA/IJlQSyPNXTE/S220/sosus.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8327896073992417303.post-9061294403284560243</id><published>2012-02-20T14:40:00.002-08:00</published><updated>2012-02-20T14:42:17.791-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuentos'/><title type='text'>La tristeza impresionante de Pudricio Garcete</title><content type='html'>Los caballos aparecieron en la cocina y Pudricio Garcete enloqueció de terror. Había estado limpiando el baño de su casa a trapo limpio cuando escuchó el escándalo de cosas que caían y estallaban contra el piso. Una papa mal cocida que había devorado sin sentirle el más mínimo sabor le subió desde el estómago, pasó por el esófago y salió por su boca.&lt;br /&gt;-Por adentro eres tan feo como por fuera, Garcete Pudricio- dijo la papa.&lt;br /&gt;Y escapó corriendo con velocidad.&lt;br /&gt;Los caballos estaban en la cocina. Eran negros y con los ojos blancos. Los poderosos músculos vibraban a ritmo con el pulso de la sangre. Las patas aplastaban los platos que reventaban en astillas brillantes. Pudricio Garcete vio su taza preferida que usaba desde niño para tomar café con leche hundida en una montaña de bosta equina, verde y humeante. Su vida triste creció en angustia. Sintió lo que todos los solteros maduros temen: el fracaso demencial. La vida se apagó, la realidad osciló hacia el borde del cosmos y la tuerca que ajustaba la humanidad de Pudricio se desenroscó.&lt;br /&gt;Completamente loco de dolor, Pudricio Garcete se entregó a la tristeza más impresionante de todos los tiempos.&lt;br /&gt;Se tiró al suelo. Se arrastró entre la bosta de los caballos, comió un caramelo que halló detrás del tacho de basura, pensó en su niñez y en sus padres muertos hace años, trató de sentir eso que algunos entusiastas llaman amor, pidió ayuda al cielo, rezó a un dios que jamás pudo ver y dejó que los caballos lo aplastaran.&lt;br /&gt;Los animales comían la alfombra del piso, vieja, gastada y sucia. Comían en paz, con lentitud y mordiscos certeros a ras del suelo. Estaban uno al lado del otro, con sus cabezas alargadas tocando el tubo fluorescente de luz y alimentando sus cuerpos grandes y firmes. Los pastos de los pocos terrenos del barrio habían sido arrasados noches atrás por una horda de hormigas amarillas. Pasados varios días el hambre dolía entre los dientes de todos los bichos. Cualquier cosa era buena para comer.&lt;br /&gt;Incluso una alfombra vieja y sucia.&lt;br /&gt;Garcete murió bajo las pisadas de los caballos.&lt;br /&gt;Al la mañana siguiente un vecino que pasaba por ahí vio la puerta destrozada de la casa de Garcete y se acercó, entró a la casa, fue hasta la cocina y vio el cuerpo muerto. Una enorme cantidad de bosta cubría el piso. Había huellas de herraduras.&lt;br /&gt;El cuerpo muerto estaba doblado en posiciones imposibles. El vecino no lo supo entonces ni nunca después. Su mente no supo cómo asimilar esa escena y se cerró. No supo que la locura y la conmoción habían inutilizado su mente. El vecino se puso al lado del muerto, lo miró durante un rato y se fue. En su casa se acomodó en un sillón rojo, buscó algo para ver en la tele y eligió una vieja película de Charles Bronson.&lt;br /&gt;Una fila numerosa y apretada de hormigas amarillas detectó la gran cantidad de alimento que se encontraba por las inmediaciones y se puso en marcha.&lt;br /&gt;-En fila, hermanas, en fila y marcando el paso de la recolección- dijo una hormiga que trabajaba de guía.&lt;br /&gt;La fila penetró en la casa de Garcete con su paso militar perfectamente coordinado. En la cocina estudiaron el cadáver de Pudricio, lo levantaron un par de centímetros sobre el suelo y lo llevaron al hormiguero. En una cámara inmensa lo despedazaron, envolvieron los restos en hojas untadas con extrañas aceites vegetales y los colocaron en recipientes de barro seco.&lt;br /&gt;Llovió toda esa semana en la superficie. Las hormigas amarillas durmieron y esperaron.&lt;br /&gt;La lluvia, la tierra y una fuerza que trabaja en secreto hicieron germinar los restos de Pudricio Garcete.&lt;br /&gt;Con absurda velocidad la raíz penetró los cimientos del hormiguero para tener un rígido asidero, buscó la luz, inventó un tallo flexible y filoso y brotó hacia arriba donde el sol por fin la nutrió. Después se expandió en un flor esférica, una flor sin color y cuya corola era extraordinaria.&lt;br /&gt;Entre los pétalos desvaídos vivía una cara pequeña. Los ojos abiertos en un asombro interrumpido estaban velados por lágrimas verdes. La boca abierta en un gemido opaco aterrorizó a una abeja que se acercó a libar néctar. Los rasgos de Pudricio Garcete eran tan feos como siempre.&lt;br /&gt;Extrañas semillas. Extraños procesos. Extrañas formas de gritar la pena inmensa.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8327896073992417303-9061294403284560243?l=elinmensososa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elinmensososa.blogspot.com/feeds/9061294403284560243/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://elinmensososa.blogspot.com/2012/02/la-tristeza-impresionante-de-pudricio.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8327896073992417303/posts/default/9061294403284560243'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8327896073992417303/posts/default/9061294403284560243'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elinmensososa.blogspot.com/2012/02/la-tristeza-impresionante-de-pudricio.html' title='La tristeza impresionante de Pudricio Garcete'/><author><name>Patricio El Inmenso</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01397213389065244426</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_SYBcys2_ZZ8/S4Qea6aiVEI/AAAAAAAAABA/IJlQSyPNXTE/S220/sosus.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8327896073992417303.post-8557338648984042809</id><published>2012-02-20T14:40:00.001-08:00</published><updated>2012-02-20T14:40:32.994-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuentos'/><title type='text'>El ejercicio de un señor adulto a las tres de la mañana</title><content type='html'>Esta noche tiene olor a medias sucias. En el baño había un bicho horrible. Salí corriendo. En la pieza de mamá me rompí el pie contra una pata de la cama. Mamá se despertó y me dijo que por qué no me mataba. Yo le contesté que todavía no, pero que no faltaba mucho. Una luz de belleza enferma le cruzó por los ojos y se borró. Mamá tiene los labios muy gruesos y cuando toma sopa es como si una aspiradora la tomara. En la pared estaba la cara de un Cristo cinematográfico que mostraba y daba su corazón. Qué hacés, le dije. No me contestó. En un pie y saltando llegué a la cocina. Prendí la luz. Me senté en una silla y puse las manos en la mesa. Me las miré durante mucho tiempo. El tic tac del reloj marcaba mucho más que la hora. Las agujas ya eran sables que giraban gracias a engranajes secretos. Giraban y giraban llevando la disolución a todas las cosas. Me toqué la frente y no reconocí nada humano. Es posible que tenga ojos en la cabeza, dije en voz alta. Las agujas giraron y se llevaron pedazos de la noche. Mañana podría no amanecer. No imagino la furia que sería. Todo negro. Para el mediodía ya habría masacre a escala planetaria. Puede pasar. El sistema solar es también un sistema de relojería. Inmenso y eterno. Pero aparato al fin. Mamá dice que estoy loco porque hablo solo. Dice que otros chicos de mi edad salen a dar vueltas al centro o van por ahí con amigas y amigos y la pasan muy bien. Es cierto. Claro que mamá lleva veinte años de muerta y yo no soy ningún chico. En la habitación de mamá no hay nada. No la uso. Debe ser que me da tristeza entrar y no verla. Cuando la muerte te toca ya no hay posibilidad de alegría. Deja un rastro de ceniza. Esa ceniza es una sustancia de otro mundo que la muerte esparce por ahí usando una bolsita de arpillera. Pudre y deforma la materia. Entra en las moléculas y empolla en ellas criaturas invisibles que degradan los elementos. No puedo explicar lo feas que son. Horribles. Dobladas en asco y siempre murmurantes. Salen de esa ceniza mortal, pequeñas y embrionarias. Empiezan a comer lo que encuentran, engordan, mutan a criaturas semejantes a sapos monstruosos, dejan baba por donde pasan y suben por mi espalda cuando duermo. Por eso no hay una mañana que no despierte gritando como un loco. Es algo a lo que no me podido acostumbrar. Además están las caras y los sombreros. Un espanto. Creo que las demencias (son muchas) que hoy me gastan el cerebro nacieron la primera vez que miré esas deformaciones. Porque los sapos monstruosos tienen caras pequeñas de rasgos humanos. Una noche apareció uno entre los platos de la cocina. Yo estaba ordenando un poco y me distraje mirando la espuma que el agua y el detergente formaban en el desagüe. El ruido de la succión del agua me hizo temblar. Sentí miedo. Pero eso no era nada. Un montón de espuma densa no se fue por el tubo. Metí la mano y lo toqué. Saqué la mano y lo vi. Sin darme cuenta lo había agarrado. Era un sapo que me miraba con la cara de un minúsculo hombre maduro. Creo que algo muy fino en mi cabeza se hizo pedazos. Y a pesar de todo esto les debo mi cordura a los sapos. Creo que el terrorque sentía entonces me hizo ver a estos seres como lo que no eran. Uno ve monstruos en todas partes cuando ha sido enterrado en el fracaso.&lt;br /&gt;Y entonces descubrí el sombrero.&lt;br /&gt;Era de color verde y la tela con la que estaba hecho parecía suave y fina. El sombrero era de copa y en el ala muy ancha llevaba un prendedor de metal que representaba la figura de un demonio sonriente. El sapo lo llevaba con elegancia. El sombrero había sido pensado y hecho para él. Era parte de su cuerpo al igual que las verrugas y los ojos amarillos.&lt;br /&gt;-Hola señor. Esta es una madrugada en el mundo. En verdad, señor, hay miles de millones de mundos. Este pedazo ínfimo de roca estéril que gira alrededor de una estrella común y silvestre es uno de tantos. He estado en mundos donde el tiempo se comporta de manera tal que para medirlo se usan artefactos demenciales que cambian de forma cada un instante. En otros mundos la humanidad es un cuento fantástico que los seres más inteligentes narran a sus vástagos para llenarlos de miedo. Hay un mundo muy lejano que está formado por inmensas estructuras orgánicas e inteligentes que se parecen a las hormigas terrestres. Hay planetas hechos de árboles de plata. Hay países donde el alimento debe ser convencido mediante argumentos para ingerirlo y minúsculos pueblos flotantes que no conocen la luz de ninguna estrella. Sus habitantes andan entre sombras vivificantes y torbellinos de oscuridad. Son como murciélagos bípedos. Tienen hogares altamente funcionales. Estos pobladores de la noche constante son los diseñadores de tecnología más diestros de muchas galaxias. ¿No me prepararía, señor, un poco de café? Es lo más valioso que tienen en esta roca errante.&lt;br /&gt;Fui a la cocina y puse la cafetera a andar. Los engranajes de la máquina chirriaban. Era un electrodoméstico del siglo pasado y ya tenía demasiado uso.&lt;br /&gt;-Excelente café, como de costumbre. Incluso los instantáneos, que ustedes desprecian, son para nuestros paladares una delicia inefable. Hay en el café una sustancia tan benévola que el cerebro, una vez que la ha probado, no puede olvidar. Por eso la pide siempre. El café fue traído a este planeta por un sapo navegante muy apreciado y admirado en nuestro mundo. Se llamaba Ricardo Brunello y lo apodaban El Príncipe. Viajó miles de años luz hasta un bosque que florecía perpetuamente encontró las cápsulas de lo que sería luego el café. Estas cápsulas crecían en las espaldas de los lugareños durante la noche y al despertar caían, ya maduras. Abundaban y no se las utilizaba. En tachos rojos de lata amontonaban estos frutos que eran llevados a un abismo donde se los arrojaba. Una cosa extraordinaria, como entenderá.&lt;br /&gt;El sapo me dio la taza. La llevé y le dejé en la cocina junto a cucharas manchadas sumergidas en agua. Me dije que debía ser más pulcro y ordenar, limpiar y barrer una vez por semana. Si no lo hacía así la ceniza de la muerte me cubriría hasta asfixiarme. Soy un hombre grande. Los días pasan con dificultad. No hay una sola sensación que escape del terror. Porque esto es crecer y hacerse mayor. Uno vive pendiente del terror. Y no habrá nada que pueda oponerse a este virus que surge del cuerpo y lo come hasta matarlo.&lt;br /&gt;Tomé café. El sapo se sacó el sombrero y también bebió. Un gesto de placer se le desparramó por toda la boca. La impasibilidad de su cara de sapo se borró. Le gustaba mucho el café. Lo saboreaba con sabiduría. Creo que jamás he visto un acto ejecutado con tanta concentración. Al mirarlo pensé que si yo hubiera puesto esa atención en momentos claves de mi vida la miseria y el horror no tendrían hoy tanto para comer.&lt;br /&gt;Entonces sentí el látigo.&lt;br /&gt;El dolor de una muela de juicio que estaba tratando de salir fue un rayo. Me nació en la boca y trepó hasta la cabeza donde golpeó con fuerza. No pude más y grité.&lt;br /&gt;Antes de que pudiera entender lo que pasaba ya estaba libre del dolor y escuchando una música de increíble belleza. El sapo estaba vestido de blanco y llevaba en su cara un barbijo.&lt;br /&gt;-Era una muela tenaz- me dijo. Si no la adaptaba a favor de la radiometría intergaláctica usted tendría que haber ido a ver un dentista terrestre. Un espanto.&lt;br /&gt;Lo miré. Mi cara debió mostrar la expresión exacta de la estupidez y la perplejidad porque el sapo se rió.&lt;br /&gt;-Le explicaré, señor. Mi pueblo es uno de los más desarrollados e inteligentes del universo. No hay disciplina que no dominemos a la perfección. La odontología es una materia de primaria. Desde pequeños nos educamos para hacer de las muelas inútiles receptores de ondas de radio. Le operé la encía, le coloqué en la muela de juicio un aparato infinitesimal que recibe transmisiones de las emisores de todo el cosmos y de paso aproveché para dibujar un paisaje en sus dientes superiores. La estética es para nosotros la base de la organización racional.&lt;br /&gt;Las horas de la noche pasaron despacio. Me dieron ganas de fumar. Fumé. El sapo dio unos saltitos ágiles y fue hasta la pieza. Estuvo hasta el amanecer mirando mi biblioteca y riéndose con mis libros de filosofía, antropología, historia y ciencia. Cuando investigó las novelas de ciencia ficción se puso muy serio, giró su cabeza de batracio y me habló con voz grave.&lt;br /&gt;-Estos libros son la verdad, los demás sólo tratan sobre delirios y embustes. Lo noto disminuido. Deber ser la nube de pena que lo sigue sin parar. Usted no puede verla, pero es enorme, negra y sucia. Por eso ha estado tan mal estos últimos años. Yo no puedo arrancar la nube de pronto porque el efecto sería mortal. Sin embrago existe un tratamiento. Todos los días, a las tres de la mañana, usted estará despierto y tomando café. Apretará su mandíbula tres veces y sintonizará una radio de unos amigos músicos de un mundo que no puedo explicar o describir con palabras humanas. Pondrá toda su voluntad y su naturaleza de bicho bípedo sin plumas para escuchar esta música y repetirá en voz alta, cada tres minutos, esta oración: no hay justicia ni error, no hay un por qué ni un sentido, no hay garantías ni salvación, no hay paz y nunca la habrá, este es mi mundo, mundo hecho en tierra que muere y se va, y esto soy yo, máquina pésima fabricada con materiales degradables. La belleza es buena y la risa también lo es. No viviré más que un soplo y así debe ser y no debo desesperarme por esto. Soy un organismo que se reproduce y muere. No hay mucho más. Tal vez las tormentas de los veranos, la soledad tranquila y la inutilidad del amor. No debo usar esta palabra. O lo debo hacer con extrema precaución. Los sapos son buenos y si veo que alguien los maltrata debo intervenir. Cuando la angustia me enloquezca y no me deje vivir yo tendré que luchar y decir mierda, mierda y mierda. Haga esto todas las madrugadas durante el resto de su vida y verá que la nube será una presencia casi imperceptible.&lt;br /&gt;Le dije que haría ese ejercicio y le di la mano. El sapo saltó y se quedó en mi brazo. Me saludó con un ademán de su pata delantera y después de ponerse su sombrero se volatilizó en el aire.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8327896073992417303-8557338648984042809?l=elinmensososa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elinmensososa.blogspot.com/feeds/8557338648984042809/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://elinmensososa.blogspot.com/2012/02/el-ejercicio-de-un-senor-adulto-las.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8327896073992417303/posts/default/8557338648984042809'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8327896073992417303/posts/default/8557338648984042809'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elinmensososa.blogspot.com/2012/02/el-ejercicio-de-un-senor-adulto-las.html' title='El ejercicio de un señor adulto a las tres de la mañana'/><author><name>Patricio El Inmenso</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01397213389065244426</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_SYBcys2_ZZ8/S4Qea6aiVEI/AAAAAAAAABA/IJlQSyPNXTE/S220/sosus.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8327896073992417303.post-6570772773192818053</id><published>2012-02-20T14:38:00.000-08:00</published><updated>2012-02-20T14:39:12.475-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuentos'/><title type='text'>La madurez es un engendro mecánico alimentado a vapor</title><content type='html'>Era ya el mediodía cuando le abrieron la cabeza. Había estado muy mal mucho tiempo y ya se había convertido en una amenaza para todos. Incluso sus tres gatas le tenían miedo y se escondían detrás de las sillas cuando llegaba a casa. Al principio de la peste esto lo entristeció. Porque todavía conservaba un resto de cordura para darse cuenta de lo que pasaba. Con el correr de los meses este resto fue comido por lo que vivía en su cerebro y el mundo visto desde la razón se desmoronó por fin.&lt;br /&gt;El delirio comenzó casi como un juego. La imaginación, el espíritu divertido de su juventud y un grupo de amigos ingeniosos lo potenciaron. Era fácil y casi una aventura estar en medio de la ciudad, sin trabajo, sin novia y con toda la calle abierta e infinita para caminarla una y mil veces. Hubo una mujer en la esquina de un barrio apartado. La sombra de los árboles junto al roce de la boca de la chica bastó para confundir un hecho común con la felicidad. Las vías del tren que ya hacía décadas no funcionaba brillaron en una tarde de invierno. Sentado y masticando chicle de menta sintió que nada del mundo podía dañarlo. Imaginó un futuro de montañas, lagos, nieve y soledad y se dijo que irse muy lejos era lo que no podía dejar de hacer. Quedarse en la ciudad significaba la muerte en vida. No era como los demás. Una belleza secreta le animaba los ojos y nunca dejaría que se apagara. Así pensaba. Los años se pusieron en fila y avanzaron uno a uno. Alrededor las muertes se apilaban en montones grises y entonces algunos conocidos empezaron a enfermar. A una mujer que no llegaba a los treinta años se le pudrieron los brazos. Una mañana se levantó y algo verde en su piel le borró las manos. Dicen que ni siquiera pudo gritar y que se miraba la putrefacción con ojos de niña. Un hombre que había sido reconocido durante los años de la escuela por su destreza deportiva terminó en la cama, flaco y seco como un muñeco. Varios se ahorcaron o balearon. Hubo uno que se tiró desde el único edificio del centro y quedó impreso en sangre sobre la vereda de baldosas blancas. Una mujer que había sido hermosa se mató en la ruta del sur. Iba veloz en el coche cuando un animal se cruzó. Y así con muchos.&lt;br /&gt;A él le dolía la cabeza. Un zumbido profundo en el fondo del cráneo. Una molestia como arena en los ojos y una punzada de dolor de muelas. Estos dolores se fueron yendo de a poco hasta que no estuvieron más. Se tranquilizó. No había sido más que una dolencia pasajera.&lt;br /&gt;Entonces se asomaron los delirios.&lt;br /&gt;Era el mes de julio. Ya había cumplido treinta años. Hacía bromas sobre eso y pensaba en lo que vendría. Sabía que exageraba. Todavía era casi un chico y quedaban mil cosas para hacer. No sentía en la boca el gusto amargo de lo cerrado y concluido. Todavía no. Estaba en la casa de su hermana jugando con Alan, uno de sus sobrinos. Lo levantaba del suelo, le hacía tocar el techo y lo bajaba. Se reían como locos. En el televisor pasaban un capítulo de Tom y Jerry. Algo deforme que sonreía con perversidad ocupó la cara de Alan. Así empezaron las monstruosidades. Crecieron. Se hicieron más frecuentes hasta que un día nunca dejaron de aparecer. Las alucinaciones tenían peso y olor. Eran suaves o ásperas, viscosas y frías. La cara del demonio de su sobrino no se fue jamás y fue mutando a la par del crecimiento del chico. Era una máscara que se pudría sin pausa.&lt;br /&gt;Todas las caras de las personas que amaba se deformaron.&lt;br /&gt;Y no pudo hacer nada. Tuvo que tolerar lo que veía y tratar de seguir entre los hábitos de los días. Luchó muy duramente. No hubo nada que fuera pequeño o poco importante. Tomar mate y caminar por la calle eran una epopeya, un combate tremendo poblado de sangre y fuego. Trabajar a diario, temprano a la mañana y hasta la tarde, terminó por ser un descenso infernal donde los reyes de la muerte y el espanto lo esperaban con ansiedad. Vio monstruos donde sabía que había gente humana. Una noche de agosto estaba acostado en la cama y mirando el techo cuando un mundo de indescriptibles abominaciones llenó su habitación. No eran reales. Pero ahí estaban. Los insectos del delirio aterrorizaron sus noches. Se materializaban en las paredes en enjambres oscuros, bajaban hasta donde él estaba y se metían debajo de la piel. Empujaban en las venas y nadaban en su sangre. Llegaban hasta el corazón y hacían nidos para poner sus huevos.&lt;br /&gt;Así todas las noches.&lt;br /&gt;Perdió peso. Se quedó calvo en semanas. Se encorvó. Los huesos de las articulaciones ya no tenían líquido y cuando se movían causaban un sufrimiento inaguantable. El ojo izquierdo latía. Se hinchó y se derramó. Quedó ciego. El ojo derecho miraba con desesperación. En su casa de soltero la demencia fue total.&lt;br /&gt;Tuvo que dejar de trabajar. Yo no pudo caminar por la calle. Hasta los objetos inanimados eran engendros que se desplazaban por las veredas. En una de sus últimas salidas vio un curioso artefacto que era una cafetera y una tostadora con patas de cobre. Corría y hacía un ruido de locomotora en miniatura. Por un tubo delgado manchado de ceniza salía vapor. El aparato chocó contra su pierna, se volcó sobre el costado y quedó patas arriba. Movía sus pequeñas extremidades de cobre con furia hasta que se fue quedando quieto poco a poco. El vapor dejó de salir del tubo manchado y el aparato murió en un estertor.&lt;br /&gt;Ya no aguantó.&lt;br /&gt;Lo llevaron entre cinco hombres. Lo pusieron en una camilla blanda. Una luz verde le quemó la cara.&lt;br /&gt;Entonces le abrieron la cabeza. Buscaron. Era el mediodía y todavía no habían comido. Dijeron que en el fondo se movía una cosa. La sacaron. Un engendro mecánico hecho de ruedas, tubos, engranajes y cables negros chillaba. Lo tiraron al suelo y lo pisaron. Cerraron la cabeza y la sujetaron con grampas de acero quirúrgico. Se liberaron de las máscaras y los guantes y salieron contentos hacia el comedor.&lt;br /&gt;-Qué bueno está para un café con tostados con queso- dijo el más viejo.&lt;br /&gt;En la camilla blanda el cuerpo inmóvil de un hombre maduro se enfriaba lentamente.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8327896073992417303-6570772773192818053?l=elinmensososa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elinmensososa.blogspot.com/feeds/6570772773192818053/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://elinmensososa.blogspot.com/2012/02/la-madurez-es-un-engendro-mecanico.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8327896073992417303/posts/default/6570772773192818053'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8327896073992417303/posts/default/6570772773192818053'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elinmensososa.blogspot.com/2012/02/la-madurez-es-un-engendro-mecanico.html' title='La madurez es un engendro mecánico alimentado a vapor'/><author><name>Patricio El Inmenso</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01397213389065244426</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_SYBcys2_ZZ8/S4Qea6aiVEI/AAAAAAAAABA/IJlQSyPNXTE/S220/sosus.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8327896073992417303.post-1796144298728512235</id><published>2012-02-20T14:36:00.000-08:00</published><updated>2012-02-20T14:38:04.735-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuentos'/><title type='text'>Roto, apenado por una chica de piernas largas y aferrando un calzoncillo perfumado</title><content type='html'>Dejó la basura en la calle y se metió en la casa para ver un video de Metallica. Hacía frío, la casa estaba sucia y el aire apestaba a mierda de gato. En el barrio la noche cubrió los techos de chapa y los adormeció despacio. Un perro negro y flaco que siempre husmeaba por las cercanías olió la basura. Se crispó. Sacó una lengua rosa y caminó, muy cauto. Con los dientes desgarró la bolsa de plástico, revolvió, buscó y por fin comió una buena comida luego de varios días sin probar bocado. Alrededor quedaron los restos de la porquería, adornando la vereda y la noche de febrero. Una lata de atún que todavía conservaba su tapa a medio abrir cayó al suelo y sonó con una nota cristalina.&lt;br /&gt;El hombre escuchó desde la casa. Se paró, fue hasta la puerta y la abrió con violencia.&lt;br /&gt;-Perro y la puta que te parió- gritó.&lt;br /&gt;Agarró el palo que siempre dejaba apoyado al lado de la entrada y avanzó hasta la vereda.&lt;br /&gt;Un garrotazo certero hundió la espalda flaca del animal. Un aullido de dolor quebró la calma de la noche. Se levantó una persiana, se abrieron cortinas y se asomaron ojos curiosos.&lt;br /&gt;-¿Quién anda ahí?- preguntó un vecino.&lt;br /&gt;El hombre no podía más con su furia y su rabia.&lt;br /&gt;-¿Por qué no se van un poquito a la mismísima mierda?- dijo.&lt;br /&gt;Persianas y cortinas se cerraron. Los ojos curiosos desaparecieron.&lt;br /&gt;La basura estaba tirada por toda la vereda. Era una imagen desoladora que angustió al hombre y lo hizo pensar en que la vida resultaba una miseria. Pensó en cómo haría para seguir, en qué le traerían los días venideros y en qué podía pasar el tiempo ahora que no tenía nada para hacer. Pensó que hacerse viejo era una cosa muy desagradable. Todo se vuelve blanco, pequeño, lánguido y sucio. El cuerpo no sabe hacer otra cosa más que doler. Las muelas machacan un sufrimiento afilado todas las noches y siempre se siente frío. Los amigos se murieron. La mujer se ha muerto también y sólo queda uno en medio de un mar extraño donde siempre está oscuro. Además las cosas que a uno le gustaban se vuelven fastidiosas y ridículas. Un viejo no puede salir a correr por el campo para que sus piernas pálidas horroricen a los demás. Debe quedarse en su casa, jugando solo al ajedrez o sentado en una silla mientras toma mate amargo con una cáscara de naranja en la yerba. Yo soy viejo desde hace muy poco. La vejez me cayó desde el cielo como si fuera un piano. No me acostumbro. Y la odio. De adolescente mi música preferida fue el heavy metal. Lo amaba. Y como era muy corpulento siempre me metía en los pogos y hacía desastres. Ahora apenas si puedo caminar. ¿Cuánto hace que se murieron los de Metallica? Parece mentira. Veinte años ya. Y en este video se comían al mundo. Qué fuerte y rápido sonaban. Ese perro de mierda me las va a pagar. Le voy a poner un plato con carne y vidrio molido.&lt;br /&gt;El hombre se sienta en su silla. Se acomoda para disfrutar del viejo recital de Metallica y se saca las zapatillas para estar más a gusto. Una sombra pasa por la calle.&lt;br /&gt;Y entonces el hombre la ve.&lt;br /&gt;Es una mujer que va caminando con lentitud por la vereda. Es alta, de pelo largo y negro y de piernas increíbles. La pollera corta que lleva deja ver una belleza potente y cruel.&lt;br /&gt;-Estoy soñando. A esta hora y en este barrio mugroso- dice el hombre. O está loca o es una puta.&lt;br /&gt;Se levanta. Va hasta la ventana y pega su cara contra el cristal frío. El aliento deja una nube gris sobre el vidrio.&lt;br /&gt;La mujer camina. Es una diosa en medio de la noche. Camina y esquiva la basura esparcida en la vereda. Camina y se va como si flotara hasta doblar una esquina.&lt;br /&gt;-Es hermosa- murmura el hombre.&lt;br /&gt;Y toda su vida le cae con brutalidad sobre la cabeza.&lt;br /&gt;Sus padres, su casa de infancia y sus gatos, la bicicleta azul que le regaron para reyes, un campo enorme que huele a verano, la cara de una chica que amó, las risas de tres amigos entrañables, el gusto de una comida olvidada, el sol de una mañana en que fue feliz y la melodía de una canción que escuchó por primera vez en un tren nocturno.&lt;br /&gt;El brazo se le duerme y empieza a sudar. Un golpe seco le taladra el pecho. El hombre cae al suelo, despatarrado y con los ojos muy abiertos.&lt;br /&gt;Un calzoncillo que lavó ayer aparece debajo de la mesa. El hombre lo toma con su mano derecha y lo aferra con desesperación. El calzoncillo está limpio y perfumado con el suavizante de vainilla que el hombre siempre usa.&lt;br /&gt;En el televisor James Hetfield le dice a una multitud alegre que esa noche será inolvidable. Detrás de una batería roja Lars Ulrich grita y agita los puños. La gente está alegre.&lt;br /&gt;El hombre piensa en las piernas de la mujer. El dolor del pecho lo ha inmovilizado. Una opresión de hierro le aprieta todo el cuerpo.&lt;br /&gt;El infarto golpea tres veces y el hombre muere solo, roto, apenado por una chica de piernas largas y aferrando a un calzoncillo perfumado.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8327896073992417303-1796144298728512235?l=elinmensososa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elinmensososa.blogspot.com/feeds/1796144298728512235/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://elinmensososa.blogspot.com/2012/02/roto-apenado-por-una-chica-de-piernas.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8327896073992417303/posts/default/1796144298728512235'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8327896073992417303/posts/default/1796144298728512235'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elinmensososa.blogspot.com/2012/02/roto-apenado-por-una-chica-de-piernas.html' title='Roto, apenado por una chica de piernas largas y aferrando un calzoncillo perfumado'/><author><name>Patricio El Inmenso</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01397213389065244426</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_SYBcys2_ZZ8/S4Qea6aiVEI/AAAAAAAAABA/IJlQSyPNXTE/S220/sosus.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8327896073992417303.post-1380492684073885615</id><published>2012-02-08T21:05:00.000-08:00</published><updated>2012-02-08T21:06:40.514-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuentos'/><title type='text'>La destrucción de los bonsáis</title><content type='html'>A Paulo y Natalia&lt;br /&gt;Hacía años que no soñaba con Ameghino. Desperté sobresaltado. En el baño me lavé la cara con mucha agua y me miré en el espejo. Quería saber si era yo todavía. En el sueño me habían matado. Me toqué los brazos y la boca. El agua fría me dolió en los dientes. Era yo. Me preparé un café con leche, abrí un paquete de criollitas, corrí las cortinas y miré por la ventana. La mañana de enero se movía entre los árboles. Un sol caliente y rojo brillaba detrás de un cúmulo de nubes oscuras. Un gato negro pasó corriendo por la calle. Lo seguían dos perros flacos de hocicos afilados. En la cabeza sentía una pesadez molesta. Pensé en las cosas que tenía que hacer en la ciudad y la pesadez se convirtió en dolor. Tomé el café con leche en tres sorbos largos y me sentí un poco mejor. La voz de tía Angélica era suave en el sueño.&lt;br /&gt;Soy un hombre adulto.  Vivo en capital y trabajo en un complejo deportivo que está en un barrio importante. Limpio las canchas de tenis, me ocupo del estacionamiento, mantengo en orden los baños y a veces trato con los clientes. No puedo quejarme porque es un trabajo liviano. Pero son muchas las horas que paso en un mismo lugar y a veces quisiera tener un día entero para mí, para salir a caminar por parque centenario a ver los puestos de libros, para ir al botánico y charlar con los gatos o simplemente pasarme el día acostado en la cama y fumando, con el cenicero en el pecho. Los jefes son muy estrictos y no creen que un día de franco sea beneficioso. Sin embargo, los martes a la mañana tengo libre. A las tres ya entro a trabajar. De modo que me he organizado para que los martes a la mañana sea el día de la limpieza. Me levanto a las nueve, desayuno algo y me pongo a limpiar. Como no puedo salir a caminar el tiempo que se me ocurra me las arreglé para que los martes a la mañana sea mi espacio de ocio. Limpio, sí, pero es un acto donde pongo lo más importante de mi vida. No se trata solamente de tener una escoba en las manos y barrer de manera mecánica. No se trata de pasar un trapo con lavandina por la mesada de la cocina para quitar la suciedad. Es otra cosa bien distinta. Algo serio que demanda concentración y cuidado. Es parecido a tener un bonsái. Hay que tratarlo con afecto, recortar sus ramas con precisión, regarlo, ubicarlo en las partes de la casa donde la luz llega con la intensidad justa y vigilar su estado de salud a diario. Digo esta comparación porque tengo seis bonsáis en casa. Uno más lindo que el otro. Cuando la limpieza de casa termina me ocupo de ellos con plenitud. Haciendo estas cosas es cuando me siento mejor. Podría decir sin exagerar que me siento realizado.  &lt;br /&gt;Lo primero que se debe hacer es abrir puertas y ventanas. Todas las que haya en la casa. El aire entra y limpia el ambiente quitando las cargas viciadas que se juntaron en la noche. Es fundamental hacer esto bien temprano, porque pasadas las diez de la mañana el aire cambia y no es tan eficaz para borrar pestes diversas. Luego hay que barrer. Hay que hacerlo como quien ejecuta un solo de violín en una sinfónica cuyo director también es un asesino. Con método, perfección, talento y emoción. La escoba se transforma en un arco de sensibilidad extrema en nuestras manos. La suciedad, el polvo, los insectos muertos y los restos de cigarrillos se van agrupando en una danza estética que le da sentido a ese momento. El cuerpo se mueve junto a la cadencia de la escoba para que la casa no sólo quede impecable sino que también se pueda nutrir de ese acto sublime para sanear su espíritu. Porque las casas, al igual que las personas que las habitan, tienen alma. Una vez barrido el suelo se pasa un trapo humedecido en desodorante y agua. La fragancia unida al despertar del día llena la casa de buenas vibraciones. Los pequeños monstruos de la mugre y el desorden huyen a las sombras. Uno se siente más humano. Yo me siento menos solo y puedo soñar con una mujer que amo en secreto. Trabaja en un puesto de panchos frente al complejo y la veo todos los días. Es morocha, con el pelo enrulado. Tiene la cara redonda y los ojos grandes. Se llama Marcela y tiene un hijo de seis años que a veces está con ella y corre entre los demás puestos. Los domingos son mortales para mí porque Marcela no trabaja. Son muy pocos los puesteros que vienen con sus carros y se quedan hasta tarde para vender lo que quedó del sábado. Yo siento que Marcela es como una planta chiquita, parecida a los bonsáis. Hay que tener cuidado con ella, ser amable y prestarle mucha atención. Nunca le diré nada. Soy muy tímido. Pero sueño con ella casi todas las noches.&lt;br /&gt;Pero hoy amanecí impresionado. No soñé con Marcela. Soñé con Ameghino. Es martes. Son las diez de la mañana y no he abierto ninguna puerta y ninguna ventana. Estoy sentado en la cocina, con el mate en la mano y la mente muy lejos. Una sombra extraña me cubre entero. Hay olores viejos en el aire. Caramelo. Manzana dulce. Papas fritas. Olor a tierra mojada. Y más presente que estos olores, muy fuerte, está el de la ruda. Y también siento ruidos. Sonidos que hacía mucho tiempo no escuchaba y creía muertos. La sirena de un autobomba quebrando el aire. El destello rojo de la luz que gira velozmente y rodea de sangre eléctrica las caras de los curiosos. El perfume del jazmín entre las calles silenciosas.&lt;br /&gt;Es mi pueblo. Mi pueblo hace veinte años. Es Ameghino y es verano. &lt;br /&gt;En el sueño mi pueblo aparece lleno de árboles. Son muy altos, crecen en los patios de las casas y cubren los barrios con sombras frescas. El verano comenzó antes de lo previsto y el calor es tan intenso que durante las noches la gente se mete en piletas, lagunas y parques. Los camiones regadores pasan todo el día para aplacar la temperatura. Los chicos corren detrás, gritando, saltando y con el agua en sus cuerpos flacos.  Estoy mirando un sapo. Es verde y tiene ojos blancos. Ha salido de un caño roto y está ahí, quieto y respirando con paciencia. Como ocurre en los sueños, tengo la certeza de que ese sapo es un amigo. Una vecina que sabe hacer magia negra lo ha convertido en bicho. Esto desaparece. Corro detrás de un grupo de personas que caminan por la calle. Hay un sonido fuerte que vibra en mi pecho. Me acerco. Un hombre gordo golpea con un mazo un bombo gigantesco. Veo que decenas de músicos van tocando tambores y otros soplando trompetas desafinadas. La música es áspera, cruda y potente. Uno de los músicos lleva su brazo derecho levantado y hace una seña a los demás. Es el director de la comparsa. Hay un estrépito que revienta al unísono. Me cubro los oídos con las manos. Estoy en mi casa de infancia. Mi tía Angélica me reta por algo que hice. El calor es insoportable y desde el cielo se empiezan a escuchar truenos graves y crujientes. Mi casa de infancia es tan real que me da miedo. Hay plantas en todos lados y en la mesa de la cocina el mantel a cuadros blancos y rojos se agita con el viento naciente que trae la tormenta.&lt;br /&gt;-¿No te vas a preparar para esta noche?- pregunta mi tía.&lt;br /&gt;-Tengo que hacerle los ojos a la máscara y conseguir un cinto para la pollera- le digo.&lt;br /&gt;Mi tía Angélica me mira. En su cara arrugada y severa la ternura se deforma. Pero yo sé que es la persona que más me amó en la vida. Mamá murió cuando yo era muy pequeño. Papá se fue después y no regresó nunca. La tía se ríe de mi seriedad de niño y me pide que vaya hasta la bomba y le traiga la palangana con agua para poner las ciruelas.&lt;br /&gt;En el patio hay una silueta oscura. Se acerca. Lleva en la cara una especie de piel muerta que huele a podrido. Es un demonio. Se acerca más y sé que es una mascarita de carnaval. Levanta su brazo y descarga sobre mi cabeza un garrote hecho con una media llena de arena mojada.&lt;br /&gt;Me muero. Siento un frío que me arranca del mundo y me lleva muy lejos.&lt;br /&gt;Y entonces me despierto.&lt;br /&gt;Estoy en casa. Tengo treinta y ocho años. Tía Angélica murió hace mucho. ¿Cuándo fue la última vez que pensé en ella? Me parece sentir el perfume del jazmín entre los dedos. Una emoción antigua me sacude la sangre. Mientras me hago un café con leche juro que no olvidaré ninguna cosa de mi infancia, cosas como las ciruelas que juntábamos con tía Angélica en la palangana repleta de agua helada, los ruidos de la tarde cuando se dormía la siesta, los camiones de los bomberos y las mascaritas.&lt;br /&gt;Las mascaritas.&lt;br /&gt;¿Cómo explicar el terror que siente un hombre adulto? No el terror a la enfermedad o el desastre económico. No. El terror viejo y puro que se siente de niño ante los monstruos. Y en mi pueblo, cuando llegaban los corsos, todos los chicos sentíamos terror. Era el tiempo de las mascaritas.&lt;br /&gt;Uno de los bonsáis ha perdido una rama. Me da mucha bronca. Los he cuidado como se debe pero aun así la desintegración los ha tocado. Espero que no sea el inicio de algo mayor.&lt;br /&gt;Hoy fue un día muy complicado en el trabajo. Una señora llegó de mal humor, estuvo en el bar tomando whisky, despotricando contra el gobierno y quejándose de todo. Pretendió jugar un buen partido de tenis en ese estado. Yo estaba al costado de la cancha alcanzando las pelotas. En un momento la mujer intentó devolver un saque veloz, corrió, se le enredaron los pies y cayó con fuerza sobre el piso de ladrillo. Se cortó arriba de una ceja y se lastimó la boca. Desde el suelo, enojada y feroz, me decía de todo menos bonito. Yo agaché la cabeza. No dije nada. La llevé hasta los vestuarios para que se repusiera.  &lt;br /&gt;Llegué a casa mal. Con los nervios hechos un desastre. Y ahora el bonsái con su rama muerta.&lt;br /&gt;Es demasiado.&lt;br /&gt;En esa época Ameghino no era cabeza de partido. Pertenecía a General Pinto junto con otras localidades pequeñas. No había una sola calle pavimentada. El basural estaba a dos cuadras del centro. Las cloacas eran un sueño y los vecinos se conocían entre sí  como a la palma de sus manos. Incluso un poco mejor. Recuerdo una frase que se repetía a menudo: si te tirás un pedo en este pueblo se enteran todos. Esto lo digo hoy gracias al sueño. Trajo parte del pasado en sus imágenes. De no ser por el sueño mi pueblo natal se hubiese ido borrando cada vez más hasta por fin desparecer. No volví más después de haberme venido a vivir a capital. Cuando la tía Angélica murió sus parientes aparecieron y tiraron la casa para lotear el terreno. Yo tenía trece años. Me llevaron a un internado en Burzaco y estuve ahí hasta que terminé de estudiar. No tengo buenos recuerdos de aquellos años. &lt;br /&gt;El sueño ha traído de regreso un tiempo que creí muerto y sepultado. No sé cómo estará hoy el pueblo, ni tampoco sé si ya es una ciudad grande con avenidas pavimentadas y cajeros automáticos en el centro. Mi Ameghino no ha cambiado. Es un pueblo de provincia en el medio de la pampa, en verano, con tormentas enormes y ciruelos altísimos. Es un pueblo de pocos habitantes y muchos conflictos. Es un pueblo que espera el verano para festejar el carnaval. Pero nadie usa esta palabra. Porque en Ameghino y en los pueblos vecinos se festejan los corsos.&lt;br /&gt;Hoy fue un día tranquilo en el trabajo. Estuve escuchando las confidencias de un hombre joven en el bar. Estaba agitado. Tenía el temblor típico de los alcohólicos y sonreía en todo momento.&lt;br /&gt;Otra rama. Esta vez de otro bonsái. La envolví en un papel de diarios y la tiré al tacho. Algo está matando a mis arbolitos. He buscado bichos, hormigas, cucarachas y hasta ratas. Pero soy pulcro. Mi casa es un lugar limpio. No sé qué está pasando.&lt;br /&gt;Esa tarde me encerré en el galpón que estaba en el patio, debajo del inmenso nogal que tía Angélica quería tanto. Estuve un buen rato con la bolsa de tela, tratando de hacerle dos ojos redondos por donde poder ver sin problemas. Los ojos no debían ser grandes porque si no se corría el riesgo de que algún vecino te reconociera. De modo que usé unas tijeras filosas y dos botones como molde. Después pinté con témpera una boca enorme y deforme y con color amarillo dibujé estrellas en los costados. La máscara quedó genial. Fui corriendo a casa y se la mostré a mi tía, que estaba preparando una pava de agua caliente  para los mates de la tarde.&lt;br /&gt;-La verdad es que da miedo-dijo. Me hace acordar a la cara del brujo Pelado.&lt;br /&gt;-¿Quién, tía?&lt;br /&gt;- Un hombre muy malo que vivía frente a esta casa cuando yo era chica. Tenía poderes y los usaba para hacer daño. Una vez a un amigo de tu papá le tocó la cabeza mientras murmuraba algo. Al poco tiempo este hombre se ahorcó. Dicen que estaba maldito por el brujo Pelado. Yo lo conocí cuando era ya muy viejito. Apenas si podía caminar. Era un viejo con toda la cabeza pelada y con manchas rojas. &lt;br /&gt;-¿Y su cara se parece a esta máscara que hice?&lt;br /&gt;-Es igual. Tené cuidado.&lt;br /&gt;Así era la tía. Me contaba historias terribles para darme miedo porque sabía que a mí me encantaba.&lt;br /&gt;-Vení, sentate que vamos a tomar mate dulce y mirar la gente que ya va yendo para el corso.&lt;br /&gt;Tomamos mate. Miramos la gente que pasaba. El cielo oscureció. El sol se ocultó entero detrás de la tierra y la noche se adueñó del mundo.&lt;br /&gt;-Me voy al corso tía. Tengo que pasar a buscar a un amigo.&lt;br /&gt;-¿Con quién vas? &lt;br /&gt;-Con el hijo de la gorda sucia.&lt;br /&gt;-Ya sabés que no me gusta que le digás así a la señora Molina. Bueno. Lavate la cara y esperame en el baño que te ayudo a disfrazarte. Esta noche te dejo ir solo porque es la primera y nunca pasa nada, pero mañana vas conmigo. Va a estar lleno de borrachos.&lt;br /&gt;-Listo, tía.&lt;br /&gt;Aquella noche fue espantosa.&lt;br /&gt;¿Cómo pude olvidarme?&lt;br /&gt;Llegué con mi amigo. Los dos alegres y disfrazados. Hacíamos ruidos grotescos con nuestras voces. Saludábamos a la gente con gestos maleducados y corríamos a los más chicos. Se morían del susto. Éramos dos mascaritas de corso en la noche. Creíamos que el juego no tenía peligro alguno y por eso nos comportamos con tanta libertad. La gente llenaba el centro. La avenida de tierra había sido invadida por una multitud de familias. Por el medio de la calle pasaban las carrozas y los carros de las reinas. Las carrozas eran gigantes, hechas en papel, alambre y engrudo. Representaban personajes de la televisión, la política y hasta vecinos muy conocidos en el pueblo. Algunas tenían luces y sonido. De altavoces viejos salía música estridente y aguda. La gente las miraba. Los chicos le tiraban agua y nieve. &lt;br /&gt;-No le tirés nieve que se rompen, nene- decían los entendidos.&lt;br /&gt;La nieve en aerosol era una locura. Los chicos se mataban por tener varios tarros. Era una especie de nieve amarillenta, ácida y fría. Si se la echaba en los ojos el sufrimiento era inmediato y filoso. La vista ardía sin parar y los ojos quedaban enrojecidos e hinchados. En ese entonces había dos marcas de nieve en aerosol. El Rey Momo, con un dibujo de un mono sonriente en la etiqueta, y Cosminieve, más grande y con la etiqueta amarilla. Se comentaba que en los barrios del norte se fabricaba una nieve casera, sin etiqueta y de efectos espeluznantes.&lt;br /&gt;Un Ford Falcon azul, nuevo y brillante, iba lento por la calle. Arriba, en el techo, iba una chica hermosa. Se agarraba muy fuerte con sus manos a un palo  para evitar caerse. Saludaba con la cabeza. &lt;br /&gt;-Es preciosa-dije&lt;br /&gt;-Tiene que ganar seguro- dijo mi amigo. Las demás reinas no son tan lindas.&lt;br /&gt;Un grupo de mascaritas le hacían reverencias. Un hombre grande y despeinado le gritaba como loco y le tiraba besos. Decía que se iba a matar por ella y lloraba. Estaba manchado de vino y caminaba a los saltos. &lt;br /&gt;-Vamos hasta el final y volvemos por la plaza- dije.&lt;br /&gt;Y salimos.&lt;br /&gt;Nunca llegamos a la última esquina del corso. En la cuadra del municipio nos pararon seis mascaritas. No eran como nosotros. Eran mascaritas de verdad. Olían fuerte. Usaban polleras estampadas con flores y en sus manos sostenían machetes.&lt;br /&gt;Nos rodearon. Un machetazo preciso golpeó a mi amigo en la frente. Lo desmayó. Los machetes eran medias largas, de lana y rellenas con arena, tierra o frutas sin madurar. En manos expertas resultaban armas letales. Las mascaritas me cercaron. Una de ellas se adelantó y me tocó la cara.&lt;br /&gt;-Está todo cagado, hermanos, hay que darle azote y rajar- dijo con voz chillona.&lt;br /&gt;Me castigaron duro un buen rato. No lloré ni grité. Caí al piso y me hice un ovillo. Hoy me asombra el hecho de que algunas personas pasaron por ahí y vieron la golpiza. Pasaron caminando, miraron y siguieron. Aquello era parte del corso, una travesura de niños común y esperada. Mi amigo desmayado en el suelo no significaba algo extraordinario. Eran corsos violentos donde el alcohol y el éxtasis reinaban. Se sabía, se aceptaba y se lo vivía con naturalidad.&lt;br /&gt;Después de descargar sus machetes sobre mí las mascaritas se fueron, corriendo entre las sombras. Me dolía todo el cuerpo y empecé a llorar en silencio. Agarré a mi amigo de un brazo y lo arrastré hasta un terreno baldío donde se repuso. Volvimos muy tarde, golpeados y aterrorizados, junto a las familias que regresaban por la avenida pateando los tarros vacíos de nieve.&lt;br /&gt;Así trabajan los sueños. Te sorprenden una noche. Te obligan a recordar tiempos perdidos y abren en el corazón grietas por donde se filtra la angustia.&lt;br /&gt;En los corsos de los pueblos, en el pasado, la violencia se ponía máscaras y olía a ruda, a nieve ácida y tierra salvaje. Los niños dejaban caer las caras de la inocencia, se ponían máscaras temibles y daban golpes brutales con garrotes fabricados en familia.&lt;br /&gt; Poco después de esa noche los acontecimientos se precipitaron. Tía Angélica cayó en cama y aparecieron los parientes. Ingresé en el internado y mi pueblo comenzó a desdibujarse.&lt;br /&gt;Hoy he visto un carro tirado por tres caballos. Lo vi en el rosedal. Una mujer rubia llevaba a una niña. Iban sentadas, comiendo garrapiñadas y mirando la calle. Los caballos estaban adornados con monturas brillantes. Estos carros hacen un recorrido por las avenidas. Los turistas los ven y no dudan en subirse. &lt;br /&gt;Recordé el carro del corso. Un caballo famélico lo tiraba. El andar del animal daba pena. En el carro iban hombres vestidos de mujer, gritando, moviendo sus cuerpos con ritmos obscenos y arrojando orina humana a la gente.&lt;br /&gt;Y la gente reía.&lt;br /&gt;Tres de mis seis bonsáis están resecos. Llegué a casa al atardecer y cuando fui con la jarra de lata para regarlos noté que estaban mustios y grises.&lt;br /&gt;Algo nocivo los ha atacado y no puedo hacer nada.&lt;br /&gt;Es una destrucción extraña.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8327896073992417303-1380492684073885615?l=elinmensososa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elinmensososa.blogspot.com/feeds/1380492684073885615/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://elinmensososa.blogspot.com/2012/02/la-destruccion-de-los-bonsais.html#comment-form' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8327896073992417303/posts/default/1380492684073885615'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8327896073992417303/posts/default/1380492684073885615'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elinmensososa.blogspot.com/2012/02/la-destruccion-de-los-bonsais.html' title='La destrucción de los bonsáis'/><author><name>Patricio El Inmenso</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01397213389065244426</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_SYBcys2_ZZ8/S4Qea6aiVEI/AAAAAAAAABA/IJlQSyPNXTE/S220/sosus.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8327896073992417303.post-4749131041832043603</id><published>2012-02-06T10:08:00.000-08:00</published><updated>2012-02-06T10:09:22.320-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuentos'/><title type='text'>El baile de las burbujas</title><content type='html'>El monstruo sonrió. Agitó sus manos de reptil. Abrió su boca mínima y eructó.&lt;br /&gt;El suelo recién lavado parecía un campo de batalla. La gaseosa color petróleo manchó la mesa y los cubiertos. Un pañal rebosante de materia inmunda presidía la reunión.&lt;br /&gt;Todo se transformó en un caos de comida regurgitada, líquidos derramados y voces irritadas.&lt;br /&gt;Y el monstruo sólo sonreía.&lt;br /&gt;El padre trató de enmendar la situación. Ensayó un gesto de aquí no pasa nada y guiñó un ojo cómplice.&lt;br /&gt;El dueño de casa permaneció serio. Su cara de culo era ya superlativa. Una máscara de fastidio infinito que decía prefiero estar en Kosovo antes de tratar con engendros semejantes. Pero de su garganta brotaron palabras bien diferentes. Verbos y sustantivos untados con el guiso diario de la necesaria hipocresía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No importa chicos, son cosas que pasan. Los niños son así y uno no debe ponerse de mal humor cuando rompen cualquier cosa o hacen un desastre. Debemos ser comprensivos con los pequeños. Ellos son el único motivo de felicidad para nosotros- ¿Qué seríamos sin estos adorados chiquitos? Además están invitados. La cortesía es una obligación. ¿Acaso no somos parejas amigas y muy modernas? El hecho de que nosotros no tengamos hijos no impide que comprendamos semejante felicidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras decía esto el otro monstruo (más pequeño, con garras afiladas y una boca que tenía un solo diente terrible cual abrelatas) se le aferró a la pierna, la apretó con saña de terrorista, la saboreó con su lengua de sierpe y en un violentísimo mordiscón la desgarró como sólo los decapitadores consumados pueden hacerlo.&lt;br /&gt;El dueño de casa quedó perplejo. Estupefacto. Patidifuso. Mudo y quieto como una ostra fosilizada. Algo inesperado. La marca de Caín. La mordedura de la bestia que abrirá el abismo del anticristo.&lt;br /&gt;El hombre hizo lo imposible para no gritar. Trató de contener dentro de su pecho el espantoso sufrimiento que lo apretaba en demencia.&lt;br /&gt;En ese vértigo pensó lo que sigue: “el matrimonio es el cementerio de las secretas injurias enterradas. La muerte del placer y la verdad que rompe el cuerpo del poseído por el amor”.&lt;br /&gt;Este pensamiento un tanto extremo duró lo que un pedo en el aire. El padecimiento de la pierna atacada ya había alcanzado la categoría de suplicio.&lt;br /&gt;El dueño de casa miró a su mujer, como buscando un asidero y una fuerza querida. Pero lo que encontró fue la mueca deformada de la risa.&lt;br /&gt;Entonces ocurrió.&lt;br /&gt;El hombre contuvo la respiración. Dejó que en su sangre se acumularan el odio básico y la bronca inaudita. Mordió con fuerza hasta que los dientes reventaron. Las venas todas de su cuerpo en tensión máxima se crisparon en espasmos descomunales. Cada uno de sus huesos se puso todavía más rígido. Los músculos se hincharon.&lt;br /&gt;Una patada voladora emergió como el fuego del infierno.&lt;br /&gt;La pierna del hombre le dio de lleno al monstruo en su cara satisfecha.&lt;br /&gt;El crujido de los minúsculos huesos del niño sonó en la cocina como un trueno apocalíptico.&lt;br /&gt;El chico quedó tendido sobre el suelo, muerto y sin cabeza.&lt;br /&gt;El dueño de casa miró la escena. Sudaba y respiraba con dificultad.&lt;br /&gt;Habló.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Bueno… en estas circunstancias inesperadas por todos nosotros debemos ser cautelosos y no agraviar a nadie. Creo que pensando con calma podremos entendernos y comprender los problemas de la vida doméstica. De más está decir que mi intención jamás fue masacrar al niño. Como padre entiendo el dolor de ustedes. Pero no es tan grave, como cualquiera podría imaginar. En un rato estaremos todos sentados a la mesa, comiendo pollo arrollado, hablando de dinero y bebiendo coca cola.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El dueño de casa abrió sus brazos. Parecía un cristo moderno.&lt;br /&gt;Los padres del niño asesinado sonrieron y se abrazaron como dos actores maquillados con grasa nazi y urbana hasta lo impresionante.&lt;br /&gt;La mujer era joven y feliz. El hombre era joven y trabajador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No importa- dijeron a coro y sosteniendo la mágica sonrisa cinematográfica-. Tenemos otro hijito. Con él reemplazaremos el amor del que acaba de morir como un perro. ¿No tienen pan de salvado? El común nos produce gases de la puta madre que nos parió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El dueño de casa se limpió el zapato manchado de sangre infantil.&lt;br /&gt;Se acercó hasta donde estaba su esposa. La rodeó con el brazo y la besó en la mejilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Por supuesto que tenemos pan de salvado. ¿Qué clase de familia seríamos si no lo tuviéramos?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las burbujas de la coca cola ascienden hasta el borde de los vasos.&lt;br /&gt;Es un baile hermoso el que hacen.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8327896073992417303-4749131041832043603?l=elinmensososa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elinmensososa.blogspot.com/feeds/4749131041832043603/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://elinmensososa.blogspot.com/2012/02/el-baile-de-las-burbujas.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8327896073992417303/posts/default/4749131041832043603'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8327896073992417303/posts/default/4749131041832043603'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elinmensososa.blogspot.com/2012/02/el-baile-de-las-burbujas.html' title='El baile de las burbujas'/><author><name>Patricio El Inmenso</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01397213389065244426</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_SYBcys2_ZZ8/S4Qea6aiVEI/AAAAAAAAABA/IJlQSyPNXTE/S220/sosus.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8327896073992417303.post-4288701083846169941</id><published>2012-01-29T12:17:00.000-08:00</published><updated>2012-01-29T12:18:33.902-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuentos'/><title type='text'>La muerte de Cachiporra y el profundo retrete</title><content type='html'>El solo de batería sonó hasta que las venas del cerebro se reventaron de vértigo.&lt;br /&gt;Entre el humo rancio del tabaco podrido hubo una vieja cara extraviada por vejez y ese cansancio típico del alba. Cuando el cuerpo es una parte gastada de la tierra. Una miseria que cruje como la madera del piso que hace años no se barre ni limpia.&lt;br /&gt;Después arremetió una trompeta lenta pero brutal. Fue una llama de fuego sónico que partió la pared del baño donde Cachiporra estaba invocando a los demonios del onanismo con su habitual marasmo y asombro.&lt;br /&gt;El clarinete puso un toque de agua calma en todo ese caos arquitectónico. Las escobillas frotadas contra el parche relajaron la tormenta anterior. El piano tocó una música profunda. Una especie de lamentación grave pero no libre de alegría y belleza.&lt;br /&gt;Cachiporra sudaba en su frenético trajín masturbatorio. Se empeñaba el pobre en seguir el ritmo de la improvisación que el viejo radiograbador Philco escupía con dificultad. Aquello era el remedo del sonido. Una parodia crepuscular electrónica. El ronquido áspero del aparato decadente que Cachiporra idolatraba como a un dios del progreso tecnológico.&lt;br /&gt;Por fin el placer asomó su trompa pícara. El vientre estalló en colores alucinantes. La piel se curvó en un ángulo extraño y el orgasmo penetrante lo sacudió.&lt;br /&gt;Sentado en el inodoro prehistórico, con el gesto imbécil del máximo goce y todo sucio Cachiporra suspiró.&lt;br /&gt;Un trombón a vara irrumpió en un solo descomunal. Las notas se sucedieron con la rapidez de la demencia. Arriba con saña hasta romper los labios. Abajo otra vez hacia los timbres cavernosos de la sombría locura. Arriba nuevamente hasta quebrar los dientes y torturar el brazo del músico ya convulso por el movimiento veloz.&lt;br /&gt;El jazz era una fuerza motora y una justificación real del asco. Eso que tiene rasgos cadavéricos, es horrible e idéntico al trabajo. Las jornadas embrutecedoras. Los papeles burocráticos. La inmensa fealdad administrativa y la peste del los huesos que ya se apuran por verterse en la entraña del foso. Los cráneos que el moho clava en la nada sepulcral tienen formas de la rutina y el tedio. Por eso Cachiporra es dueño legítimo de todos los vicios que espantan a los pudorosos de la modernidad. Su entrega a la degradación tuvo, al principio, un motivo de supervivencia.&lt;br /&gt;Ahora aparece un saxo violento. Asciende hacia cimas inéditas con la determinación de un tren. Apenas si el contrabajo se atreve a secundarlo.&lt;br /&gt;Cachiporra fuma como sapo. Es ladrón de viejitas indefensas. Come como cerdo. Devora con glotonería cósmica todo aquello que hace daño y perjudica al corazón. Es adicto a la coca y a la pasta de los monstruos. Miente como el que más. Regurgita cada vez que se le ocurre. Es mala persona y se aprovecha de los débiles. Dobla sus rodillas ante los poderosos y lame sus orejas con la baba de la lisonja y la ambrosía ácida de la adulación. Se masturba como mono. Habla mucho con maledicencia. No trabaja y corrompe a las niñas de los jardines preescolares.&lt;br /&gt;Poco será lo que diremos de semejante sátrapa.&lt;br /&gt;Pero lo quiero y estimo porque también lo he comprendido.&lt;br /&gt;¿Habremos de juzgar a nuestro hermano? Más de un sueño tuve donde violaba a muchachas inocentes. Me doy con un caño con todo lo que está prohibido. Miento a lo pavote y como carne cruda. Soy un asco bípedo. Pero sin plumas ya que no me agradó nunca la definición de Aristóteles. ¿Qué es la vida urbana de este tiempo de la máquina? Yo estoy sacado por lo que fumo y bebo y aspiro y me inyecto. Cada rostro humano de la calle que veo son miles de raras y horrorosas deformidades. Amo a una chica pero está muerta. A menudo aparece sobre mi sueño, con la boca y su belleza ultrajada por la muerte y la disolución. Cachiporra fue mi mejor amigo. Crecimos juntos. Era mi hermano. Yo lo amaba como se quiere a los quince años. A los dos nos gustaba el jazz, las mujeres fáciles y la sinfonía novena del enorme sordo. Hablábamos mucho de todas las cosas del orbe y nos cagábamos de risa en los veranos de los ríos y los parques.&lt;br /&gt;Cachiporra está destrozado por los vicios. Esta época del consumo desenfrenado le ha abierto una herida por donde la locura, sin pausa, se le filtra como una espada implacable. Yo sé todo lo monstruoso que debe contemplar a diario: reptiles que se arrastran con carnes corruptas de enfermedad, muecas de espanto, perpetuos dolores atornillados al encéfalo, amores del submundo y desesperados actos sexuales que no arrojan verdad sobre sus hemisferios cerebrales incinerados. Mi hermano a quien yo todavía amo está al borde del colapso absoluto. Durante años ha estado mirando la pantalla omnímoda de la televisión, donde la oferta de la programación fue, poco a poco y cada vez más de prisa, convirtiéndose en delirios estúpidos imposibles de comprender. Nocivos para la mente por las descargas solapadas de sustancias cancerígenas y alucinatorias. Los de las orillas, pobres y rotos, aseguran que el estado gubernamental tiene que ver con esta operación de desgarramiento a escala internacional. ¿Qué sentido tiene eliminar la razón de miles de millones? Ahora los lunáticos ocupan los terrenos donde se erigen las torres de recuperación psíquica. Torres negras de acero brillante. Nadie ha visto entrar a alguien ni tampoco salir. El dinero, el artefacto de la compra y la venta y el mismo centro de la vida humana se alimentan de lo que estas torres guardan. Al menos es lo que se rumorea en los pasillos de las barriadas donde la miseria es un pájaro inmenso y mal nutrido.&lt;br /&gt;Por todo esto ( pesado como un yunque simbólico y de materia descompuesta como un perro que se pudre debajo de los suelos) mi hermano Cachiporra y yo nos entregamos a los delirios del sexo en todas sus formas. En cada experiencia brutal encontramos el ridículo y la burla por nosotros mismos. Las mujeres que vimos como objetos de la copulación sin futuro no tenían rostro ni mirada. Eran formas del deseo que la cultura impuso con mano férrea. Se trató de un despotismo a nivel psicológico y por tanto sufrimiento estamos así ahora. No miento ni exagero si digo que luego del sexo sobrevenía para cada uno una tempestad enérgica de vacío y aburrimiento letal cuya fuerza nos alejaba de la individualidad hacia tierras demenciales. Comprendimos entonces que no bastaba con renegar y abjurar de las viejas normas. El dominio reviste diversas maneras del ocultamiento. No es posible escapar al yugo de la muerte en vida. El la rosa que conmovía los ojos habitaba el gusano de la calavera y su voracidad. Los paisajes fueron puestas en escenas burdas y acomodadas a nuestras percepciones masivas de la belleza. Todo lo que creíamos amar fueron producciones en serie engendradas en oscuras fábricas regidas por otras especies inteligentes. No podremos saberlo jamás. Las neuronas están encapsuladas en latas de tomate.&lt;br /&gt;Cachiporra sale del baño con la marca culposa del onanismo. Su placer ha durado lo que un pedo en la mano. La cabeza se le ha disparado hacia la infancia. Ve las imágenes que otros han decidido que conozca. La mentira y la fachada ocupan hasta la misma sangre. Yo no sé si existo. Es una cuestión de fe. Una afirmación que sólo depende del lenguaje.&lt;br /&gt;Cachiporra salta. Agita sus brazos y se mueve como un remolino. Patea una olla llena de carne a medio cocinar. Rompe el vidrio de la puerta que lleva hacia la calle. Saca la lengua y grita como una bestia amenazada. El alarido se une a la guitarra de la canción intrincada que el radiograbador empuja hacia el techo y rincones de la casa.&lt;br /&gt;Yo miro a mi hermano sin saber cómo ayudarlo. Los ojos mecánicos de la vigilancia lo retratan en primeros planos. En este lugar del control social me tienen atado a una máquina productora de sentido. Me obligan a ver la caída última de mi amigo. No puedo hacer nada más que mirar.&lt;br /&gt;Cachiporra se desmaya. Su boca contra el suelo helado babea sangre espesa. Sus párpados se cierran. No ha tenido tiempo de subirse los pantalones. Con sus piernas delgadas y pálidas exhala el estertor de la muerte y entonces ya no sirve.&lt;br /&gt;Este tiempo exacto de la múltiple industria se mide por la utilidad. Lo que no se ajusta a la noción de la servidumbre es enterrado en la cloaca máxima y anónima.&lt;br /&gt;El solo de batería comienza. Esta vez se trata de un tema de Art Blakey. Se llama Qué profundo es el retrete.&lt;br /&gt;Antes de que entren las grúas de la recolección de cadáveres yo pensaré en el día más alto y hermoso que tuvo mi amigo.&lt;br /&gt;Recuerdo que iba a toda velocidad por la ruta brillante y desierto de nuestro pueblo. Iba aferrado al manubrio de su bicicleta azul, gritando, abriendo su boca y bebiendo del viento del verano. Yo lo miraba desde un árbol mientras me comía un buen trozo de pan con queso y mortadela.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Te vas a matar hijo de puta!- le grité mientras masticaba.&lt;br /&gt;- ¡Ni en pedo me muero, forro!- me contestó con alegría inmensa.&lt;br /&gt;Teníamos dieciséis años y nos reímos de todo.&lt;br /&gt;Después de este alto recuerdo podrán llevárselo en los garfios de la desgarradura.&lt;br /&gt;Mientras no me pongan el chip de la rigidez seguiré con la destrucción de mi entidad.&lt;br /&gt;M tiempo es breve a juzgar por las cadenas que me sujetan.&lt;br /&gt;El radiograbador de Cachiporra continúa encendido. Ahora la batería acompaña un solo de violonchelo.&lt;br /&gt;Qué profundo es el retrete.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8327896073992417303-4288701083846169941?l=elinmensososa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elinmensososa.blogspot.com/feeds/4288701083846169941/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://elinmensososa.blogspot.com/2012/01/la-muerte-de-cachiporra-y-el-profundo.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8327896073992417303/posts/default/4288701083846169941'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8327896073992417303/posts/default/4288701083846169941'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elinmensososa.blogspot.com/2012/01/la-muerte-de-cachiporra-y-el-profundo.html' title='La muerte de Cachiporra y el profundo retrete'/><author><name>Patricio El Inmenso</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01397213389065244426</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_SYBcys2_ZZ8/S4Qea6aiVEI/AAAAAAAAABA/IJlQSyPNXTE/S220/sosus.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8327896073992417303.post-2342502620356522792</id><published>2012-01-29T06:30:00.001-08:00</published><updated>2012-01-29T06:30:30.162-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuentos'/><title type='text'>Los Gordos</title><content type='html'>Había en un pueblo un hombre que no tenía ni un peso. Era tan pobre que ya no podía darle de comer pan podrido a su esposa, su cuñado, sus padres muy viejitos y sus catorce hijos. Para peor se hallaba mal de salud y esto le dificultaba buscar trabajo. La enfermedad que lo aquejaba no se conocía. Las piernas le florecían sin parar. Parecían dos troncos de árboles repletos de flores rojas y amarillas. De modo que este pobre hombre se pasaba la mayor parte de los días echado en su catre, maldiciendo su destino y gimiendo con desesperación. Al principio pudo alimentar a su familia con pan podrido que le vendían los maestros salseros del puerto. Estos hombres usaban grandes cantidades de pan para mojarlos en sus salsas y así poder probarlas. Bolsas repletas de pan quedaban en los galpones húmedos para pudrirse despacio. Las ratas se reían de felicidad al tener tan fácil y abundante comida. El hombre pobre iba hasta el puerto, esperaba a que los maestros salseros salieran a arrojar la basura y ahí los abordaba.&lt;br /&gt;-Disculpe buen señor, ¿qué puedo comprarle por medio centavo?&lt;br /&gt;Los maestros salseros tenían muy mal carácter. No eran malvados, sino que el trajín de su labor los absorbía de modo tal que la amabilidad y la consideración no estaban en sus modales.&lt;br /&gt;-Mierda de ahorcado y bosta de caballo viejo- le respondían siempre, sin variación.&lt;br /&gt;El hombre pobre agachaba su cabeza, miraba el suelo inmundo, alargaba su mano con el centavo y esperaba. El pan podrido era una hermosura en su bolsillo. Salía corriendo como podía, se tropezaba, iba cantando como cuando era un mozalbete y llegaba a su casucha riendo de gozo.&lt;br /&gt;-¡Tengo un pan podrido!- gritaba.&lt;br /&gt;Los integrantes de la familia despertaban de su sopor de hambre y sonreían con bocas desdentadas y negras.&lt;br /&gt;Así todos los días.&lt;br /&gt;Hasta que ya no hubo panes podridos. ¿Por qué? El mal decidió intervenir y utilizó una de sus fuerzas de choque más temibles. El sindicato de los maestros salseros ordenó bajo pena de muerte que ningún pan debía ser vendido, tirado, regalado o usado para cualquier fin. La ley exigía que los panes se acumularan en las bolsas hasta que la podredumbre los redujera a moho.&lt;br /&gt;La desesperación negra se abatió sobre la familia. El hambre se cebó y pronto hizo de los cuerpos un dibujo grotesco donde panes hermosos con caras humanas decían que no con sus ojos. No y no y siempre no. Los pobres a la fosa del anonimato.&lt;br /&gt;Entonces el hombre buscó ayuda. Golpeó todas las puertas de la ciudad y en cada una le dijeron que no.&lt;br /&gt;-No. No. No y no.&lt;br /&gt;Ya en el borde de la vida, el jefe de familia recurrió a los dioses. En medio de un charco de agua sucia se arrodilló, elevó sus manos al cielo de acero de la ciudad y oró con toda la rabia de su corazón abrumado de pena.&lt;br /&gt;Increíblemente, un dios desharrapado que vagaba por los cables de acero de las grúas lo escuchó.&lt;br /&gt;-¿Qué le pasa, mortal?&lt;br /&gt;El hombre pobre, sin mirar de frente al dios, le explicó todo.&lt;br /&gt;-Ustedes los mortales se matan mutuamente ignorando que son hermanos. Ya lo sabrán en el mundo de los muertos. En fin. Te ayudaré. Mañana deberás ir hasta donde los maestros salseros trabajan para comprar una bolsa de pan. Este centavo bastará. Adiós.&lt;br /&gt;La moneda le quemó la mano. El hombre temblaba de terror. El dios se fue volando con prisa dejando tras de sí una estela de papeles y basura portuaria.&lt;br /&gt;El resto de esa noche el hombre pobre no pudo dormir. En su catre rotoso dio vueltas y se agitó como un joven sin mujer. Al otro día fue hasta el lugar donde debía y actúo como el dios le había dicho.&lt;br /&gt;-Acá tiene, hermano, su bolsa de pan untado en la salsa más exquisita que jamás se haya preparado en este valle de lágrimas.&lt;br /&gt;El hombre pobre agradeció y partió a su casa.&lt;br /&gt;Se atiborraron de pan. Las panzas se hincharon de harina. Las risas eran copiosas y la felicidad en forma de alimento saneó las almas.&lt;br /&gt;Empezaron a engordar a lo bestia.&lt;br /&gt;El pan de la bolsa había sido mojado con una salsa especial y de gran poder. No sólo tenía un sabor celestial sino que sus efectos eran tremendos. Todos los integrantes de la familia se volvieron obesos de la noche a la mañana. Eran enormes. Fabulosos. Saturados. Plenos. Rosados. Circulares. Abundantes. Rollizos. Fornidos. Hercúleos. Contundentes. Suavecitos. Cálidos.&lt;br /&gt;Y no pararon de engordar.&lt;br /&gt;A la semana de haber comido el pan divino ya no entraban en la casucha ni en ninguna otra construcción de la ciudad. A las dos semanas estaban más grandes que la ciudad misma. Al mes ya sobrepasaban el tamaño del mundo.&lt;br /&gt;Se convirtieron en dioses benévolos. Los primeros y únicos dioses que sabían y entendían de privaciones humanas humildes y de ternuras silenciosas. No eran dioses de rayos, mares abiertos y tablas de piedra con leyes severas. Sus acciones propias de dioses rellenos mejoraron la vida de los hombres.&lt;br /&gt;Se los conoce ahora bajo el nombre sagrado de Los Gordos.&lt;br /&gt;Una tarta de jamón y queso es el altar adecuado para rendirles tributo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8327896073992417303-2342502620356522792?l=elinmensososa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elinmensososa.blogspot.com/feeds/2342502620356522792/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://elinmensososa.blogspot.com/2012/01/los-gordos.html#comment-form' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8327896073992417303/posts/default/2342502620356522792'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8327896073992417303/posts/default/2342502620356522792'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elinmensososa.blogspot.com/2012/01/los-gordos.html' title='Los Gordos'/><author><name>Patricio El Inmenso</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01397213389065244426</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_SYBcys2_ZZ8/S4Qea6aiVEI/AAAAAAAAABA/IJlQSyPNXTE/S220/sosus.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8327896073992417303.post-5430819338560487530</id><published>2012-01-29T06:29:00.001-08:00</published><updated>2012-01-29T06:29:43.292-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuentos'/><title type='text'>Yo estuve en una orgía evangélica</title><content type='html'>Eran las dos de la madrugada y estaba lúcido como un perfecto pelotudo.&lt;br /&gt;Quiero decir, hermanos de sucios calzones, que la madrugada del sábado me agarró en absoluta sobriedad.&lt;br /&gt;Y fue como la mano de un déspota cruento, sediento de sangrecita y humeantes testículos sudorosos cual chorizos invernando en guanteras cálidas y acogedoras.&lt;br /&gt;Sucede, mis esbirros pijudos, que en aquella reunión terrible que mi corazón hubo de padecer sin posibilidad alguna de defensa no había ni una gota, mísera pinta, milímetro cúbico de alcohol.&lt;br /&gt;El espíritu no se hallaba en botellas y cajas. Era bien diferente su presencia en tamaña – sin duda aciaga- noche.&lt;br /&gt;Fui invitado por una mujercita preciosa, toda ella hecha de ojos como lagos, cintura para abrazar día y noche y tetas que decían: de este fruto se alimentan todos aquellos que desean la grandeza. ¿Cómo no perder la razón ante semejante portento de la naturaleza que nos cubre de mujeres jóvenes? Pues yo la perdí hace rato y por motivos mucho menos valiosos. Ya se sabe: trabajo, dinero, soledad y medias sucias, duras de mugre ontológica.&lt;br /&gt;Y esta chica tenía todo lo que un alma insomne puede imaginar en sus delirios eróticos.&lt;br /&gt;En ese entonces me hallaba yo enredado en los ásperos cordeles de la angustia monomaníaca. Formaba esta lepra del alma una coraza fuertísima sobre mi piel y así me sentía al margen de la luz, de los astros y los vértigos espaciales del universo todo.&lt;br /&gt;¡Ayyy hermanos que yo me vi suspendido sobre una cúpula de caos, desconcierto y ruina corrosiva ardiendo en la profundidad de mi secreto vital!&lt;br /&gt;Recuerdo haber probado con los clásicos remedios utilizados en estos casos. La música atronó a todo trapo en mi cubículo de mono inteligente. Elegía a troche y moche los temas más duros de la orquesta del célebre Koko Daviño, músico ebrio sin parangón cuya batuta negligente ha sabido arrancar sones del infierno a las composiciones más resonantes. Sí señor. No hay tu tía con este gran borrachín pleno de sensibilidad sonora.&lt;br /&gt;Durante ese tiempo luctuoso mi ser se impregnó de sinfonías deformes y timbales subhumanos tocados por gigantes alimentados a carne humana. Y me imaginaba a estos descomunales músicos llenos de arrebato y éxtasis. Tocando sus contrabajos infinitos que sobresalían de la vía láctea, rascando con violencia y precisión las cuerdas gruesas como carreteras. Y los veía cuando devoraban pequeños seres humanos sin interrumpir sus interpretaciones.&lt;br /&gt;Fue hermoso mientras duró. Pero otra vez, como un yunque tremendo, cayó sobre mí la angustia de no amar. La putrefacción del deseo jamás saciado. Una bosta, como se dice en los círculos de las estancias y pueblos alejados de la divinidad.&lt;br /&gt;De modo que me las tuve que arreglar solito. La música me sirvió durante un par de semanas. Uno debe a aprender a apretar los dientes y encarar lo que sea con la risa en los labios.&lt;br /&gt;Así que agarré el tocadiscos y lo lancé al viento de la noche. Quedó todo roto, parecido a un insecto descalabrado por el odio y la pena.&lt;br /&gt;¡Y vaya que era eso y no otra cosa, mis hermanos!&lt;br /&gt;La rutina de los días me pesaba en el pecho. Apenas si podía respirar. Estaba desesperado y hacía como que todo estaba muy bien, levantando mis pulgares en señal de optimismo y bondad primaveral.&lt;br /&gt;Claro: allá en las cavernas de mis ojos se desataban huracanes sombríos que decían: este saquito de esperma está muy quebrado, habrá que darle con la palanca de la inmensa alegría si no pretende caer en el barro de la aniquilación. Mirad, células y huesos, qué flaco de amor se nos ha revelado este cuerpo perecedero como pescado fuera del refrigerador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Muy ilustrativo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hasta que apareció ella. Radiante. Y todo mi humus putrefacto y mi sangre agobiada como la brea resucitaron hacia el cielo anaranjado. Sólo yo sé la potencia de tal renacimiento. Y sin embargo no fue suficiente. Me encontré después enterrado bajo los múltiples cementerios humanos y ya no supe cómo abrir mi pecho al viento de la mañana. Aparecieron hebras de plata entre mi pelo y la cara se me cerró en una arruga rancia rebosante de años mal vividos. El hedor de mi piel creció. Pronto me tuve que ver a mí mismo en la forma de una bolsa negra apestando a muerte y ropa sucia. Y yo traté de hacer de todo para evitar la ruina repentina. En vano. Allí estaba clavada en mi carne: degradación de la vida en su totalidad insuperable.&lt;br /&gt;¿Por qué si un día (sábado a la tarde, cielo nublado y calma en el pueblo) viniste hasta mi casa y nos besamos durante horas, locos los dos de alegría por ya no estar solos, otro día (martes de calor y sol brutal) desapareciste, la tierra te tragó en su vientre, huiste lejos, ya no eras entre las cosas hermosas del mundo y yo tuve que romper mis dientes de tanto apretarlos?&lt;br /&gt;Tu ausencia terrible, cruda, dolorosa como un apocalipsis individual entristeció a la materia de la que está compuesta la realidad y los sueños.&lt;br /&gt;Esto ocurrió después del cumpleaños de quince.&lt;br /&gt;Laura, que entonces era tu mejor amiga, nos invitó a ir a la fiesta. Yo estaba feliz y nada sospechaba del horror que luego sobrevendría como una marea roja de sangre asesinada.&lt;br /&gt;Recuerdo que el sábado al atardecer fui hasta la ciudad a comprar un pantalón, camisa y medias. Entendía yo que debía ir bien vestido, sin traza de demencia ninguna en mi porte de joven maduro un poco gastado.&lt;br /&gt;Me bañé con método. Me vestí con la flamante ropa y salí.&lt;br /&gt;Era noche profunda. El cielo negro titilaba con tres estrellas y una luna enorme que parecía mirar mi cabeza.&lt;br /&gt;Un horrendo perro todo sarnoso me ladró al pasar por una puerta enrejada.&lt;br /&gt;Antes hubiera arrojado sobre el animal un buen trozo de cemento, con alma y vida y justo en el hocico. Pero esa noche yo iba colmado de tu imagen y nada era capaz de someterme a la aflicción. Estaba contento. En la gloria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces entré.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había varias filas de mesas dispuestas en forma de cruz. El olor a comida no era intenso. Habían cocinado poco. Un escenario de madera se levantaba en un rincón del salón. Había instrumentos y parlantes. Ya la gente hablaba y se movía con esos gestos medidos pero torpes de las reuniones sociales.&lt;br /&gt;Y te vi: sentada con tu familia en el costado izquierdo de la sala, hermosa, de pollera y saquito azul. Sentí aquello que es intraducible a palabras. Un golpe en la panza. Una conmoción única. Como agua cayendo muy pura desde la altura de la belleza y la dicha.&lt;br /&gt;Imaginé una noche eterna, junto a tus labios que decían cosas alegres y vivas; y después supe que yo debía beber el ácido de la muerte en vasos de papel, tuve que comer el alimento de los condenados y no pude verte sino en la distancia de la bruma y las oraciones evangélicas.&lt;br /&gt;Desde ese entonces mi vida quedó reducida a tu voluntad.&lt;br /&gt;Y ahora seré breve, las cosas se han puesto tremendas, belicosas, como alucinados seres humanos que no pueden hacer otra cosa que masturbarse, se dan sin asco día y noche y están repletos de esa angustia que rompe el amor y la vida.&lt;br /&gt;Yo la amé. ¿Qué más podré decir entonces?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y me lancé al rito de la alabanza. La fiesta de los quince años ya era una putrefacción letal en mi cara. Algo tenía que hacer. Y rápido.&lt;br /&gt;Tiré a la mierda el vaso con gaseosa baratísima, fui hasta el escenario, le arranqué el micrófono al pastor y allí mismo comencé a predicar mi palabra desesperada. Todos los evangélicos me miraron con suma perplejidad. Debí tener un aspecto tétrico y satánico, digno de una imagen durísima.&lt;br /&gt;No recuerdo lo que dije, pero hubo un remolino, un caos y un trabajoso despertar lleno de asco y acidez.&lt;br /&gt;Solo en el colchón me descubrí más viejo que el tiempo, como una cáscara de naranja sangrante, basura mi piel y lata abollada mis ojos.&lt;br /&gt;Descubrí que tenía todo el cuerpo con tornillos incrustados. El dolor era descomunal. En la garganta me habían puesto un yugo de hierro que impedía cualquier movimiento. Me faltaban las piernas y sangraban a torrentes mis flamantes muñones. Pensé en mi comportamiento de la noche pasada. Los evangélicos son vengativos. Esto es algo que sé ahora. Y no sirve. Yo siempre estaré inclinado hacia tu última imagen.&lt;br /&gt;Desde esa noche mis días son un lento arrastrarme por el suelo maculado de barro sórdido.&lt;br /&gt;Y jamás he vuelto a estar sobrio.&lt;br /&gt;Bebo mucho. A lo bestia. Bebo y bebo y otra vez bebo. Los picos del mundo sólo se abren en mi boca ávida. Botellas como cielos anaranjados cubren mis jornadas declinantes. Cielos pesados. Carnívoros. Malos.&lt;br /&gt;Y los bebo a cada trago.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8327896073992417303-5430819338560487530?l=elinmensososa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elinmensososa.blogspot.com/feeds/5430819338560487530/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://elinmensososa.blogspot.com/2012/01/yo-estuve-en-una-orgia-evangelica.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8327896073992417303/posts/default/5430819338560487530'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8327896073992417303/posts/default/5430819338560487530'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elinmensososa.blogspot.com/2012/01/yo-estuve-en-una-orgia-evangelica.html' title='Yo estuve en una orgía evangélica'/><author><name>Patricio El Inmenso</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01397213389065244426</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_SYBcys2_ZZ8/S4Qea6aiVEI/AAAAAAAAABA/IJlQSyPNXTE/S220/sosus.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8327896073992417303.post-405531978775824043</id><published>2012-01-29T06:28:00.001-08:00</published><updated>2012-01-29T06:28:57.158-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuentos'/><title type='text'>El cuento más feliz del mundo</title><content type='html'>Hace mucho vivió en un mundo de tierra un señor muy feo. Tan feo era este señor que los demás señores lo obligaban a llevar en su cara una bolsa negra. Este señor no tenía nombre. Para llamarlo le decían El Feo. Lo nombraron así y el señor creyó siempre que así se llamaba.&lt;br /&gt;El pueblo donde vivía estaba habitado por gente común. La mitad era malvada y la otra mitad era una porquería. El pueblo no tenía nada de qué envanecerse. Tres calles empedradas con rocas volcánicas, un establo donde funcionaba el municipio y un árbol reseco partido por un rayo constituían todo el poblado. Una plaza vieja y sucia repleta de cardos funcionaba como el centro. La gente poseía un talento innato para ser malvada, endeudarse con el banco y comprar automóviles carísimos para hacer rabiar de envidia a sus vecinos. Trabajaban como locos para poder pagar las cuotas de los empréstitos y comían arroz sin sal para ahorrar. El resto de tiempo que les quedaba libre lo dedicaban a hablar sobre los demás. Y teñían con virulencia cada palabra para que la maldad fuera más penetrante.&lt;br /&gt;El Feo no hablaba mal de sus vecinos. Tampoco hablaba bien. En verdad no hablaba en absoluto porque era mudo de nacimiento. Mudo y feo. Además era pobre. Aunque en rigor nunca pudo llegar a semejante categoría. Porque alguien pobre puede comer a diario y dormir bajo techo, por más humilde que sea. El Feo no comía todos los días, dormía a la intemperie, andaba cubierto con andrajos y cazaba palomas y bichos para no morirse de hambre.&lt;br /&gt;En el pueblo era una figura para ejercitar la burla. Los vecinos honrados y limpios, aquellos que no olían a tierra cansada y sí a perfumes sintéticos, destilaban una creatividad ácida sobre el feo. Cascadas de insultos barrocos y brutales salían de sus mentes mezquinas y golpeaban al feo como rocas que se despeñan desde alturas infinitas. Y así pasaban los días.&lt;br /&gt;Lo que ninguno de los vecinos pudo sospechar jamás es que dentro de la cabeza del feo brillaba una inteligencia extraordinaria. Una sapiencia tan enorme que la propia inteligencia quedaba opacada a su lado. Era una forma de pensar íntegra, completa y precisa que no dejaba ningún cabo suelto. La mente del feo ardía día y noche. Pensaba en las cosas que veía en las calles viejas de su pueblo. Analizaba y comparaba las siluetas de las sombras de los perros con los dibujos breves que hace el viento en el polvo a la hora de la siesta. Por eso se lo podía ver a menudo sentado ante una flor de cardo, mirando con sus ojos profundos conectados a su cerebro impresionante, mirando y mirando hasta que la mirada se le secaba y comprendiendo el funcionamiento de los cardos en la vastedad del universo. El feo sonreía y un hilo de baba le corría por la boca. Movía su cuerpo tísico hacia delante y hacia atrás. Los cardos le contaban secretos del cosmos que sus vecinos ni siquiera hubiesen podido soñar. Y esta sabiduría inmensa lo llenaba de felicidad. Era una dicha sobrehumana. Semejante a escuchar una canción hermosa en mitad de la noche cuando uno ha sido abandonado y maltratado por gente amada.&lt;br /&gt;El feo crecía en conocimiento al tiempo que su cuerpo se angostaba cada vez más a fuerza de miseria.&lt;br /&gt;¿Qué pudo haber pasado si el feo hubiera hablado? ¿Qué palabras habría dicho? ¿Qué terrible frase cargada de totalidad pudo haber salido de su boca?&lt;br /&gt;Una noche de verano sombras siniestras descendieron en el pueblo. Entraron a las casas y destrozaron todo lo que hallaron. Robaron cosas de valor. Contaminaron el agua con sus atroces deyecciones. Levantaron el suelo y sembraron semillas abominables para que crecieran plantas letales. Los niños de las familias honorables despertaron al día siguiente con fiebres extremas y fulminantes. Los que eran poderosos se encontraron en la mendicidad. El pueblo fue tocado por la mano del mal y la ruina halló eco en los corazones negros de los vecinos. De modo que el horror se potenció para arrasarlo todo.&lt;br /&gt;Aterrorizados, los habitantes se reunieron en una asamblea vociferante y caótica. Gritaron. Se dijeron terribles verdades, cayeron muchas máscaras y la desesperación dominó.&lt;br /&gt;La asamblea derivó a una violencia rígida y cuando todos salieron a la calle lo vieron.&lt;br /&gt;El feo estaba sentado como un chino ante un girasol que crecía solo en el borde de una esquina.&lt;br /&gt;Los vecinos se quedaron inmóviles.&lt;br /&gt;Y la demencia acumulada en sus mentes, la bajeza de sus almas podridas y la futura satisfacción de encontrar un cordero a quien sacrificar los electrizó de energía.&lt;br /&gt;Entre alaridos y espumas de salivas crueles los vecinos lincharon al hombre feo.&lt;br /&gt;Arrojaron los restos en un lavarropas viejo de chapa que servía como basurero y se fueron a comer a sus casas.&lt;br /&gt;Una niña de siete años jugaba con la bolsa negra que había cubierto la cara del hombre feo. Sus padres reían ante la televisión que mostraba a un campeón mundial de lucha envejecido, gordo y calvo.&lt;br /&gt;El campeón juraba que su parrilla eléctrica cocinaba las hamburguesas más deliciosas del mundo.&lt;br /&gt;-Y todos sabemos, vecinos, que la felicidad puede comprarse por un puñado de billetes.&lt;br /&gt;El campeón hablaba con voz aguda y se reía ante la cámara con visible falsedad.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8327896073992417303-405531978775824043?l=elinmensososa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elinmensososa.blogspot.com/feeds/405531978775824043/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://elinmensososa.blogspot.com/2012/01/el-cuento-mas-feliz-del-mundo.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8327896073992417303/posts/default/405531978775824043'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8327896073992417303/posts/default/405531978775824043'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elinmensososa.blogspot.com/2012/01/el-cuento-mas-feliz-del-mundo.html' title='El cuento más feliz del mundo'/><author><name>Patricio El Inmenso</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01397213389065244426</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_SYBcys2_ZZ8/S4Qea6aiVEI/AAAAAAAAABA/IJlQSyPNXTE/S220/sosus.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8327896073992417303.post-7083583482482197936</id><published>2012-01-27T12:38:00.001-08:00</published><updated>2012-01-27T12:38:18.513-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuentos'/><title type='text'>Hay que martillar el viento</title><content type='html'>Me fui al desierto a hablar con dios. Para llegar caminé tres meses, con sus días y sus noches. La fatiga me hizo nacer llagas en los pies desnudos y en casi todo el cuerpo. Pero en ese tiempo yo era joven y tenía entre mis venas el poder de la sangre humana. Seguí caminando. Los vecinos que me vieron marchar esa mañana de verano se burlaron de mí.&lt;br /&gt;-En vez de rezarle a ese dios tuyo, muchacho, deberías ayudar a tu padre en el taller de las tuercas descomunales. Pero claro, te crees mejor que nosotros. ¿Verdad? Algún día tu vanidad y tu juventud te harán pagar un precio muy alto.&lt;br /&gt;El vecino que me dijo esto ha muerto hace mucho. Un rayo de enfermedad y de vejez lo partió a la mitad. De mi juventud y vanidad no queda casi nada. He pagado un precio muy alto, sí, pero me llevaré al mundo de garfios una verdad.&lt;br /&gt;Estuve diez años en el desierto. Comí lo que pude cazar con mis manos trémulas. Las langostas crujieron entre mis dientes y saciaron el hambre. El agua de los cactus me devolvió al mundo. La fiebre de la sed me hizo conocer la tierra de los monstruos y las bestias. Hay varios universos además de este en el que vivimos. Algunos de esos mundos son atroces. Otros no tienen vida y el polvo de la muerte los cubre hasta la asfixia. Conocí un pueblo hecho en huesos brillantes donde una raza de criaturas malvadas dominaba e imponía un régimen de horror sobre multitudes aterrorizadas. En un mundo gobernado por perros salvajes los humanos viven atados a postes amarillos y comen bazofia.&lt;br /&gt;Un día las langostas aprendieron a escapar de mis manos veloces. Durante las noches venían hasta la cueva donde yo me refugiaba y se burlaban de mi necesidad, iguales a mis vecinos. Las voces de las langostas torturaban mi corazón. Tuve que comer la arena y los excrementos de los coyotes. Mi cuerpo se convirtió en el signo retorcido de la soledad. Ahí estaba yo, reseco, abandonado, minúsculo ser debajo de las tormentas infinitas y esperando. Una llaga que se abría entre los dedos de mis pies emitía luz en la oscuridad. En ella me refugié. Los fríos del desierto cristalizaron los recovecos de mi cerebro.&lt;br /&gt;Y seguí esperando.&lt;br /&gt;El dolor pudrió mi razón. Sentía que dentro de mí escorpiones con cara humana construían sus nidos. La ponzoña de mil generaciones de alimañas reemplazó mi sangre. El delirio, la angustia, el hambre, la sed y la soledad fueron tan fuertes que dios no tuvo excusa.&lt;br /&gt;Y apareció una tarde en la entrada de mi cueva.&lt;br /&gt;-Qué tal hijo- dijo- He venido tan pronto me llamaste.&lt;br /&gt;Lo miré. Era un viejo gordo, cansado y calvo. Vestía harapos y hedía muy feo. Y lo odié. Odié su aspecto, su demora y su tranquilidad. Yo era un muerto amasado por el desierto y él un dios omnipotente. Pero al verlo de cerca supe que estaba tan perplejo y tan perdido como yo.&lt;br /&gt;-Mentira- le contesté con un hilo de voz. Hace años que te llamo sin cesar. Has venido porque mi llamada fue intensa y sostenida. No eres puntual.&lt;br /&gt;- Como quieras. No tengo tiempo. Siempre estoy ocupado. ¿Qué es lo que quieres?&lt;br /&gt;Me levanté del suelo inmundo de la cueva. Mis músculos se quejaron. Parecía que la vida me dejaba por fin. Una náusea blanca y ardiente me dobló por la cintura. Hablé.&lt;br /&gt;-Quiero saber qué es todo esto. La tierra. Los hijos de la tierra. Las madres y los hijos de las madres. Los mares y los bosques y el ser humano que anda en dos piernas y muere apenas nacido en medio de penas profundas.&lt;br /&gt;Dios suspiró. Se sentó al estilo chino, materializó un tallo de trébol en su mano derecha y lo empezó a mordisquear.&lt;br /&gt;-Esa es una pregunta muy grande, hijo. No es la primera vez que me la han hecho. Nunca la contesté. No por maldad o diversión, sino que sencillamente no sabía la respuesta. Te veo tan harto de todo que me siento hermanado contigo. Soy un dios subalterno. Trabajo de empleado en una casa de repuestos para máquinas volantes y mi jefe es un dios severo. Cuando llega al negocio me trata como si fuera un esclavo. De modo que trabajo como loco, barro aquí y lavo allá, preparo café con nuez moscada y cambio el rollo de papel higiénico de los baños. Después del mediodía me quedo solo. El jefe se va a otros negocios que administra en el centro de la ciudad y los empleados tienen una hora para comer y descansar. Me aburro mucho en ese rato. No sé qué hacer. Una tristeza filosa me duele en el pecho. Cuando ya no puedo soportar más me voy al patio del local, veo el jardín, camino descalzo por el césped y me consuelo imaginando otro destino. Soy agradable y joven, soy talentoso y mi trabajo es hacer cosas hermosas. Me acuesto en un banco de madera que hay en el patio y me duermo. Los sueños que tengo son el mundo en el que vives.&lt;br /&gt;-¿Soy parte de tu sueño? ¿El pueblo es el sueño de un empleado? ¿Las ciudades? ¿Los botes de los pescadores? No puede ser.&lt;br /&gt;-Es la verdad. La única que puedo revelarte. El resto es niebla. Me voy. Ya están por llegar los empleados.&lt;br /&gt;El dios se fue caminando. Era un punto ínfimo en la vastedad ardiente del desierto.&lt;br /&gt;Soy un viejo marchito y herido por la divinidad. Pronto marcharé a la tierra de los garfios de los que cuelgan los muertos. Son filas innumerables en un salón mohoso y oscuro. Es el mundo del más allá, lo que los sacerdotes nombran como paraíso. Un inmenso depósito de cuerpos inertes en la oscuridad.&lt;br /&gt;Hay que apretar la vida. No hay que soñar con mundos ajenos a esta tierra. Hay que respirar con fuerza. Hay que ser un fuego y una pasión.&lt;br /&gt;Hay que martillar el viento.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8327896073992417303-7083583482482197936?l=elinmensososa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elinmensososa.blogspot.com/feeds/7083583482482197936/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://elinmensososa.blogspot.com/2012/01/hay-que-martillar-el-viento_27.html#comment-form' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8327896073992417303/posts/default/7083583482482197936'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8327896073992417303/posts/default/7083583482482197936'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elinmensososa.blogspot.com/2012/01/hay-que-martillar-el-viento_27.html' title='Hay que martillar el viento'/><author><name>Patricio El Inmenso</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01397213389065244426</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_SYBcys2_ZZ8/S4Qea6aiVEI/AAAAAAAAABA/IJlQSyPNXTE/S220/sosus.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8327896073992417303.post-2856565073960985028</id><published>2012-01-27T12:35:00.000-08:00</published><updated>2012-01-27T12:37:26.055-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuentos'/><title type='text'>Los hijos flatulentos y sapienciales de Raimundo, la olla podrida, la mujer del sexo guisado, el dios que baldea soretes y las gaviotas mutantes</title><content type='html'>El señor Raimundo siempre fue un tipo muy tenaz.&lt;br /&gt;Cuando cumplió los cien años de edad se dijo que todavía le quedaban muchas cosas por experimentar.&lt;br /&gt;De modo que puso todo se empeño para llegar a los mil años. Para esto tuvo que someterse a muy duras dietas, ejercicios, control mental y demás torturas de orden espiritual.&lt;br /&gt;Día tras día Raimundo hubo de comer manjares extraños y ricos en proteínas.&lt;br /&gt;A saber: escamas de cocodrilo en almíbar de escroto, pus de nutria burocrática, pija de loro malo, leche de burro en celo, miasmas pantanosas hervidas en salsa de moco, pan ácimo, mayonesa en lata y muslos de rinoceronte hermafrodita.&lt;br /&gt;Para nutrir su corazón de longevo atroz se vio obligado a beber sangre de triceraptos fosilizada en ámbar jurásico. La dificultad para obtener semejante gaseosa prehistórica era demencial. A Raimundo no le quedó otra que ingresar en el mundo subterráneo de la mafia de los paleontólogos.&lt;br /&gt;Es conocido: este grupo de personas integran la organización delictiva más poderosa e implacable del orbe. Con estos señores no se juega. Se comenta de un repartidos de cráneos que intentó burlar a la mafia guardando no sé qué objeto para su propio beneficio. El tipo en cuestión apareció todo desollado, colgando de un árbol, destripado y con los ojos introducidos en el agujero del culo.&lt;br /&gt;Desde este hecho se hizo muy popular el lema de la matufia: quien nos traiciona amanecerá ahorcado, destripado y mirando el profundo interior de su sucio ojete.&lt;br /&gt;Raimundo sabía de la severidad de estos hombres y por eso actuó con cautela, respeto y sabiduría.&lt;br /&gt;Y he aquí los frutos de tal comportamiento.&lt;br /&gt;Raimundo tiene setecientos años en la actualidad y es dueño de una apariencia juvenil que hace trinar de deseo a las púberes mujeres de la ciudad.&lt;br /&gt;Coje que te coje a diestra y siniestra. Una, dos, tres y cuatro mujeres a la vez en su lecho de soltero de verga altisonante y épica. Verdaderas orgía de la carne. Un desenfrenado baile de caderas poseídas por el sexo. Por delante y por detrás. A la vagina Raimundo habrá de gobernar. Y con el orto un festín milagrosa él fabricará. Pija. Alambique de cuero. Lo que se lleva en las piernas. La dignidad del macho que nace para morir. ¿Qué hacer con este sentimiento de angustia que nos penetra la piel y nos humilla? Raimundo tiene la respuesta y la fórmula sagrada. Las palabras de su verdad son duras y no aptas para los oídos de la multitud. Porque la muchedumbre es cruel, feroz y vengativa; donde la gente se junta en cantidad abunda la falsedad, la ruina de la belleza, la fatiga del corazón humano y la destrucción del amor. La verdad de Raimundo: que la pija sea profunda en el coito, que cada aventura sexual se convierta en carne del espíritu y conmoción eterna. Los pensamientos minúsculos tienen que ser echados a patadas, sin dilaciones de ningún tipo.&lt;br /&gt;Pero en esta tierra que un dios castrador y caníbal sojuzga todo acto nos exige un monumental sacrificio.&lt;br /&gt;La dieta que Raimundo hubo de seguir para ser un longevo humano le produjo una extraña y cruenta enfermedad.&lt;br /&gt;Estaba nuestro héroe sentado una tarde bajo la parra del patio. La frescura de las hojas mitigaba el bochorno del verano. En la calle se escuchaban los gemidos de los insectos al estallar de calor. Una bomba de agua ubicada debajo de un enorme sauce se dobló como si fuera de plástico. Los rayos del sol eran mortíferos. Las cosas del día agonizaban como condenados del averno.&lt;br /&gt;Un verano como los que ya no se conocen.&lt;br /&gt;Para no sentir tanta temperatura de infierno Raimundo se desnudó y se acostó cuan largo y ancho era sobre la humedad relativamente más fría que el viento. Allí estuvo durante un rato hasta que se durmió pensando en dibujos y músicas balsámicos.&lt;br /&gt;Fue espeluznante.&lt;br /&gt;Al principio creyó que estaba en los territorios fantásticos del sueño. Ya había visto varias extravagancias dignas de mención: tigres azules, peces monstruosos cuyas caras eran de hombres, sirenas que devoraban miembros humanos amputados, basiliscos, flores desgarradas por espadas untadas en sangre, figuras de otros mundos y diversas anatomías descabelladas que causaban pánico y repulsión.&lt;br /&gt;Esta vez no se trató de una visión.&lt;br /&gt;El atroz suceso fue una física sensación en el vientre, el recto y la piel del cráneo.&lt;br /&gt;Primero asomó por el ombligo una protuberancia del tamaño de una moneda. Luego esto fue aumentando su tamaño, pulso a pulso; Raimundo se vio preso del más abrumador sentimiento. El horror lo tomó por el cuello, le quebró la valentía y le pulverizó la voz.&lt;br /&gt;Mudo y loco de terror Raimundo sintió cómo sus tripas y demás utensilios intestinales crecían hasta alcanzar dimensiones monumentales.&lt;br /&gt;Y luego sobrevino la primera explosión.&lt;br /&gt;¿Cómo consignar en la palabra aquello que ocurre del otro lado de la vida?&lt;br /&gt;Tierras fabulosas. Mundos oscuros. Mutantes y seres de otras galaxias.&lt;br /&gt;Porque el ruido expelido por el culo de Raimundo no admite más que la categoría de gigantesco y superlativo. Lo que se puede hacer es recurrir a las comparaciones y juzgar cuán grande fue el pedo titánico. No será tarea sencilla. Es una cuestión filosófica. Que el espectro de Platón y demás eunucos nos asistan en semejante escollo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Platón: algo enorme será, necesariamente, un objeto o concepto o cualquier sustantivo que tenga en sí mismo proporciones de poronga o verga de burro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Diógenes: esta que tengo acá entre mis harapos es lo que se conoce como grande. No se hable más. Yo soy lo más enorme dentro de lo enorme y el gigantismo propiamente dicho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Buda: los vanos deseos del mundo que engendran la angustia son lo que yo llamo como monumentalidades gigantescas nocivas para la paz del espíritu. Y mi panza también lo es. Acá dentro hay más de un kilo de arroz y chorizo casero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aristóteles: la inteligencia que resuelve problemas es lo que se define como grande. Y la hija de puta de mi esposa también es descomunal en hedor, cebolla, ajo y culo voraz de malacates escupidores. Queda pensado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Epicuro: no hay nada grande ni pequeño. Existen hombres pequeños y grandes. El hombre pequeño es el que no vive para el placer. El grande es aquel que ha comprendido la materia efímera de la que está hecho y por eso se desespera para hallar placeres a su paso. Una cama grande, una mesa grande y una pija más grande todavía. ¿Qué más puedo decir?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nietzsche: grande es la vida. Grande y fuerte. El hombre debe estar a su altura o perecer como un gusano. Y grande es entre todas las cosas el amor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rabelais: grande fue el terrible, descomunal, soberbio y gigantísimo pedo de mi puta más querida. Pero si hablamos de grandeza nada puede compararse con la vagina multiforme y universal de mi prima cuyo nombre fue Abismal Cráter Lucía de Burgos. Ella es el símbolo de todo lo que perece y muere en el mundo terrestre. ¿Queréis dilucidar el misterio y clave de todo el barro animado por dioses y demiurgos ciegos? Pues es este y no otro: coger con muchas vaginas, culos, ortos y bocas y hasta axilas. El erotismo es la piedra fundamental que ha puesto a andar al cosmos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y así podríamos seguir hasta el hartazgo.&lt;br /&gt;Anotación que nada tiene que ver con el relato: debo interrumpir la escritura (tarea de esclavos y minusválido mentales) debido a que mi estómago me reclama con intensos dolores la ingestión de un puchero abundante. Me arrastro en el placer de morder zanahoria hervida. Es delicioso masticar la papa de los aborígenes, la carne de la vaca y la batata de amarillo color.&lt;br /&gt;Más de un padecer ha sido destrozado gracias a este manjar culinario.&lt;br /&gt;Mate amargo, café y puchero: armas de los caballeros andantes de la putrefacta modernidad, decadencia del occidente mercantil que ya abre su boca en espasmos crueles de agonía sistemática.&lt;br /&gt;El tenedor. Tridente. Dientes de la trinidad. Signo de la barbarie superada. Manos educadas y mandíbulas civilizadas. Comer con cubiertos ha sido determinante. Sin este avance no tendríamos bombas atómicas ni democracias representativas. Pero yo dejo la imagen del señor correcto. Como. Trago. Devoro con gula los alimentos. Uso manos, dedos y codos. Eructo. Otro placer que defiendo del imperio urbano y moderno. Me estremecen los pedazos calientes de la carne entre mis manos nerviosas. Soy un guerrero. Una bestia. Poder del instinto. Alegría de la suciedad y la holganza higiénica.&lt;br /&gt;Sin embargo, existe una fuerza mayor que todo rito posible que yo pueda esgrimir.&lt;br /&gt;La imbecilidad cotidiana. Es lacerante, como una espada forjada en sangre de dioses paganos. Su filo es capaz de cercenar cualquier material de este universo.&lt;br /&gt;Los imbéciles (personas de aspecto común, con trabajos comunes y hogares limpios) ocupan todos los espacios de la ciudad. Son legiones interminables. Asociaciones públicas cuyo poder traspasa la imaginación más descabellada. Hablo de madres, esposos, hijos, profesores, empleados, enfermeros, médicos y astronautas. ¿Qué hacer ante sus potencias infernales? Me aventuro: contestarles con más imbecilidad.&lt;br /&gt;Si uno de estos esbirros nos ataca debemos devolver la ofensa con el ingrediente del delirio cómico.&lt;br /&gt;Cuando uno de los engendros se acerque y nos diga he visto a su esposa con otro hombre en la plaza, se lo digo para su bien, vecino. Nosotros diremos lo que sigue: sí, me consta, no es novedad para mí el hecho de que mi señora esposa sea la más puta entre las putísimas del mundo puto. Le recomiendo que se meta en sus propios asuntos. Si mi mujer coje con un elefante usted no debe hacer más que seguir su tristísima vida y cerrar la inmunda bocota.&lt;br /&gt;Después uno debe caminar bajo el sol de octubre mirando los detalles del cielo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Raimundo vivió mucho. Pero la pasó mal. La inmortalidad equivale a demorar la aniquilación de un equívoco natural. Las miserias también viven muchos años. Un hombre inmortal es una calamidad de tamaño monstruoso.&lt;br /&gt;Los terribles pedos que Raimundo expulsó a causa de su dieta estaban dotados de una inteligencia superior a la normal. Eran pedos geniales que razonaban de forma implacable. Sus sentencias eran veraces, lógicas y creativas. Los pensamientos de estos pedos recién nacidos terminaron con la resistencia espiritual del Desdichado Raimundo. De modo que todos los placeres que pudo gozar en sus largos años no fueron capaces de equipar el dolor que le prodigaron los sabios discursos de los pedos sapienciales.&lt;br /&gt;Los hijos flatulentos dijeron cosas sombrías. Una a una fueron cayendo las máscaras de Raimundo.&lt;br /&gt;Ya no pudo amar. Su credulidad fue diezmada por la palabra de los molestos pedos. Los engendros gaseosos no paraban de pensar. Y ya se sabe que el pensamiento es letal y homicida. Cuando estamos frente a la verdad la piel se convierte en lepra. Nos arrugamos. Sentimos la potencia de la noche en nuestra sangre y la mente se cubre de estupidez y cobardía. Desesperamos. Temblores violentos sacuden nuestros huesos. Lloramos como borregos y gemimos.&lt;br /&gt;Raimundo guardó en su memoria un par de pensamientos que lo impresionaron hasta llevarlo al suicido.&lt;br /&gt;Recordó con especial temor la palabra de tres pedos con olor a puchero criollo. Después de no poder más fue hasta el puente gigante de la ciudad, se desnudó y antes de caer como una piedra en las aguas del río repitió lo que los flatos le dijeron.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pedo uno: (con voz de presentador radial de los años treinta)- ¡Peste de estómago que tienes, bípedo Raimundo! Pero veo que no es mucho más limpio el mundo donde vives. ¡Apesta crimen y falsedad! ¿Qué siento en mi cuerpo de aire inmundo¿ ¡Es un pensamiento radical! La belleza es efímera y cruel. Los hombres sin dinero no cuentan. La vida humana es un virus cuya cura es la muerte. La mujer que hace mucho tiempo amaste con locura es ahora una bestia de la muerte. Su vagina es caldo para los demonios del infierno. En ella los espíritus de la maldad comen guiso mientras desgarran almas inocentes. La mujer tiene el recuerdo de tu viejo amor y llora a gritos. Todavía te ama pero está muerta y condenada. Es una olla repleta de pudrición. Horrible criatura llena de huesos y terrores infantiles. El amor es pobre, inútil, mentira, espasmo de la carne y luz estéril en la noche perpetua de la desolación.&lt;br /&gt;¡ Que mi pensamiento te sea de provecho, Raimundo!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sufrimiento atroz en el corazón del ser humano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pedo dos (con la voz lúgubre de un actor desempleado y alcohólico): ¡Cómo apesta el interior de tu persona, Raimundo! Tengo una rabia incrustada en mi cabecita de gas hediento. ¿No quieres compartir esta inquietud conmigo? Pues escucha con atención: El orden urbano es una caca deforme. No hay que decir más. Cualquier otra explicación será mentira y palabra de la ley absurda. Papeles por todas partes. Sellos. Caras hostiles de los empleados en las oficinas tristes de la masacre espiritual. Carne del cuerpo que se pudre despacio bajo las luces nocivas de los fluorescentes. Las muchachas hermosas envejecen de prisa y tienen hijos que serán asquerosos. ¡La esterilidad es la clave! Es una atrocidad perpetuar este sistema de humanos decadentes que producen dinero y mueren por él como viles organismos de sangre envenenada. No sirve la escuela. La educación es un negocio más. Una máquina sin rostro que reproduce la vaciedad de la lentitud burocrática. Los seres extraños que salen del vientre pedagógico no son más que obreros de la obediencia. Esto es casi toda la verdad: cumple con lo ordenado, trabaja en silencio, procrea con aburrimiento y muere sin levantar la voz. ¡Qué lindo será cuando todo reviente por los aires! Muerte de los libros grises. Los muros caerán como el barro de los aludes. No quedará nada. Cielo y arena en la inmensidad. No habrá un solo edificio donde se veneren a muertos de bronce y jirones de tela. Lo que vendrá no importa porque nada puede ser peor que el sistema educativo tal como lo conocemos ahora. ¿No querés una tarta de dulce de zapallo, Raimundo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Abolición de la industria hipócrita. Muchos hombres quedan sin trabajo. Mueren de hambre y son comidos por los cuervos de la esfera superior del ministerio. Al tiempo estos también se mueren de inanición.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pedo tres: (voz chillona, irritante y molesta): No. Raimundo. No hagas caso de los pedos anteriores. Sólo yo soy la verdad, la vida y la justicia recta. Mi verdad será breve porque no uso de metáforas ni dobleces verborrágicos. Es esta: existe un único dios. Habita en un universo lejano. Es el creador del mundo terrestre. Es un hombre por la mitad. No llega a ser un dios como los demás que pueblan el cosmos. Es una especie de esclavo subalterno que se encarga de las tareas innobles. Limpiar los inodoros sublimes de los dioses de mayor jerarquía, baldear soretes de ángeles y demonios, pasear las mascotas de los serafines y demás menudencias. Este ser tiene un vicio. Le gusta beber los restos podridos de los mundos que explotan. El problema es que los vestigios de los mundos aniquilados son alucinógenos. Como si uno se bebiera diez litros de mezcal. El tema es que este dios menor cuando está delirando inventa formas de vida horrendas. Pues bien: la humanidad es uno de sus tantos errores narcóticos. Así que no te angusties por nada. Cuando te mueres no habrá nada. Absolutamente nada. Será como si no hubieras existido jamás. Los delirios de este dios drogadicto no poseen la capacidad de continuar en la armonía de los universos luego de la muerte. ¿No gustarías un trocito de morcilla galáctica?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando Raimundo cayó contra el agua del río un grupo de gaviotas mutantes salió disparado por el susto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡La puta que los parió a los suicidas!- gritaron a coro las aves deformadas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la parte más alta del cielo un ojo imbécil miró la escena.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8327896073992417303-2856565073960985028?l=elinmensososa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elinmensososa.blogspot.com/feeds/2856565073960985028/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://elinmensososa.blogspot.com/2012/01/hay-que-martillar-el-viento.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8327896073992417303/posts/default/2856565073960985028'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8327896073992417303/posts/default/2856565073960985028'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elinmensososa.blogspot.com/2012/01/hay-que-martillar-el-viento.html' title='Los hijos flatulentos y sapienciales de Raimundo, la olla podrida, la mujer del sexo guisado, el dios que baldea soretes y las gaviotas mutantes'/><author><name>Patricio El Inmenso</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01397213389065244426</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_SYBcys2_ZZ8/S4Qea6aiVEI/AAAAAAAAABA/IJlQSyPNXTE/S220/sosus.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8327896073992417303.post-2882279598113153447</id><published>2012-01-27T12:34:00.000-08:00</published><updated>2012-01-27T12:35:07.361-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuentos'/><title type='text'>Si te hablan de amor, palo y a la bolsa</title><content type='html'>Ernesto comió una gigantesca pata de buey asado, bebió un barril de cerveza negra muy espesa, se acostó en su cama y eructó con gran sonoridad. La mujer que había alquilado para esa noche se comportó de maravillas. Era una experta en su trabajo.&lt;br /&gt;-Esto es vivir. Lo demás es miedo, deudas, gente fea y hambre-dijo.&lt;br /&gt;El sueño lo llenó. Durmió durante toda la noche sin sobresaltos mientras afuera de la casa el mundo se movía hacia la muerte. Una enfermedad extraña destrozó a la luna. Los restos cayeron en el patio de la casa de Ernesto y los perros salvajes los comieron. Se fueron moviendo sus colas peladas por la sarna, satisfechos y resplandecientes de luz lunar.&lt;br /&gt;Despertó al otro día. La cabeza le dolía. Era como un martillo machacando su cráneo. Una y otra vez. Sin parar. Un fuego de sabiduría instantánea le explotó en la mente.&lt;br /&gt;-Ernesto, desde ahora no beberás como cosaco y dedicarás tu vida a esparcir la buena noticia. El amor, la sobriedad, la paz y la amistad son las bases para edificar un mundo mejor.&lt;br /&gt;Y Ernesto salió a las calles de la ciudad a predicar la palabra del amor y la hermandad entre los hombres.&lt;br /&gt;Llegó al centro. Se paró en la vereda de un negocio de electrodomésticos y empezó a gritar como un condenado.&lt;br /&gt;-¡ Raza de víboras! ¿Acaso no fueron ustedes amasados con el barro divino de la creación? ¿Son hombres o bestias que comen, defecan y se aparean en medio de estremecimientos brutales? Esta ciudad es la puta más grande del mundo y en ella nos consumimos de infamia. ¿Ven esta licuadora y este tostador? Pues en estos objetos anida el espíritu inmundo de Satanás. ¡ Regresen a las fuentes! ¡Usen sus manos para cultivar la tierra y abominen de los aparatos hechos por el maligno! No paguen los impuestos y no se sometan al orden del hombre blanco. La única ley que deben cumplir es la sagrada ley del cielo: amen a su prójimo como a ustedes mismos.&lt;br /&gt;La gente lo miró con curiosidad. Entre los locos que atestaban la ciudad Ernesto destacaba por su discurso. Además no vestía harapos, estaba limpio e iba peinado con pulcritud. Unas viejas que estaban de gusto pararon a escucharlo. Un hombre que vivía desde hacía años en la calle lo miró con ojos vidriosos. Estaba borracho y todo sucio.&lt;br /&gt;-El amor por una botella de vino tinto sí que lo entiendo, hermano Ernesto, pero el amor a los hijos de puta que me dejaron en este estado de ruina es imposible para mí. ¿Amor? Si les digo a los adolescentes que me apalean todas las noches que los amo no solucionaría nada. Palo y palo en el mundo, Ernesto, nada más entienden los hombres.&lt;br /&gt;El borracho se fue caminado, tambaleante y refulgente de fracaso.&lt;br /&gt;La policía no tardó en llegar y se llevaron a Ernesto. En la comisaría explicó su misión de profeta urbano mientras tomaba un café con medialunas. Los policías lo escuchaban, asombrados y sonrientes. El comisario habló un rato con él y lo dejó ir.&lt;br /&gt;Lo encontraron muerto en un terraplén de las vías que se extienden al sur de la ciudad. Estaba desnudo y en su pecho le habían hecho heridas con un elemento cortante y filoso. Una planta silvestre crecía en sus cuencas vacías. En la morgue lo lavaron y descubrieron que las heridas formaban un mensaje.&lt;br /&gt;-Si te hablan de amor, palo y a la bolsa- leyó el forense.&lt;br /&gt;A Ernesto le dieron palo pero le negaron la bolsa.&lt;br /&gt;Estuvo a la intemperie y las alimañas de la noche le comieron los ojos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8327896073992417303-2882279598113153447?l=elinmensososa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elinmensososa.blogspot.com/feeds/2882279598113153447/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://elinmensososa.blogspot.com/2012/01/si-te-hablan-de-amor-palo-y-la-bolsa.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8327896073992417303/posts/default/2882279598113153447'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8327896073992417303/posts/default/2882279598113153447'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elinmensososa.blogspot.com/2012/01/si-te-hablan-de-amor-palo-y-la-bolsa.html' title='Si te hablan de amor, palo y a la bolsa'/><author><name>Patricio El Inmenso</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01397213389065244426</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_SYBcys2_ZZ8/S4Qea6aiVEI/AAAAAAAAABA/IJlQSyPNXTE/S220/sosus.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8327896073992417303.post-106471743867434068</id><published>2012-01-27T12:33:00.000-08:00</published><updated>2012-01-27T12:34:19.904-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuentos'/><title type='text'>Un increíble ser en el medio de la noche</title><content type='html'>Esto será muy simple y cuadrado. Como un bloque de tierra roja entre las manos. Para que las imágenes entren en la cabeza se necesitan tres destornilladores con punta de cobre. Los cráneos están tan ajustados que para abrirlos hay que ejercer una presión de mucho peso por milímetro. Así las cosas. Bien. ¿Ya encontró el destornillador? ¿Lo busca todavía entre los paquetes de arroz y las latas de atún desmenuzado y en aceite? Perfecto. Abra su cabeza. Tenga en la palma de la mano al cerebro, mírelo bien, con atención suma. Ahora arranque todo lo innecesario y suspenda la incredulidad.&lt;br /&gt;Josefías Almohada estaba en su casa. Había trabajado muy duro en los tubos cloacales y se hallaba cubierto de mierda. Desde la punta de los dedos de sus pies hasta la coronilla de su noble testa. Harto, el hombre bebía su café nocturno mientras escuchaba el sonido tranquilizador del arroyo que corría detrás del patio de su casa. El rumor del agua precipitada hacia los mares le tocaba el corazón. El furor, la pena, la sensación roja de ira y el color gris del fracaso se atenuaron. Josefías Almohada no era feliz. Sin embargo tenía momentos de distención que usaba para limpiar su alma. La familia Almohada tenía un abundante historial de demencia y miseria. Josefías, para escapar a este destino terrible, había trabajado con perseverancia desde su niñez. Hizo de todo. Fue repartidor de bidones de agua, empleado en un laboratorio, vendedor de dulce de leche, corrector de un diario nacional, locutor de radio y encargado de un edificio. No le hizo asco a nada. Incluso llegó a desempeñarse como matarife en un sombrío y mugriento frigorífico ubicado en el borde final de la ciudad.&lt;br /&gt;El café de la noche significaba el triunfo de Josefías sobre la miseria y la locura.&lt;br /&gt;Hasta que apareció el ser increíble.&lt;br /&gt;Emergió de pronto de una media tirada en el suelo de la cocina y se enseñoreó de la casa. Tenía forma de insecto y de robot pequeño. Al desplazarse emitía un sonido de servomecanismos que crispaba los nervios. Veloz y casi invisible, destruyó la casa de Josefías en un instante. Las ruinas dibujaron en la atmósfera nocturna el trazo definitivo que reveló la naturaleza de lo real. Josefías miró la desolación de su casa, miró con ojos llorosos y enormes de asombro y lo supo. Esa destrucción repentina lo había buscado desde el fin del tiempo hasta que lo encontró, bebiendo café y cansado de su jornada laboral.&lt;br /&gt;El bicho trepó por la espalda de Josefías. Se posó en uno de sus hombros y ahí se quedó, inmóvil y respirando con ruidos de turbinas pequeñas. La sombra de la noche creció. Una extraña sensación de ceguera verde ocupó el contorno de las cosas.&lt;br /&gt;Y las borró.&lt;br /&gt;Solo en la boca de la noche. Solo y perdido. Un hombre en medio de una mancha que desaparece.&lt;br /&gt;El increíble ser movió sus patas mecánicas y se desvaneció en un remolino de sangre eléctrica.&lt;br /&gt;Aquella fue la última noche de Josefías Almohada.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8327896073992417303-106471743867434068?l=elinmensososa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elinmensososa.blogspot.com/feeds/106471743867434068/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://elinmensososa.blogspot.com/2012/01/un-increible-ser-en-el-medio-de-la.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8327896073992417303/posts/default/106471743867434068'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8327896073992417303/posts/default/106471743867434068'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elinmensososa.blogspot.com/2012/01/un-increible-ser-en-el-medio-de-la.html' title='Un increíble ser en el medio de la noche'/><author><name>Patricio El Inmenso</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01397213389065244426</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_SYBcys2_ZZ8/S4Qea6aiVEI/AAAAAAAAABA/IJlQSyPNXTE/S220/sosus.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8327896073992417303.post-6009827777671963285</id><published>2012-01-25T12:24:00.000-08:00</published><updated>2012-01-25T12:25:16.965-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuentos'/><title type='text'>Cabeza de tuerca</title><content type='html'>Radius despertó una mañana como siempre lo había hecho. Primero aceleró su respiración para alcanzar el ritmo adecuado. Después puso sus manos contra la cadera. Abrió los ojos con lentitud estudiada y miró el techo. Una imagen de belleza pura lo catapultó al día. En la blancura del cielorraso se destacaba una ecuación imposible. Radius la miró con fijeza. La analizó, la resolvió en tres segundos y suspiró de felicidad. Sintió que el orden del cosmos le tocaba la frente en signo de aprobación.&lt;br /&gt;El gancho estaba al alcance de la mano. Radius lo encajó en su cabeza ampliada, tomó una cadena y tiró. Ya estaba levantado y yendo hasta la cocina para prepararse un café negro.&lt;br /&gt;Radius era un hombre metódico hasta un extremo que lindaba con el absurdo. Experto en las disciplinas más arduas de la ciencia y genio de la matemática, este pequeño individuo de cabeza enorme vivía en un cubículo cuadrado de tamaño minúsculo. El cubículo se encontraba dentro de una lata inmensa que había sido usada antes de la gran peste como envase de tomates y berenjenas. La lata era una gigantesca cúpula brillante llena de pequeños departamentos donde se apiñaban las vidas de los sobrevivientes. Era muy complicado vivir en esas condiciones. Pero la costumbre, como antes el amor y ciertas sustancias narcóticas, obra milagros.&lt;br /&gt;La devastación del viejo orden había dejado al mundo todo roto y todo tirado. Nada de lo que debía funcionar funcionaba. Desde un cielo arrugado de nubes podridas llovía basura y ácido. No había luz solar debido a los cúmulos de polvo que ensombrecían la atmósfera. Era un ambiente cerrado, caluroso hasta lo inaguantable, rancio, denso y turbio. Las ciudades ya no parecían un conjunto de barrios y avenidas dispuestas por el ingenio humano civilizado. Parecían pesadillas urbanas. Una espesa vegetación roja tan dura como el acero infestaba todos los lugares. Esta vegetación crecía desmesuradamente por las noches dejando que sus frutos se abrieran al viento nocturno. Desde monstruosos bulbos semejantes a dedos deformes salían vapores ardientes que esparcían una angustia incurable y mortal. Los habitantes llamaban a estos frutos horribles manzanas eléctricas y naranjas soviéticas. La vida se deformaba y se gastaba con prisa. Cuando las tormentas arreciaban sobre las ciudades quebradas un extraño rumor de latas lo ocupaba todo. Era una música del fin del mundo que resonaba entre los pasadizos de los cubículos como si Bach estuviera tocando un clavicordio atómico. La angustia emergente de las manzanas eléctricas y las naranjas soviéticas entraba por los caños y resquicios, subía hasta los edificios más altos hechos en botellas y penetraba las narices de los durmientes para dejarlos muertos después. La angustia actuaba con celeridad y era eficaz. El dormido apenas si sentía una incomodidad dentro de su cerebro, como si un insecto lo estuviera royendo con dulzura. Pero luego un pánico unánime lo asaltaba, lo despertaba con violencia, lo hacía temblar de terror y lo partía a la mitad. El cuerpo, abierto con perfecta simetría, se volatilizaba de tremendo horror. Cada noche, mientras en los cubículos nadie amaba ni soñaba, las manzanas eléctricas y las naranjas soviéticas destilaban la demencia con indiferencia de vegetales.&lt;br /&gt;Para evitar que el terrible perfume lo partiera de locura, Radius, en un súbito arranque de ingeniería mecánica superviviente, ideó, fabricó y usó un dispositivo simple y barato que lo mantuvo seguro hasta el momento de su espantosa muerte. El dispositivo tenía un nombre impresionante. Por ese entonces, como todo adolescente, Radius se mostraba propenso a la genialidad y la exageración del lenguaje. El OFDOE (obstructor físico de ondas aromáticas demenciales) no era otra cosa que dos pequeños tapones hechos con miga de pan que Radius se colocaba en sus fosas nasales antes de irse a dormir. Parece tonto. Pero a nadie se le ocurrió otra solución. Sucede que la radiación, la peste, la ruina, la pésima dieta de ratas mutantes asadas y la desintegración de las configuraciones culturales engendraron una estupidez potente. Si antes era un mal abundante ahora la imbecilidad lo llenaba todo.&lt;br /&gt;Largos años de disciplinado estudio y un ascetismo inquebrantable forjaron el carácter de Radius. En su etapa de púber no conoció mujer alguna y hubo de consolarse como pudo. A diferencia de los demás púberes, tan ejercitados en vicios varios y demás prácticas amatorias, Radius exhibía un completo dominio de sí. Era un estoico, un ejemplar anacrónico de la temperancia y la virtud espartana. No había un momento de ocio para él ya que cada segundo lo utilizaba para aprender, estudiar y analizar cálculos matemáticos. A los quince años logró ser el más sabio experto de análisis matemático del mundo. Estaba contento por haber llegado a ser lo que soñó desde niño, pero no imaginó nunca lo que la vida le tenía preparado.&lt;br /&gt;Primero fue el cuerpo.&lt;br /&gt;Radius tenía un físico vigoroso, delgado, flexible y fibroso. Además de estudiar sus libros de cálculos se sometía a tres horas diarias de gimnasia. Ejercitaba sus brazos, pectorales y abdominales para evitar la propensión general de su tiempo a la O P (obesidad paradójica). Pero cuando las horas de estudio se multiplicaron, Radius no pudo seguir con sus ejercicios. En poco tiempo engordó, perdió fuerza y se fue achicando. La O.P actuaba de manera irracional. Cuando una persona se alimentaba mal o dejaba de hacer actividad física la grasa aumentaba y se desparramaba por doquier. La grasa volvía obesos a los afectados pero después de un periodo de incubación se convertía en piel muerta. A los meses el cuerpo de Radius quedó reducido a una especie de globo desinflado que ya no podía sostenerse en pie. Para peor, porque una desgracia jamás viene sola sino que llega acompañada por otras todavía más duras, el cerebro de Radius empezó a aumentar de tamaño a ritmo frenético. A los días de haber comenzado ese veloz crecimiento, el cráneo del muchacho se abrió en tres partes. Por entre el pelo negro y un poco sucio se asomaban fragmentos de cerebro en busca de espacio. Radius sintió temor, pero su espíritu práctico se sobrepuso y ese mismo día inventó un artefacto. Era una extensión craneana consistente en una caja de zapatos pintada de blanco óseo. Por medio de ganchos y tornillos se la fijaba a la cabeza para que el espacio fuera más amplio. El cerebro creciente de Radius salió de su apretado hábitat para acomodarse en la nueva cabeza y una vez allí empezó a pensar.&lt;br /&gt;Durante su juventud Radius se vio obligado a resolver problemas técnicos que comprometían, nada más y nada menos, su vida. Como desplazarse merced a sus piernas le era imposible tuvo que crear un sistema de palancas, ganchos, cadenas y ruedas dentadas. Con muchas dificultades logró proveerse de todo lo necesario. En un cuaderno de notas dibujó el modelo a escala y ensayó distintas disposiciones hasta encontrar la más funcional. En el techo, atornilladas, había vías hechas con lata. Sobre ellas corría una argolla de metal cuya base rodante le permitía ir y venir en varias direcciones según previos ajustes de recorrido. En su cabeza ampliada Radius adosó un gancho que encajaba con la argolla. Una cadena de eslabones gruesos servía para tomar impulso y mover la base rodante. Cuando quería moverse tiraba de la cadena y el sistema lo trasportaba. El resultado final era como ver una gran calabaza atada a un gancho de carnicería recorriendo un paseo de fin de semana. Afortunadamente Radius no había perdido la fortaleza de sus brazos. De no haber sido así no podría haberse movido en su sistema de cadenas, ganchos y vías de lata. Los ejercicios del pasado habían tonificado sus bíceps a perpetuidad.&lt;br /&gt;Como consecuencia de sus innumerables desafíos Radius se convirtió en el ser humano más metódico y práctico que jamás se haya conocido. Este color de alma lo llenó por entero y lo moldeó en todos los aspectos. Radius era un científico. Un lógico. Una persona que tuvo que hacer uso de la racionalidad más aceitada para seguir con vida en un ambiente hostil donde extrañas frutas segregaban demencia. Por eso cada acto, incluso los más intrascendentes ( si es que hay algo así) se volvía un rito minucioso en manos de este muchacho genial e inválido.&lt;br /&gt;Y así vivió hasta su madurez.&lt;br /&gt;El día de su cumpleaños número treinta el delirio lo encontró.&lt;br /&gt;Pegado a su cubículo había otro, todavía más pequeño que los demás. Estaba hecho en lata y cartón. Vivía en él una familia de enanos sarnosos, muy correctos y silenciosos. Por alguna razón que Radius ignoraba la familia entera dejó el lugar. A la hora un desconocido llegó y se instaló para vivir.&lt;br /&gt;Y fue el principio del fin.&lt;br /&gt;Es de mañana. El sol no puede ser visto porque el cúmulo de peste cubre el cielo. Pero los relojes funcionan y algunos pájaros resistentes a la lluvia ardiente vuelan y cantan arias de ópera traumática. La actividad del barrio es ruidosa. De tubos y agujeros salen vapores pestilentes. Los recolectores de muertos ya han salido de sus cubículos antes de las seis de la mañana y montados en las enormes motos- humanoides pasan lentamente por las calles pregonando su trabajo. Las motos humanoides son vehículos muy útiles y confiables. A una motocicleta común se le agrega como motor un cerebro humano desechado. El cerebro, conectado a un pistón, es un excelente generador de energía que permite el avance de la máquina. Es una marcha lenta, pero imparable y muy útil para llevar pesadas cargas. Los recolectores de muertos se encargan de limpiar las calles de los muchos cadáveres que la noche deja. El crimen cunde en el barrio y la ley ya hace años que desapareció. Cada uno cuida de sí mismo. Durante la mañana los asesinatos disminuyen. Es raro ver que persisten ciertas costumbres del pasado. No resulta descabellado conjeturar que los asesinos sienten más emoción si matan cuando es de noche. Es como si ellos fueran demonios amparados por el anonimato. Los muertos deben ser sacados de las aceras porque la lluvia ácida los disuelve y el líquido sobrante se mezcla con el agua. De manera que ahí aparecen los recolectores, en sus motos- humanoides, con sus trajes de cartón reforzado y sus bolsas negras tejidas en brea y limo. Llegan, bajan de sus motos, hablan entre ellos y trabajan hasta dejar limpias las calles. Se van luego a los bares propicios para la ebriedad, la prostitución y la juerga pesada. Todo es furioso en los bares. Los trabajadores entran ya con el ánimo dispuesto a la diversión dura. Porque están hartos de vivir en la mugre, siempre trabajando por la comida y la poca ropa, lejos del sol, cubiertos de polvo nuclear, con las caras enrojecidas por la radiación y calvos como bebés gigantescos. Entonces no pueden hacer sino lo que mejor hacen: beben y beben con ansiedad hasta que una provocación mínima (o un invento de la misma, todo vale para poner en movimiento las cosas) desata una pelea a puño limpio. Y así es como se hace para paliar el tedio apocalíptico que consume y gasta a los cuerpos, tritura las mentes y erosiona los huesos. La bebida es mala. Un compuesto de alcohol artificial y cebada mutante con una pizca de opio mecánico. Al beberla la garganta se incinera. La borrachera es fulminante y llega a los pocos minutos. Para ponerse de la gorra no es indispensable beber demasiado. En general medio litro es suficiente. Los trabajadores, en particular los recolectores de muertos, tienen que beber más de cien litros en la noche para perder la razón. Por eso a menudo se los ve tristes y angustiados. El dinero que ganan no alcanza para una noche de perdición y deben conformarse con beber como correctos y honorables caballeros. Una tortura. Mientras alrededor los demás se matan a golpes y se ríen y vociferan insultos ellos están ahí, sobrios y pobres.&lt;br /&gt;Las lámparas de aceite de perro alumbran la mañana. Hoy el cielo es una cruda cicatriz de hollín sobre las cabezas de los habitantes. Llueve. La basura huye moviendo sus patas de insecto por las esquinas. Los basureros corren tras ella enarbolando viejas redes inservibles. En las casas de compra y venta los esclavos esperan por una buena o mala oferta. La lluvia cae oblicua sobre sus cuerpos y los quema despacio. No hay nada que sea agradable. La ceniza que escupen los pozos subterráneos llega hasta los ojos y los hiere. El agua putrefacta de los canales invadidos por las hierbas carnívoras es un espejo fúnebre que multiplica la desolación. No hay casas blancas en los barrios de jardines simétricos. El color se fue muy lejos. Los vecinos ya no conversan ni se inquietan por los problemas financieros. Las mujeres van caminando por entre las ratas y las cazan usando sus manos huesudas, fuertes como garras. El hambre es unánime. Los niños sufren deformaciones. Ninguno de ellos tiene boca y una desesperada abertura en sus cuellos intenta reemplazar a los labios, los dientes, la lengua. Corren como si fueran organismos no dotados para permanecer de pie. Están calvos. Usan harapos y no saben ni pueden hablar. En vez de piel tienen escamas. Vagan por el día sucio como si ya no hubiera sangre amante sobre la tierra.&lt;br /&gt;Y no la hay.&lt;br /&gt;La peste fue un desastre mundial. No se sabe lo que ocurrió. La luz se convirtió en una masa ardiente que cegó todo lo vivo y después de un instante no hubo sonido ni pulso. La cáscara del mundo tembló. Los monstruosos edificios de las urbes cayeron o desaparecieron. En los bosques los lagos se secaron en minutos junto con sus peces de cuerpos plateados. Lo que supo ser una máquina de producción, viva, compleja y sufriente, quedó muerta como un viejo motor quebrado por la herrumbre. No hubo nada. Ningún movimiento. Sólo el viento negro que inventó espirales de polvo entre los restos cadavéricos. Esto ocurrió. No hubo advertencia ni signos que avisaran del horror. Sucedió como antes habían sucedido matanzas, locuras, fuegos universales, extraños fenómenos y muertes solitarias. Lo que antes se pensaba bueno fue luego una nada. Los ritos mutaron lo mismo que los cuerpos y las mentes. La enfermedad lo penetró todo y creó un mundo desquiciado. Las mentes de los que viven y ya no sueñan están repletas de fantasmas que comen y roen los cerebros. La ilusión mórbida es lo real. No queda espacio para una palabra sin suciedad demencial y cada acto que se ejecuta es un mundo que muere de irrealidad. Se vive porque el mandato de sobrevivir todavía insiste y clava su deseo en todo el cuerpo. Pero es una forma del vivir inclinada hacia el absoluto horror. La pena llega, sube por las piernas, trepa como un ciempiés tenaz de vientre helado y se queda en la piel para siempre.&lt;br /&gt;En el barrio donde vive Radius los perros han salido de sus cuevas para cazar. Van en jaurías muy numerosas para evitar los lazos de Los Untuosos. Estos hombres sin pies que deben usar ruedas incrustadas en sus tobillos se dedican a la fabricación de aceite. Con ella alimentan a las lámparas de las calles. Cuando la sombra es demasiado cruda llenan con aceite de perro los tanques de las lámparas y una luz moribunda sume al barrio en un ambiente antiguo. Los Untuosos son sordomudos y poseen una vista excepcional. Viven en los bajos donde abunda la lepra neuronal, son vegetarianos y demuestran un gran sentido laboral y de pertenencia al grupo. Sus mujeres van vestidas con bolsas atadas y a veces se lavan en los ríos industriales hirvientes de contaminación.&lt;br /&gt;Radius no sabe qué hacer. Su vida se ha convertido en una agonía desordenada. Nada puede ser peor para él. El desorden lo humilla y lo aplasta. La ruina general del mundo por fin ha penetrado en su corazón metódico y limpio.&lt;br /&gt;Fue el vecino.&lt;br /&gt;Durante un mes Radius mantuvo una guerra a muerte con el nuevo inquilino. Fue una guerra todavía más cruenta y feroz que las múltiples guerras mundiales, todas juntas y envueltas para regalo. Pero la estrategia de su enemigo lo derrotó. Si hubo una guerra terrible sólo Radius la sufrió. El vecino ni se enteró.&lt;br /&gt;Radius se mira en el espejo de su baño. Lo que ve lo inunda de horror.&lt;br /&gt;Donde antes estaba su cabeza enorme y perfeccionada con una caja de zapatos ahora hay una abominación de hierro.&lt;br /&gt;La cabeza de Radius es una tuerca gigantesca. Una tuerca oxidada y negra. Los ojos de Radius parpadean en la parte superior. En la inferior está su boca, ahora diminuta y grotesca.&lt;br /&gt;La desesperación lo empieza a devorar.&lt;br /&gt;Una risa fresca llega desde el otro lado de la pared de lata.&lt;br /&gt;¿Qué ha ocurrido?&lt;br /&gt;Pues esto es lo que pasó: el vecino de Radius es una perfecta inversión de todas las virtudes que hicieron del inválido un sobreviviente. Si en Radius hubo lógica en su vecino hay demencia. Donde Radius veía belleza geométrica su vecino ve trazos incomprensibles. El agua y el aceite. Las antípodas vecinales.&lt;br /&gt;Las fiestas y orgías que el vecino armaba en su casa herían el descanso de Radius. No podía concentrase en sus ecuaciones. Para peor las orgías no terminaban con el amanecer, sino que duraban días y noches. Era una locura insoportable. Los gritos, los gemidos y la música que brotaba a un volumen infernal socavaron la vida pura de Radius.&lt;br /&gt;El inválido no podía salir a la calle. Sin el sistema de poleas le resultaba imposible el traslado. De modo que se las ingenió para entablar comunicación con su vecino a través de un aparato que ideó y construyó en tres días. Era un escarabajo mecánico hecho con las partes de un televisor viejo que Radius usaba como escritorio. El escarabajo podía pasar entre las fisuras de la pared. En una de las patas del insecto robótico el inválido ponía un papelito enrollado con sus mensajes. Mandó cientos. Todos en un tono educado y formal. No obtuvo respuesta. Las fiestas y las orgías continuaban. Radius padecía. Hasta que una noche en la que no podía dormir (igual a casi todas las noches) escribió este mensaje para que su escarabajo lo pasara al otro lado: De seguir así deberé usar medios violentos para lograr la paz. Vecino, tengo la esperanza de que esta situación se arregle sin tener que recurrir al asesinato. Por favor, responda a este mi último mensaje. Radius, su vecino.&lt;br /&gt;De una abertura en la pared salió el escarabajo. Estaba herido. Le habían clavado un pedazo de acero en su vientre. Antes de caer muerto el insecto le entregó a su creador el mensaje de su verdugo. Radius desenrolló el papel (el mismo que usó para su mensaje final) y leyó en voz alta: Vecino, ¿por qué no se va usted a la puta que lo parió?&lt;br /&gt;Desde ese hecho la vida de Radius comenzó a enloquecer. Lo intentó todo. Ideó bichos de alambre programados para matar. Recurrió al envenenamiento. Metió un tubo en la pared y lo conectó al sumidero para que los gases pasaran a la casa del vecino.&lt;br /&gt;Nada resultó.&lt;br /&gt;Una mañana, luego de un mes sin poder dormir, Radius se levantó, se colgó de su gancho y fue hasta el baño.&lt;br /&gt;Y entonces la vio.&lt;br /&gt;La enorme tuerca oxidada usurpando el lugar de su cabeza.&lt;br /&gt;La demencia lo gastó. Radius se dijo que aquello no era más que una alucinación. Con los restos de su mente brillante educada en la razón luchó contra la locura. El combate fue largo. Radius no era presa fácil. Sin embargo, la tuerca descomunal que ahora era su cabeza seguía ahí, dura, sólida y real.&lt;br /&gt;Y no pudo más.&lt;br /&gt;-Soy un cabeza de tuerca- repitió con su voz pequeña día a día, noche a noche, mañana a mañana, tarde a tarde, sin parar.&lt;br /&gt;Radius murió de hambre y sed. La vida lo abandonó mientras intentaba colocar el gancho en su cabeza. Las poleas y las cadenas fueron su tumba.&lt;br /&gt;Del otro lado de la pared de lata las fiestas continuaban.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8327896073992417303-6009827777671963285?l=elinmensososa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elinmensososa.blogspot.com/feeds/6009827777671963285/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://elinmensososa.blogspot.com/2012/01/cabeza-de-tuerca.html#comment-form' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8327896073992417303/posts/default/6009827777671963285'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8327896073992417303/posts/default/6009827777671963285'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elinmensososa.blogspot.com/2012/01/cabeza-de-tuerca.html' title='Cabeza de tuerca'/><author><name>Patricio El Inmenso</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01397213389065244426</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_SYBcys2_ZZ8/S4Qea6aiVEI/AAAAAAAAABA/IJlQSyPNXTE/S220/sosus.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8327896073992417303.post-6824941888165498362</id><published>2012-01-25T12:23:00.000-08:00</published><updated>2012-01-25T12:24:34.520-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuentos'/><title type='text'>El hotel para ratones de Panzacochino</title><content type='html'>Fue muy famoso y aparece nombrado en varios libros. El hotel está en medio de un risco y alrededor el desierto se extiende sobre la tierra en su atroz aridez. Los cactus gigantes llenan los caminos. Van siempre a pie, caminando con su andar tan característico, muy verdes bajo los rayos tremendos del sol y con sus sombreros de ala ancha en sus cabezas florecidas. Son los clientes más asiduos del hotel. No piden habitación ni se quedan en el comedor, vienen para beber el excelente vino y para escuchar las historias de los caminantes. Salen ebrios, emocionados y felices. Ellos, las langostas viajeras, los paliduchos narigones y los ratones son los únicos a los que se les permite entrar. Antes el hotel estaba abierto a todos los seres del desierto. Y como el hotel tenía las comodidades más lujosas y baratas del mundo siempre estaba repleto. Las luces no se apagaban jamás. La noche en el desierto es una joya helada y cruel, con bordes afilados que pueden lastimar y matar. En el hotel nunca anochecía. Potentes luces generadas por ardillas eléctricas empujaban a las sombras. Ahora las luces se apagan cuando la noche llega. Mantenerlas encendidas sin pausa demanda un gasto que el hotel no puede permitirse.&lt;br /&gt;Cuando las multitudes atestaban el lugar las ardillas no paraban de correr sobre una cinta magnética. Era un buen trabajo y muy buen pago. Después del día funesto el sindicato de los obreros lumínicos decidió que trabajar en esas condiciones era peligroso para sus operarios. Se marcharon lejos, dejando al hotel con una luz débil que tejía penumbras sólidas.&lt;br /&gt;¿Qué fue lo que pasó en el día funesto?&lt;br /&gt;Las versiones abundan. La más difundida asegura que una tarde del año de los destiladores de cardos una comitiva de escarabajos peloteros arribó al hotel. Llegaron con sus limusinas amarillas y bajaron el equipaje más grande que se había visto hasta ese momento. Apenas descargaron sus gigantescas pelotas de excrementos Panzacochino llamó a los guardias. Las pelotas de inmundicia fueron incautadas hasta que los escarabajos abandonaran el establecimiento. Así eran las normas. A los bichos no les gustó nada dejar sus amadas pelotas dentro de los sótanos. Se opusieron. Se quejaron. Argumentaron y discutieron. Panzacochino los escuchó con respeto y mantuvo su decisión. Era su hotel y no iba a dejar que los escarabajos anduvieran por ahí empujando sus pelotas olorosas. Los bichos por fin desistieron no sin antes mirarse con gestos extraños. Los botones sudaron bajo el peso de aquellas valijas de cuero negro, subieron por las escaleras ya que las canastas ascensores estaban siendo reparadas, acomodaron los bultos en las suites y nunca se los volvió a ver. Se esfumaron. Desaparecieron. Tiempo después, triste y rabioso al mismo tiempo, Panzacochino dijo que los escarabajos peloteros no desayunaron ni comieron nada pasados tres días de la ausencia de los botones.&lt;br /&gt;-Es obvio- dijo con su voz grave- Los escarabajos los devoraron. Una tragedia. Una tragedia.&lt;br /&gt;A partir de ese día el hotel más próspero del desierto comenzó a declinar. Su único dueño, el señor Amadeus Panzacochino, quedó en la miseria.&lt;br /&gt;-Una tragedia. Una tragedia- decía a cada instante y movía su hocico afeitado.&lt;br /&gt;Panzacochino no fue siempre un millonario. Su fortuna pertenece a la clase de las llamadas Fortunas de la intrepidez. Esto significa que para ganar millones hay que tener valor y emprender una aventura peligrosísima. Panzacochino estaba harto de no tener ni para comprarse un pedazo de bazofia para comer y decidió entrar en el bosque de los aullidos. Este lugar se nombraba en todas partes debido a lo que vivía ahí. Se decía que el bosque estaba habitado por monstruos horribles que rondaban en la noche en busca de presas incautas. Los monstruos atrapaban a alguien, lo inmovilizaban con su gran fuerza y le sorbían la piel con sus trompas babeantes. Se decía que los monstruos habían acumulado una fortuna increíble en objetos de oro y plata que llevaban sus víctimas, puñales, anillos y demás. Los monstruos eran indiferentes a estos preciosos objetos y los amontonaban en pilas altísimas. Ni siquiera los usaban para jugar. Panzacochino se enteró, juntó sus pocas cosas y salió camino al bosque.&lt;br /&gt;Se dice que el valiente Panzacochino penetró en el bosque sombrío, durmió tres noches y caminó hasta el centro donde hizo un fuego para calentarse. La primera noche no pasó nada y Amadeus pudo dormir un par de horas. El fuego lo animaba. Incluso se preparó una buena taza de café con leche que tomó con dos vainillas rellenas. La segunda noche aparecieron los monstruos. Eran tan pequeños que sólo verlos inspiraba ternura. Panzacochino espera algo aterrador, garras, ogros de varios metros de altura y con los cuerpos deformes cubiertos con púas. Los tan temidos monstruos del bosque vivían en paz, eran excelentes granjeros, tenían una cultura musical muy desarrollada y gustaban de la filosofía. Nada le costó al sagaz Panzacochino obtener la amistad de estos seres pacíficos. Y menos le costó llevarse varias pilas de objetos preciosos.&lt;br /&gt;Otras versiones desmienten toda esta historia y la califican de inverosímil y apócrifa. Hablan de la aventura de Panzacochino como un robo enorme, una estafa que perpetró luego de tejer un plan maestro.&lt;br /&gt;Sea como fuera, Amadeus Panzacochino se hizo de una fortuna interminable merced a su arrojo. Regresó del bosque sano y salvo y al poco tiempo inició un viaje al desierto. Una vez allí construyó el hotel más grande, lujoso y barato del planeta. El éxito fue inmediato. Los bajos precios hicieron que los seres del desierto y demás lugares acudieran por millares. El hotel ofrecía tantas diversiones como personas iban a distraerse. Se rumoreaba que cada huésped o visitante del hotel encontraba su diversión deseada sin tener que pedirla siquiera. El servicio resultaba perfecto.&lt;br /&gt;Amadeus Panzacochino multiplicó la inversión de su proyecto en menos tiempo de lo previsto.&lt;br /&gt;Hasta que fue el día funesto.&lt;br /&gt;Los escarabajos peloteros llegaron, devoraron a todos los botones y se encerraron en las habitaciones. Pronto el desastre se esparció. Explosiones y bolas de fuego. Huéspedes que corrían despavoridos, paredes derrumbadas, robos y peleas. Los muertos comenzaron a apilarse en los pasillos alfombrados y el hotel empezó a hundirse en la arena del desierto.&lt;br /&gt;Para el atardecer de ese día las ruinas humeantes se unieron a la desolación del paisaje.&lt;br /&gt;Amadeus Panzacochino, manchado el rostro, sudoroso y herido, miraba la destrucción. Un caracol marítimo trataba de consolarlo. Panzacochino estaba quebrado por dentro. Toda su vida se había caído y quemado junto al hotel. Aquellas vigas ennegrecidas, las cortinas de seda, los hierros del techo y las brasas ardientes que habían sido muebles de ébano eran mucho más que objetos materiales. El alma de Panzacochino latía en ellos.&lt;br /&gt;-Tiene que agradecer que está vivo- dijo el caracol. ¿Sabe qué es indignante además de todo este holocausto? Que los escarabajos peloteros lo hacen por diversión.&lt;br /&gt;Y entonces Panzacochino comprendió. Se golpeó la frente con su pezuña y lanzó al aire un alarido estremecedor.&lt;br /&gt;-Soy el cerdo más estúpido que se haya conocido jamás- exclamó. Los escarabajos vinieron a mi hotel para pasar un par de semanas de tranquilidad y esparcimiento. Pero para ellos nada de lo que podíamos ofrecerles puede compararse con empujar pelotas de excremento. Es su función. Su razón de ser. Empujan sus pelotas de porquería para ser lo que son. Y yo se los quité. Les borré su identidad para proteger las normas de higiene del hotel. Esto trajo las terribles consecuencias que ahora sufro. El hotel no estuvo a la altura de estos señores clientes. No había diversión adecuada para ellos y por eso destrozaron todo. ¿Cómo no pude preverlo? Desde ahora juro que sólo tendré un hotel pequeño hecho con cajas de zapatos y cajones de duraznos. Este hotel estará exclusivamente pensado, construido y habilitado para ratones, cactus, conejos del desierto, caracoles marinos , los narigones pálidos y demás seres inofensivos y de gustos sencillos. Me he dejado arrastrar por la pompa y la abundancia. Mi hotel para ratones será el lugar de la infancia, un refugio, un país secreto y un descanso para el caminante fatigado por el sol y las tormentas de arena. A trabajar se ha dicho.&lt;br /&gt;Así se inició el proyecto del hotel para ratones de Panzacochino.&lt;br /&gt;Ya no es millonario ni tan famoso. Pero los caminantes que llegan casi muertos luego de cruzar el desierto aseguran que no hay lugar tan hermoso y confortable. Estiman y respetan a Panzacochino y cuando se despiden para continuar el viaje le dejan obsequios inestimables. En una vitrina hecha por sus propias manos Panzacochino guarda y muestra estos regalos: una flor del desierto, una cantimplora polvorienta, una nariz de repuesto de un narigón pálido, la bolsa de viaje de una langosta y varias fotografías del hotel firmadas y dedicadas.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8327896073992417303-6824941888165498362?l=elinmensososa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elinmensososa.blogspot.com/feeds/6824941888165498362/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://elinmensososa.blogspot.com/2012/01/el-hotel-para-ratones-de-panzacochino.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8327896073992417303/posts/default/6824941888165498362'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8327896073992417303/posts/default/6824941888165498362'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elinmensososa.blogspot.com/2012/01/el-hotel-para-ratones-de-panzacochino.html' title='El hotel para ratones de Panzacochino'/><author><name>Patricio El Inmenso</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01397213389065244426</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_SYBcys2_ZZ8/S4Qea6aiVEI/AAAAAAAAABA/IJlQSyPNXTE/S220/sosus.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8327896073992417303.post-3149994714544380321</id><published>2012-01-25T12:03:00.000-08:00</published><updated>2012-01-25T12:25:41.752-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuentos'/><title type='text'>Monstruos libidinosos, escorpiones y criollitas con mermelada</title><content type='html'>Estaba acostado en el suelo de casa cuando ocurrió. Hacía calor. Afuera el regador del patio quebraba el silencio del barrio. Los tres álamos subían al cielo. Los miré y me sentí mejor. Una tristeza sucia, hecha de ilusiones deformadas y comida enlatada, me había agarrado bien fuerte por el pie. Y tiraba. Me arrastró por el piso de la pieza mientras la luz de la calle entraba por la ventana abierta. Estuve así, como un animal aterrorizado, doblado y abrazado a un pantalón roto y esperando que el aplastamiento pasara. Estoy acostumbrado. Hay gente en el mundo que se levanta en la mañana y debe enfrentar al día con la deformidad en su corazón. Yo estoy alucinado y todavía así insisto. Me lavo la cara con agua fría, preparo café y mate, le pongo mermelada de durazno a una criollita y me voy en la bici a la escuela. Trabajo, paso el día entre colegas que hablan de dinero y enfermedad, tomo más mate, miro en silencio los dibujos de la sombra en las paredes y me río de lo genialmente imbécil que puedo ser. Vuelvo a casa, miro alguna película de monstruos, le doy de comer a Corina y después como yo. Casi siempre es lo mismo: arroz con queso, jugo de lima y café amargo. Me acuesto. Imagino que soy un guerrero enorme y valeroso en medio de una batalla descomunal. A mi alrededor vuelan balas y explotan gigantescas torres de mármol. He vencido al ejército de los androides malvados. A mis pies yacen los cadáveres de los robots y en el aire se puede sentir el aceite que se enfría en los motores muertos. Así sueño hasta que me duermo y despierto al día siguiente con mi cuerpo de carne y hueso. Esta rutina puede parecer poco interesante, cierto. Y es así. No hay ningún pero que mitigue la nulidad de mis actos. ¿Son interesantes al menos para Corina? Preguntar esto equivale a insultarla. Mi gata lleva una vida de múltiples aventuras. Yo trabajo en una institución del estado, percibo un salario y pago por mes la mitad de mi sueldo al banco. He cometido el error más común de los asalariados del mundo. Me sumergí en un crédito eterno que consume mi entidad humana poco a poco. El dinero no es algo material. Es otra cosa. Una fuerza. Un orden que permite las actividades diarias. El símbolo que abre las puertas. Una llave que pone en marcha los engranajes de la máquina sin rostro. Deber ser por estas ideas que me va tan mal. Los exitosos nunca piensan. No se detienen. Se guían por la intuición, son arrojados y algo dementes. El éxito es dispensado por el azar. Y yo tengo una pésima relación con la suerte. Y aunque mi vida no es de gran valor, no quiero perderla o malograrla aun más de lo que ya la he malogrado.&lt;br /&gt;Desde hoy barreré con extremo cuidado mi casa y no dejaré una zapatilla más tirada en cualquier lugar.&lt;br /&gt;Era la noche de un martes y estaba en el suelo, con los brazos en la nuca, escuchando el sonido del regador. Me aburría. Busqué una película de mutantes y la empecé a ver. Corina se lamía lentamente su pata en el sillón de madera. Los ojos le brillaban en la penumbra de la cocina. La película era malísima y por eso me gustaba. La había visto ya más de diez veces. En las peores escenas me paraba, apretaba los puños y gritaba.&lt;br /&gt;-¡No seas tonta, chica bonita de tetas grandotas! ¡Ese hombre apuesto y amable es un vampiro y te lleva a la sala de los monstruos para el banquete anual!&lt;br /&gt;Corina, desde su sillón de madera, dejaba de lamerse y giraba su cabeza para verme. Vaya a saber qué pensaba. No creo que a los gatos les gusten las películas de monstruos. Prefieren las de acción y los dramas.&lt;br /&gt;-Mirá Corina, en esta parte el vampiro lleva a la chica a la sala del banquete. Ella piensa que es la invitada de honor pero es el plato principal. Pobrecita. La sala es enorme y circular. A los costados hay tribunas. Y ahí están los monstruos. Son muchísimos, uno más feo que el otro. Tienen hambre y cuando el vampiro llega con la chica empiezan a babear, aullar y gruñir. ¿Ves? Son monstruos libidinosos. Quieren algo más que devorarla. ¿No es genial? Mirá ese la cara que tiene. Le crece un colmillo en la frente.&lt;br /&gt;Corina no opina lo mismo. Sigue lamiendo su pata. El desdén de los gatos es proverbial.&lt;br /&gt;Entonces me quedo sin respiración. Siento un golpe en el pecho. Corina está sobre mí, con los dientes afilados y puntiagudos a centímetros de mi cara. Bufa y arquea el lomo. Está enloquecida.&lt;br /&gt;-¿Qué te pasa?&lt;br /&gt;Da un salto y se pone a mi costado. Me levanto. Una sombra se mueve hacia mí. La miro. Corina la acecha y le tira zarpazos precisos.&lt;br /&gt;Enciendo la luz. Lo veo. Es un escorpión. Grande y terroso. Su cola mortal se levanta en un arco rígido. Es grande de verdad. Corina lo ataca. Me quedo tan sorprendido que durante un rato no hago nada. Estoy parado en la cocina, el televisor a todo volumen, mi gata luchando contra un escorpión del tamaño de un pájaro, en mitad de la noche y sin compañía humana.&lt;br /&gt;Una avalancha de imágenes me taladra la cabeza. Veo una casa vieja que se cae de suciedad y en ella un hombre muy anciano hablando solo. El viejo tiene una barba larga y verde y de ella salen cosas. Cosas vivas. En las ventanas de la casa crecen plantas inteligentes. Siempre están hambrientas. El viejo gime y llora. Toda la pena del género humano está en ese llanto final.&lt;br /&gt;El escorpión se mueve como un látigo en la mano de un capataz demencial y su aguijón se clava en el pecho de Corina. La gata maúlla un dolor ardiente y sale disparada.&lt;br /&gt;Levanto mi pie. Lo bajo con fuerza y aplasto al bicho.&lt;br /&gt;Estoy traspirado. El corazón me late con violencia y siento un mareo horrible que sube desde el estómago y estalla detrás de mi frente.&lt;br /&gt;Miro la televisión. Los monstruos se disputan los restos de la chica bonita. El vampiro se ríe.&lt;br /&gt;Saqué el escorpión con la pala de la basura y lo tiré en el borde del patio. Entré a casa. Busqué a Corina. La encontré entre la ropa para lavar. Casi no respiraba. El cuerpo se le había hinchado. Me agaché. Cuando quise levantarla en mis brazos me mordió muy fuerte en la mano. Tan duro me mordió que me hizo sangrar. La puse de nuevo en la ropa, me senté al lado suyo y estuve así hasta que murió.&lt;br /&gt;Los escorpiones se ocultan en lugares oscuros y frescos. Suelen dormir en las zapatillas y por eso es peligroso dejar el calzado a su alcance. Se quedan ahí, uno mete el pie y el bicho pica. He tenido la mala costumbre de dejar tiradas en cualquier lugar mis zapatillas.&lt;br /&gt;Enterré a Corina bajo los álamos. Recé una oración que inventé ahí mismo y cuando estuve en la cocina me preparé una criollita con mermelada.&lt;br /&gt;Tenía gusto a miseria.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8327896073992417303-3149994714544380321?l=elinmensososa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elinmensososa.blogspot.com/feeds/3149994714544380321/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://elinmensososa.blogspot.com/2012/01/monstruos-libidinosos-escorpiones-y.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8327896073992417303/posts/default/3149994714544380321'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8327896073992417303/posts/default/3149994714544380321'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elinmensososa.blogspot.com/2012/01/monstruos-libidinosos-escorpiones-y.html' title='Monstruos libidinosos, escorpiones y criollitas con mermelada'/><author><name>Patricio El Inmenso</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01397213389065244426</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_SYBcys2_ZZ8/S4Qea6aiVEI/AAAAAAAAABA/IJlQSyPNXTE/S220/sosus.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8327896073992417303.post-6786783086052206980</id><published>2012-01-14T18:22:00.001-08:00</published><updated>2012-01-14T18:22:37.714-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuentos'/><title type='text'>Zoe y el ciclista</title><content type='html'>Los rayos del sol se enredaron en los de la rueda. El metal nuevo brilló sobre la ruta. La sombra de un álamo enorme le cubrió los pies. Se movió entre los costados del camino y desapareció después de una curva cerrada. Se fue al lugar de las sombras, pensó mientras pedaleaba con fuerza. Es un lugar frío donde hay pequeñas botellas de vidrio rojo y en ellas viven las sombras. Cuando es hora de salir el sol las llama con un silbido. Ellas despiertan, se lavan la cara con un puñado de pasto seco, empujan el corcho que tapa la botella y salen a trabajar. Tengo que contarle esto a Zoe. Le gustan mucho las historias reales.&lt;br /&gt;La ruta no termina. Se funde en un espejo vibrante de calor y se enrosca en las curvas para eludir los ríos y los viejos puentes de madera podridos y desmoronados. El calor del mediodía se mueve sobre el asfalto. Burbujas pequeñas de brea derretida revientan en sonidos graves. Los frutos alargados de una planta extraña estallan como la madera seca que arde y una máquina gigantesca en medio del campo riega el suelo árido. El ciclista la mira. Es increíble que tantos tubos y esas ruedas tan enormes se ajusten a pulso. Y más increíble es que la máquina haya sido traída desarmada en cajas de cartón para después ser esta monstruosidad en mitad del verano. Tiene mucha fuerza. Cientos de mangueras de goma están conectadas a un motor enterrado que trae el agua desde kilómetros, la almacena en los tubos y la empuja a presión en chorros gruesos y potentes. Cada diez metros hay ruedas inmensas que sirven para trasladar la máquina entera a las zonas donde no se regó. El motor silencioso jamás ve el sol. ¿Será una criatura viviente de las profundidades o un demonio que paga una deuda contraída hace milenios con un mortal? ¿Un dios de la tierra y el agua que vivifica los campos para no morir de hambre y de sed? Tal vez. Pero Zoe me dijo una vez que en la tierra, muy profundamente, vive un topo grande como cien rinocerontes que usa sus bigotes para respirar. Las mangueras de la máquina son los bigotes de El Topo Rino, tío, como no puede salir a cazar porque es muy gordo manda a sus bigotes a través de la tierra y así puede respirar el aire y no morirse de hambre. Vos sabés que el aire del campo está lleno de panes invisibles. Claro. Los panes que hacen las abejas y las hormigas voladoras. Están flotando en el viento. El Topo Rino usa sus bigotes para comer y el agua que sale de ellos sirve para que los panes no se sequen. ¿Entendés? Es muy sencillo. El Topo Rino duerme casi todo el tiempo. Está despierto un año entero y cuando se aburre se acuesta en su guarida y duerme durante mil años. Mientras está despierto inventa canciones, toca un laúd hecho con el caparazón de un gliptodonte muy amigo suyo y se cuida mucho de no resfierse. Si se resfíe se pone muy triste porque cada vez que estornuda hay terremotos en el campo y los animales corren como locos del susto que les da. Imaginate. Las montañas se tambalean y caen desde muy arriba y se lastiman los pies. El agua de los ríos sube al cielo y el suelo se vuelve de arena. Y en la arena crecen cactus malísimos que lanzan espinas filosas a la gente de las aldeas. Es muy importante para el Topo Rino cuidarse de agarrarse una peste. Por eso duerme tanto tiempo.&lt;br /&gt;El caucho suave y liso de las ruedas se desliza suavemente por la ruta. El sonido es un murmullo continuo de goma y piedra gris bajo el calor recto de las doce del día. El ciclista sonríe. El sonido de la marcha firme y liviana le hace bien. Las neuronas febriles de su cerebro se apaciguan en el viaje en bicicleta. El mundo es diferente desde los pedales. El ritmo de marcha entra en la mente y la tranquiliza. El resto del tiempo vivir es muy difícil. Cualquier cosa, por mínima que sea, es una ocasión de pena y angustia. Pero a la mañana, bien temprano y cuando el agua de la canilla sale cristalina y con fuerza, la bicicleta apoyada contra la ventana es un símbolo de fuga reconfortante, una imagen de algo eterno que se perdió entre los días de la madurez y que ha regresado desde el limbo. El metal negro de los pedales refleja la cara del hombre recién amanecido. Hola bici, dice en voz alta. Y en su cuerpo se ponen en marcha engranajes oxidados y viejos que muelen ruina y producen una extraña harina que se parece a una música. Es una sustancia nueva y energética que va junto con la sangre y viaja desde el pecho hasta todo el cuerpo. Y se siente muy bien. El hombre toma café y galletitas con mermelada de ciruela y habla solo. Dice que es otro día más en el pueblo y en la tierra y que a pesar de que tiene que hacer cosas fastidiosas como ir al banco y pagar la luz no tiene tanto miedo como siempre. Debe ser el brillo de la bici que está limpia y engrasada. La cadena es lo que le da sentido a su viaje. Sin esos eslabones oscuros no tendría cohesión y sería un trasto más entre los restos olvidados de los objetos inútiles. Mi cadena. El cerebro. La piel o el corazón. La lucidez. No sé. Lo sabré en el momento en que se corte o se pudra de herrumbre vieja. Ya no tendré cohesión y mis extremidades serán iguales a hierros muertos. Las ruedas sin aire. El asiento comido por insectos que devoran la materia. Y listo. Ya no habrá ruta y no habrá sol y el silencio será tan pesado que la luz se quebrará en pedazos de vidrio sucio. Para que esto no pase tengo que estar alerta. Limpiar la bici todas las noches con un rapo suave y levemente humedecido con agua destilada. La cadena siempre va ajustada. No mucho, lo justo. El asiento nunca tiene que usarse para apoyar la bici contra la pared. Es conveniente colgarla del techo para que no tenga contacto con superficies que pueden rayarla o dañarla. Mi bici es de cuadro muy fino. Es una máquina de correr, ultraliviana, resistente y esbelta. Porque además de utilitaria una bici debe tener personalidad estética. Y la mía la tiene de sobra. Es grácil y silenciosa como un gato. Los rayos de las ruedas destellan reflejos de pureza metálica y la horquilla es la quilla ornamental de una embarcación antigua. Los niños aman las bicis. Los chinos las usan a diario para moverse en las ciudades populosas. Son buenas para mantener un estado físico óptimo y resultan muy económicas. El mantenimiento lo puede hacer uno mismo, sin la necesidad de depender de un mecánico estafador. Los repuestos abundan. Y lo mejor: son hermosas. El primer regalo que le hice a Zoe fue una bici para niñas. Era roja, con doble caño en el cuadro de dama y una bocina en el manubrio. Zoe estaba radiante. Anduvo por las calles de su barrio hasta que ya no le quedó ninguna vereda ni esquina por conocer. En las vacaciones íbamos juntos a pasear. Yo tenía entonces una bici antigua, el mismo modelo que tuvo mi madre antes de casarse. Tenía los frenos a varilla, el asiento con resortes dobles y guardabarros cromados. Atrás traía un portaequipajes espacioso y soldado a tres tubos macizos. ¿Qué clase de ser humano puede llegar a ser uno si en su vida jamás llevó a alguien querido en el portaequipajes de su bici? No quiero ni imaginarlo.&lt;br /&gt;Las piedras minúsculas crujen bajo las ruedas. El hombre esquiva las más grandes. Va inclinado sobre el manubrio de su bici de carreras. Parece una flecha cortando la distancia. Las flores de los cardos altos y robustos pasan volando delante de su vista y el hombre las mira con admiración. El color violeta gira en el aire. El rojo apretado de la corola choca contra el polvo que esparce el viento y la flor del cardo sube hasta tocar los cables de alta tensión.&lt;br /&gt;La bicicleta avanza por la ruta a velocidad. Su sombra delgada y oscilante dibuja en el día un trazo efímero de vida anónima. Los animales sacuden sus músculos para espantar a las moscas. Sufren el calor en silencio. Sus ojos del color de los árboles miran la silueta rara que pasa silbando por el camino. El ciclista levanta un brazo y saluda. Las bestias lo miran pasar y siguen su trabajo inútil de espantar moscas tenaces. Más allá de fábrica de quesos se agitan pájaros de picos largos y curvos. El ruido de la máquina de riego pierde intensidad a medida que la bici se aleja. El sol imprime sobre la piedra de una chacra abandonada su luz cruda y filosa. El fin del mundo será un incendio eterno. Habrá sed y no habrá agua. El hombre se estremece. Pensar en el final fue como recibir una mordida en los talones. La mordida de una alimaña rastrera y ciega. Estas son las ideas que me debo guardar. A Zoe le contaré realidades como el mundo de las sombras que viven en botellas. Ya tendrá tiempo para saber la clase de mundo que tendrá que tolerar. La precocidad no me parece buena en ninguna forma. Tal vez Mozart y otros. Pero no la precocidad en la desilusión. Esa es destructora. Mientras sea chica andaremos en bici y tomaremos helados de limón. ¿Y esto? Nunca está seco el arroyo del puente a esta altura del año. Alguien lo desvío para regar. Seguro. Qué desnuda se ve la tierra sin el agua. Los papeles que la gente tira nunca mueren. Permanecen en la tierra y se mezclan con ella para engendrar un humus corrupto donde crecen plantas enfermas que aborrecen la luz y tragan polvo desértico. A Zoe le gustan las plantas carnívoras. Me contó cosas que yo no conocía. Leyó un libro de más de cien páginas sobre estas plantas. Entero. Y me mostró las ilustraciones y las fotos. Es muy inteligente. Si alguna vez pierde ese encanto que la hace tan extraordinaria la vida será más triste.&lt;br /&gt;El ciclista llega a la entrada del pueblo. Las piernas endurecidas por el esfuerzo están rojas de sol. El corazón late con velocidad dentro de su pecho. Aminora la marcha y mira el pueblo. Los techos de las casas multiplican el reflejo del sol. En los patios los aspersores lanzan agua en formas de abanicos. Un chico moreno y muy flaco juega con un balde amarillo. Se tira agua en la cabeza y sostiene un monólogo hermético con la soledad y el calor. Un perro lanudo con el hocico largo descansa bajo la sombra de un toldo verde. Respira a un ritmo vivo para descomprimir el calor que lo aplasta. El chico corre por el patio. Las gotas de agua se calientan y mueren resecas en el aire. En la oquedad sombría de un caño roto una lagartija vieja y malhumorada duerme una siesta secreta. La raíz de un árbol le sirve de almohada. Al atardecer los bichos que se ocultan del sol sentirán hambre y saldrán en tropel de sus guaridas para darle sentido al ciclo del día. Con sus patas y garras pisarán la tierra caliente. Junto con las flores nocturnas tejerán una red de belleza muda entre los rincones de las casas.&lt;br /&gt;En el centro el ciclista dobla una esquina para entrar en la avenida principal. Baja. Deja la bici atada en un poste de luz y entra en la iglesia. Siempre está fresco en las iglesias. Da diez pasos. Mira las figuras de los santos. El techo alto está en penumbras. En el altar hay un cáliz y un misal abierto. El hombre se sienta en uno de los largos bancos y cierra los ojos.&lt;br /&gt;Tengo que revisar el aire de las ruedas. Y ver si la cadena está ajustada. Estas zapatillas me aprietan los dedos gordos de los pies. Tengo que usar las viejas para andar cómodo, están blandas por el uso y saben la forma de mis pies. Una iglesia en verano es un oasis de frescura. Nunca hay nadie en esta estación del año y a esta hora. Ni el cura aparece. Sólo los santos de yeso, las flores mustias que dejan las viejas que rezan el rosario, algún perro vagabundo que busca refugio y los que son como yo. Hay que saber andar en bici para que la sombra de la iglesia te toque la cara. Si venís en auto o en moto el calor se siente igual que afuera. Esta es otra de las realidades que le contaré a Zoe. Me dio sed. No traje la botella del agua. La garganta me pica. Debo estar haciéndome viejo de prisa porque antes los seis kilómetros de ruta no me daban sed. Y eso que he andado con calores más grandes que el de hoy.&lt;br /&gt;El ciclista descansa. Cierra los ojos. Respira con lentitud. El ritmo de su corazón se hace más pausado. Las quemaduras del sol en los hombros y las piernas empiezan a hacerse notar. Se duerme. Sueña con Zoe que le lee el libro de las plantas carnívoras. Vuelan juntos en bicis más livianas que el aire. El mundo entero visto de la altura se revela como la espalda descomunal de El Topo Rino. El gigante los y saluda con sus manos de montañas y bosques.&lt;br /&gt;Despierta. Está solo y la sed es muy intensa. Se levanta del banco largo y busca detrás del altar.&lt;br /&gt;El agua bendita está helada y la garganta del ciclista repica como una campana llamando a misa cuando la sed se apaga.&lt;br /&gt;Sale a la calle. Desata la bici y se va.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8327896073992417303-6786783086052206980?l=elinmensososa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elinmensososa.blogspot.com/feeds/6786783086052206980/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://elinmensososa.blogspot.com/2012/01/zoe-y-el-ciclista.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8327896073992417303/posts/default/6786783086052206980'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8327896073992417303/posts/default/6786783086052206980'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elinmensososa.blogspot.com/2012/01/zoe-y-el-ciclista.html' title='Zoe y el ciclista'/><author><name>Patricio El Inmenso</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01397213389065244426</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_SYBcys2_ZZ8/S4Qea6aiVEI/AAAAAAAAABA/IJlQSyPNXTE/S220/sosus.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8327896073992417303.post-889117984091409479</id><published>2012-01-14T18:18:00.000-08:00</published><updated>2012-01-14T18:21:37.342-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuentos'/><title type='text'>Tres amigos y Alfredito</title><content type='html'>Pasaron frente a la carnicería de Juan en una ráfaga de risas y remeras amarillas. Una señora los miró con desdén. El camión de riego del pueblo los salpicó con agua fría y ellos se rieron con más fuerza. El polvo de la calle ascendió entre las piedras cuando el agua lo tocó con sus dedos húmedos. La pared vieja y descascarada de la carnicería absorbió la frescura de las gotas volantes. El sol era un verdugo inmóvil ardiendo sobre la tarde del día.&lt;br /&gt;El andar veloz de las bicicletas nuevas hacía crujir la sequedad del suelo.&lt;br /&gt;Santiago, Maxi y Luis eran amigos. Iban juntos a la escuela y vivían en la misma manzana del barrio del hospital. La suya era esa amistad pura y fuerte que sólo se da en los años del principio.&lt;br /&gt;Era el siete de enero y en el banco la fila de los vecinos alcanzaba media cuadra. Los rumores, las charlas obligadas y las novedades no lograban reducir el gran fastidio que el calor imprimía en los cuerpos. Un hombre pelado de abdomen descomunal trataba de parar el sudor que le brotaba de su cara roja. Resoplaba igual que un tren a vapor, maldecía al calor y apretaba en su puño caliente una tarjeta de plástico doblada.&lt;br /&gt;-No pasen por el césped. ¿No ven que hay un cartel de prohibido?&lt;br /&gt;Los niños miraron al pelado. Montados en sus bicis relucientes parecían dioses del desierto, indiferentes al castigo de las filas, los trámites, los bancos y el bochorno de las dos de la tarde.&lt;br /&gt;-Perdone señor, no vimos el cartel. Estas bicis que nos trajeron los reyes andan más rápidas que el rayo.&lt;br /&gt;Una chica joven que mostraba sus piernas bronceadas en un short azul sonrió. La señora desdeñosa carraspeó y murmuró algo inentendible.&lt;br /&gt;El hombre pelado se movió. La panza redonda y vasta se agitó. El sudor de la cara aumentó.&lt;br /&gt;-Irrespetuosos. Pero yo soy de los tiempos duros y nunca me llenaron la cabeza con estupideces. Imagino la clase de padres que deben tener para creer todavía en mentiras como la de los reyes. ¿Vos no sos el hijo del colorado Vargas?&lt;br /&gt;El niño que iba en una bici de carrera azul movió su cabeza despeinada.&lt;br /&gt;-Claro. Unos muertos de hambre. El que le vendió la bici debe estar loco.&lt;br /&gt;El chico acomodó su bici y se adelantó.&lt;br /&gt;-Mi papá no es un muerto de hambre, señor. Y él no me compró nada. Anoche los reyes me dejaron la bici al lado de mis zapatillas.&lt;br /&gt;- Pobrecito. ¿De verdad no sabés? Los reyes son los padres, querido. Lo sabe hasta el niño más tonto de este pueblo de mierda. Y ahora se me van de acá ya mismo. No es un lugar para andar en bici. Como que me llamo Ramírez si no le aviso a la policía para que vengan a detenerlos.&lt;br /&gt;La gente que escuchó el diálogo miró al pelado. Todas las miradas eran de asombro y desaprobación. Pero nadie dijo una palabra. La chica de piernas bonitas se tocó los ojos con los dedos de una mano, suspiró, miró al cielo y se sentó en la vereda. Un hombre de unos treinta años la imitó. La chica sacó de su cartera una botella de agua mineral y empezó a beber en tragos cortos. Los chicos salieron en sus bicis, rápidos y llenos de sol.&lt;br /&gt;-Estos calores no son normales. Se producen por los venenos que tiran los del campo para fertilizar los cultivos- dijo un viejo que llevaba un par de sandalias de cuero.&lt;br /&gt;-Por supuesto. En diez años más todo el pueblo va a estar más seco que lengua de loro. Mi cuñada me contó el otro día que los del campo usan un líquido verde para echar en la tierra. No saben el olor a podrido que larga eso. No se puede estar a cien metros que te descompone y te hace arder la nariz.&lt;br /&gt;Un adolescente salió del cajero automático. La fila se movió un paso. La chica se corrió un metro y siguió sentada, bebiendo el agua tibia de la botella.&lt;br /&gt;-Se quedó sin plata-dijo el adolescente.&lt;br /&gt;La irritación fue unánime.&lt;br /&gt;-¿Cómo que ya no tiene plata si esta mañana vi a los del banco con el gerente y los policías?&lt;br /&gt;- Esto es una vergüenza. Siempre pasa lo mismo y nadie hace nada. Hay que quejarse en los medios.&lt;br /&gt;- Tiene razón. Hay que ir a las radios y decir que ya no se puede seguir así. Se ríen en la cara de la gente.&lt;br /&gt;Mientras todos intercambiaban frases de rabia y disgusto los niños, a tres cuadras del banco y debajo de la sombra de un enorme álamo, mojaban sus piernas en el río. El puente viejo de madera se combaba en el centro. Las bicis puestas una al lado de la otra reflejaban los rayos del sol. La sombra del álamo tenía la textura húmeda de una lluvia tranquila. Los chicos se habían acostado en el pasto. No hablaban. Santiago masticaba un tallo de trébol. Luis contaba cada pájaro que veía. Un gorrión. Un tero. Tres bichos feos. Una cotorra. Maxi pensaba. Una tristeza extraña le mordía el pecho.&lt;br /&gt;-¿Es cierto eso que dijo el pelado?&lt;br /&gt;Santiago se acomodó sobre sus codos, la cabeza frente a Maxi.&lt;br /&gt;-Pero no. Ese gordo lo dijo para molestar. ¿No viste cómo transpiraba? Para mí que está enfermo.&lt;br /&gt;- Pero es un adulto.&lt;br /&gt;- ¿Y eso qué tiene?&lt;br /&gt;- Digo que saben más cosas que nosotros.&lt;br /&gt;- Sí saben. Pero ese gordo no entiende nada. Mi papá lo conoce. Dice que es un hijo de puta haragán y un vividor.&lt;br /&gt;-¿Qué es un hijo de puta?&lt;br /&gt;- Alguien que hace cosas malas. Así me dice mi hermana cuando la hago enojar.&lt;br /&gt;- ¿Y vividor?&lt;br /&gt;- No estoy seguro. ¿Vos sabés, Luis?&lt;br /&gt;- Un vividor es alguien que trabaja en los viveros. Siembra plantas y vende papas.&lt;br /&gt;-¿Y eso es malo?&lt;br /&gt;- Debe ser. Los que venden papas siempre están con las manos y las caras llenas de tierra.&lt;br /&gt;- Cuando sea grande voy a correr en moto así tengo mucha plata y no tengo que juntar papas.&lt;br /&gt;-Esa idea es buenísima.&lt;br /&gt;Un chasquido transparente reverbera en el ambiente. Círculos concéntricos de agua clara se abren hasta la orilla.&lt;br /&gt;-¿Sintieron? Era una trucha. Acá debe estar lleno.&lt;br /&gt;- Podemos venir estos días a pescar.&lt;br /&gt;-Dale. Y traemos para comer y nos quedamos hasta que se haga de noche.&lt;br /&gt;La emoción los pone en actividad. Maxi no siente esa tristeza extraña . De un salto sube a su bici y sale disparado como un cohete. Santiago y Luis lo siguen.&lt;br /&gt;-¡El que llega último al centro es un hijo de puta!- grita Maxi.&lt;br /&gt;Los pedales giran, frenéticos.&lt;br /&gt;Cuando llegan a la calle donde está el banco ven que la fila ya no está. Sólo se ve al pelado. Mueve sus brazos y habla solo. Los chicos frenan y se acercan. Maxi se queda en último lugar. Ese pelado no le gusta nada. De nuevo siente esa tristeza rara en su pecho.&lt;br /&gt;-Lo que me faltaba. Los chicos que creen en los reyes. ¿No tienen nada mejor que hacer? Estoy emputecido por este cajero de mierda y encima vienen ustedes a mirar.&lt;br /&gt;Los chicos se miran y se ríen. Una palabra nueva que suena genial siempre es ocasión de risa. Luis piensa que cada vez que sale como loco y pedaleando muy fuerte de su casa es porque está emputecido. Ya tendrá oportunidad de decir la palabra.&lt;br /&gt;-¿Qué pasó con la gente, señor?- pregunta Santiago.&lt;br /&gt;El pelado suspira. Debajo de las axilas crecen manchas de sudor.&lt;br /&gt;-Se fueron. No hay plata en el cajero.&lt;br /&gt;-¿Y usted por qué no se fue?&lt;br /&gt;-Porque no soy como todos los hijos de puta de este pueblo, por eso. Voy a hacer que ese cajero dé plata aunque tenga que agarrarlo con un hacha. Como que me llamo Ramírez.&lt;br /&gt;Maxi no está bien. La tristeza en su cuerpo delgado enloqueció cuando se acercó al pelado. Le duele el pecho. Una garra de la firmeza del acero se hunde en su garganta. Respira entrecortadamente.&lt;br /&gt;-Señor-dice con un hilo de voz- ¿Es verdad que los reyes no existen y los padres se hacen pasar por ellos?&lt;br /&gt;Santiago y Luis se crispan. Ellos quieren saber si lo que el pelado le ha dicho a Maxi es algo serio o una mentira para molestarlos.&lt;br /&gt;El pelado se alegra.&lt;br /&gt;-Es verdad. Si no me creen pregúntenle a sus padres. Yo no miento.&lt;br /&gt;Los chicos se quedan en silencio. El calor es todavía más fuerte que hace unas horas. El pelado entra al cajero. Se escuchan maldiciones y golpes.&lt;br /&gt;Maxi dice que se va a su casa. Se acomoda en la bici y sale. Santiago hace lo mismo. Luis dice que a la noche se encontrarán en el puente viejo para saber lo que los padres dijeron sobre los reyes. Están ansiosos. Una fisura minúscula se les ha abierto en sus almas. Ellos no lo saben. Día a día, mes tras mes y año tras año esa fisura crecerá hasta convertirlos en adultos sombríos y taciturnos. Las bicis estarán perdidas y rotas. En el mejor de los casos colgarán del techo en un galpón de chapa. La herrumbre y la soledad las habrán deformado.&lt;br /&gt;La noche no ha traído el alivio esperado. El calor ha sido tan duro durante el día que su eco persiste entre las sombras. Hace calor. No hay presión de agua y los regadores de los patios se ven muertos junto a los malvones abatidos por la altísima temperatura.&lt;br /&gt;-Falta Santiago. ¿Lo habrán dejado salir?&lt;br /&gt;Maxi espera al lado de su bici. El puente viejo de madera es una figura negra y quieta. Debajo el agua suena en su carrera mansa.&lt;br /&gt;-Si tarda es porque viene por el camino del parque municipal. Pero seguro que lo dejaron. La noche está clara y cuando vine para acá vi que las calles están llenas de gente. Hasta la tonta de Carlita salió a caminar con ese perro grande que muerde a todo el mundo.&lt;br /&gt;Maxi está muy serio. Luis lo nota. Sabe de forma difusa que su amigo es el más impresionable de los tres. Su manera dulce de ser y de pensar, sus deseos para cuando sea grande y sus palabras amables lo hacen querible. Maxi es grande. Sabe doblar muy veloz en las curvas y puede andar sin las manos todo lo que quiera.&lt;br /&gt;-Hola. Vine por el camino del parque. Hay un montón de gente. La vi a la abuela de Fernandito sentada en una silla. Pensaba que se había muerto de viejita.&lt;br /&gt;Santiago está agitado. Ha venido a mil por hora en su bici. Baja. Va hasta el centro de puente y mira el correr del agua.&lt;br /&gt;-Esta hora está genial para pescar.&lt;br /&gt;Se juntan y se sientan en la orilla. Hablan y miran el cielo.&lt;br /&gt;-Mis papás me dijeron que el pelado es un mal hombre. Se llama Aldo Ramírez. Vive solo y está loco. No hay que creerle nada. ¿Vieron la panza que tiene? Es así de grande porque está gordo de maldad.&lt;br /&gt;Maxi asiente con su cabeza.&lt;br /&gt;-A mí me dijeron lo mismo. Pero mi mamá no sabe mentir. Se le nota. Los ojos se le ponen brillosos y empieza a limpiar cualquier cosa que encuentre.&lt;br /&gt;Luis está tenso.&lt;br /&gt;-¿Y vos?&lt;br /&gt;No responde. Mueve las piernas. Tira una piedra al río.&lt;br /&gt;-Tienen razón los padres de Maxi. El viejo ese es un mentiroso.&lt;br /&gt;Ninguno de sus amigos le cree.&lt;br /&gt;-Algo te dijeron, Luis. Dale. Decinos. Es importante.&lt;br /&gt;Luis se levanta y camina hasta donde está su bicleta. Aprieta con sus manos el manubrio. Un viento frío sopla de pronto y los árboles se mueven en la altura.&lt;br /&gt;-Bueno. La verdad es que mis papás son muy parecidos a la maestra que tuvimos este año. Están siempre con cara de que algo les duele y cuando te hablan no te miran.&lt;br /&gt;-¿La maestra María Ester?&lt;br /&gt;-Claro. Es mala por lo fea y flaca que es. Deber ser horrible levantarse a la mañana y saber que tu cara es lo más feo del pueblo. Por eso es así de mala.&lt;br /&gt;Santiago y Maxi dicen que sí al mismo tiempo. No hay en todo el pueblo una mujer más fea y mala que María Ester, la maestra de quinto grado.&lt;br /&gt;Luis deja su bici y empieza a caminar. Los amigos lo siguen.&lt;br /&gt;-Papá me dijo que no estaba para pavadas de chicos y siguió mirando la tele. Yo no me fui y le pregunté otra vez. Me miró y me dijo que si tanto quería saber él me diría la verdad. Me contó que el pelado sabía lo que todo el mundo sabe cuando deja de ser un niño. Los reyes no existieron nunca, son imaginarios y los inventaron los comerciantes para vender mucho. Mamá puso esos ojos brillosos que tiene cuando está mal y me dijo que no hiciera caso, que yo era un chico y que tenía que creer. Me quedé ahí, sin saber qué hacer. Entonces me acordé de algo y le pregunté a papá qué era un hijo de puta. Se enojó y me mandó a dormir. Mamá fue a mi pieza y me dijo que saliera por la ventana y que volviera temprano. Eso es todo.&lt;br /&gt;Maxi y Santiago caminan juntos. Luis va detrás. Está pensando en sus padres. Mira a sus amigos que van caminando por el lugar. Una luna redonda y naranja los cubre con su luz prestada.&lt;br /&gt;-Tenemos que ir a la casa de Alfredito-dice Maxi.&lt;br /&gt;Santiago se detiene. Los ojos grandes tienen la misma circularidad que la luna.&lt;br /&gt;-¿Para qué?-es peligroso.&lt;br /&gt;-Ya sé que es peligroso. Hay que ir para que nos ayude. Quiero que el pelado sea castigado. Y como es un adulto el único que puede hacer eso es Alfredito.&lt;br /&gt;Maxi se agarra el pecho con su mano derecha. Se arrodilla sobre el suelo y empieza a llorar muy despacio.&lt;br /&gt;Luis se acerca. Le pregunta qué le pasa. Maxi sigue llorando de rodillas y la luna se vuelve cada vez más grande y más naranja.&lt;br /&gt;Santiago le dice a Luis que lo deje.&lt;br /&gt;-Es por lo de los reyes. No sabía. Yo tampoco sabía, pero algo sospechaba. Ya sabés cómo es Maxi.&lt;br /&gt;-Sí. Esto es muy feo. Me siento un tonto. Anoche les dejé pasto y agua y puse mis zapatillas. ¿Vamos a ir a ver a Alfredito? La última vez salió todo mal. Se comió al gato de la vieja Laura y le dejó la cabeza en la puerta de la casa.&lt;br /&gt;-Tenemos que ir. Ese pelado es un hijo de puta.&lt;br /&gt;-¿Un hombre malo?&lt;br /&gt;-Eso y más todavía.&lt;br /&gt;Van hasta donde Maxi cayó de rodillas. Lo levantan. Le dicen que todo estará bien y que tienen que apurarse si quieren llegar a la casa de Alfredito antes de que sea muy tarde. En el cielo nocturno la luna abre la oscuridad. Un perro abandonado se pone a aullar.&lt;br /&gt;La casa de Alfredito está debajo de la fuente de la plaza. Hay que ir hasta el borde azulejado y quebrado, sentarse, mirar el agua sucia y pensar en ideas fantásticas. Cuando las ideas son poderosas un complejo sistema de cerrojos invisibles comienza a desenredarse. El ruido de cadenas y candados no llega hasta la superficie, y en caso de que lo haga se confundiría con el sonido de la calle. Además nadie mira ya el fondo de la fuente. Es una mancha más en el pueblo. La plaza descuidada sufre de vejez y los árboles secos y muertos amenazan con caerse. La plaza es un dibujo paralelo a la ruina de todo lo demás. Y en ella la fuente espera.&lt;br /&gt;-Mirá vos Luis, que sos el más hábil para llamar a Alfredito. Espero que esté bueno y nos abra.&lt;br /&gt;Luis se sienta en el borde verde y celeste de la fuente y mira el agua turbia. Mira atentamente y casi sin parpadear. Santiago y Maxi esperan parados junto a sus bicis.&lt;br /&gt;Pasa un tiempo largo. Luis se mueve y sale de su trance.&lt;br /&gt;-Ya está. Dice que está curando a un Gargo lastimado. Nos va a abrir.&lt;br /&gt;Los chicos se mueven con rapidez. Dejan las bicicletas atadas a un poste de luz. Se sacan las zapatillas y se meten en la fuente.&lt;br /&gt;Y entonces desaparecen.&lt;br /&gt;Los cerrojos y las cadenas se enredan otra vez. Nadie puede entrar. Nadie puede salir.&lt;br /&gt;En la escalera los pies de los chicos se pierden en una profundidad que impresiona. Una luz violeta llega desde muy abajo. Se escucha una música suave y dulce. Debajo de la fuente hay una inmensa construcción de piedra pulida. Los peldaños de la escalera están adornados con dibujos de animales. Un cocodrilo vestido con manto y corona de rey se repite en cada uno de los escalones junto con otros reptiles. Una figura extraña mitad niño y mitad pájaro los mira desde una pared lateral.&lt;br /&gt;-Ese dibujo parece real-dice Luis.&lt;br /&gt;Y empiezan a bajar cada vez más rápido.&lt;br /&gt;Apenas si ven los increíbles dibujos de las paredes. Bajan tan de prisa que el pelo se les agita como si hubiera cobrado vida de repente. El aire está cargado de una densidad oscura que huele a mar en plena noche. Desde los costados llegan sonidos de cosas vivas que susurran.&lt;br /&gt;La escalera desaparece. Una rampa de piedra lisa los empieza a tragar.&lt;br /&gt;Los tres amigos gritan. La caída les clava su velocidad en los vientres. Gritan de miedo y de emoción.&lt;br /&gt;Hasta que por fin la rampa termina abruptamente y la inercia los hace volar.&lt;br /&gt;Caen en una superficie blanda y cálida.&lt;br /&gt;Se recuperan. Están nerviosos. La oscuridad muta a una penumbra tibia. Sobre ellos una bóveda inmensa se eleva hasta un techo repleto de luces. Brillan muy tenues y forman una cúpula dorada que tiembla en la altura.&lt;br /&gt;Santiago es el primero en ponerse de pie. Ayuda a los demás a pararse mientras mira el lugar.&lt;br /&gt;-Siempre es distinto venir a la casa de Alfredito-dice.&lt;br /&gt;Maxi y Luis lo miran. Están cansados pero alegres.&lt;br /&gt;-Esta es la quinta vez que venimos. La primera vez casi nos morimos del miedo.&lt;br /&gt;Luis habla con la voz vibrante de ansiedad.&lt;br /&gt;-Es verdad. Yo casi me hice pis encima. Y cuando apareció Alfredito se me cortó la respiración.&lt;br /&gt;Los tres amigos forman un triángulo en el centro de la gigantesca habitación. Las luces del techo los iluminan con suavidad. Nunca serán menos mortales que ahora. Debajo de las pieles sus corazones laten al unísono. Latido con latido. Tres motores rojos que empujan la vida y la quieren sostener para siempre.&lt;br /&gt;-Me toca llamarlo a mí-dice Santiago. La vez pasada fue Maxi el que bailó.&lt;br /&gt;Luis y Maxi se apartan del centro. Santiago queda solo y cierra sus ojos. Se concentra. Mueve un pie, lentamente y a ritmo. Mueve el otro, más rápido y con ritmo diferente. Pasan los minutos y el cuerpo de Santiago empieza a trazar en la penumbra una danza vivaz. Los brazos se mueven como alas de pájaro. Santiago baila con potencia precisa.&lt;br /&gt;Y entonces Alfredito aparece.&lt;br /&gt;Es tan enorme que su cabeza casi toca el techo de la bóveda. Su cuerpo ancho como una casa es verde y está completamente cubierto de pelo fluorescente. Las piernas cortas terminan en pies desnudos y de piel roja. En cada uno se mueven cientos de dedos minúsculos. La cabeza de Alfredito es tres veces el tamaño de su cuerpo. Se parece a la de un cocodrilo del Nilo pero más redonda y con más dientes. Los ojos amarillos son como los de los gatos. Con las pupilas que cambian según la luz. Son perfectamente redondos y ocupan casi todo el espacio de su cara.&lt;br /&gt;Es un bailarín increíble.&lt;br /&gt;Para hablar con él hay que saber bailar. Para entenderse con él hay que mover el cuerpo a ritmo. Para ser amigo de él hay que reírse mucho y hablar poco. Si alguien se encuentra con Alfredito y no baila y no ríe las cosas serán feas y dolorosas.&lt;br /&gt;La habitación retumba con el peso descomunal de Alfredito. Algunas rocas caen desde lo alto. Maxi y Luis las esquivan.&lt;br /&gt;Santiago saluda con un movimiento de pies. Alfredito le responde agitando veinte dedos. El baile dura un rato. Santiago mira los ojos grandes de Alfredito y le pide ir a sentarse con los demás. La criatura emite un poderoso rugido grave y se sienta en el suelo. Los chicos lo imitan.&lt;br /&gt;-Esta alfombra es genial. Suave como el culito de un bebé-dice Luis.&lt;br /&gt;Maxi se ríe con una carcajada limpia. Santiago sonríe. Respira con velocidad. El baile lo cansó.&lt;br /&gt;Durante varias horas los tres amigos hablaron con Alfredito. Le contaron todo lo que les había sucedido en el pueblo. Le dijeron que estaban tristes por lo que el pelado les había dicho y que ya no se sentían tan bien como antes. Alfredito los escuchaba con atención mientras chasqueaba sus dedos. Les preguntó qué podía hacer por ellos y los tres amigos se lo dijeron. Una vez que la charla terminó se pusieron a jugar en la enorme casa. Había de todo. Juguetes inventados y construidos por el ingenio de Alfredito. Puentes. Golosinas. Música que brotaba del aire y cientos de Gargos. Alfredito los criaba y los vendía en el mercado de los monstruos. Los Gargos eran muy apreciados por sus cualidades de cazadores y sus bellos cuerpos mitad gatos y mitad Gárgolas. Tenían un carácter difícil, no reconocían amo ninguno y cuando estaban de buen humor destrozaban todo lo que encontraban. Alfredito era un fanático de estos animales. Los cuidaba, los mimaba y los malcriaba. Maxi, Santiago y Luis le tenían cierto recelo. Pero aun así jugaban con ellos y los hacían dar vueltas sobre sí mismos cuando les ataban sogas a sus largas colas.&lt;br /&gt;-Debe ser tarde ya-dijo Luis. Volvamos.&lt;br /&gt;Los tres amigos se despidieron de Alfredito. El monstruo les dijo que cumpliría con su promesa y que los esperaba pronto. Se movió con lentitud y estiró una mano peluda y verde hacia arriba. En el idioma del baile esto significa que vivir sin amigos es muy triste.&lt;br /&gt;-Nosotros también te extrañamos, Alfredito- dijo Santiago.&lt;br /&gt;La criatura los cargó en sus espaldas y los llevó hasta donde la rampa se hacía escalera. Los chicos caminaron. Iban sin hablar de tan cansados que estaban. En la lejanía vieron un punto de luz que oscilaba. La fuente de la plaza estaba cerca.&lt;br /&gt;Las noticias malas corren más veloces que los rumores. Y si se trata de un pueblo las noticias trágicas no corren. Vuelan.&lt;br /&gt;El jueves, dos días después de la noche de reyes, el repartidor de diarios entró como loco a la comisaría. Los policías que estaban tomando mate y jugando a las cartas se sobresaltaron cuando vieron a ese hombre mayor en tal estado de conmoción.&lt;br /&gt;-Está muerto pero se mueve-dijo.&lt;br /&gt;Tardaron toda esa mañana para tranquilizarlo.&lt;br /&gt;Un médico especialista vino desde la ciudad. También vinieron periodistas. El pueblo había sido arrancado de sus rieles y las rutinas de los habitantes se quebraron en un golpe seco.&lt;br /&gt;Pronto las versiones del hecho pululaban por las calles.&lt;br /&gt;Cada versión era distinta porque cada persona que la repetía le agregaba algo de su invención.&lt;br /&gt;La noticia coincidía, sin embargo, en lo fundamental.&lt;br /&gt;Esa mañana muy temprano José, el viejo que repartía en su bici negra el diario local, había escuchado ruidos extraños en la casa del señor Ramírez. Aquello no era habitual. Golpeó la puerta. Nada. Llamó con la voz. No hubo respuesta.&lt;br /&gt;-Era un sonido como de alguien que está saltando. Pensé que estaban robando y empujé la puerta- explicó después el diarero.&lt;br /&gt;José había trabajo como repartidor de diarios desde que era un niño. Nadie en el pueblo lo hubiera creído un loco. Lo que contó a la policía era una locura total.&lt;br /&gt;-Cuando entré y vi lo que era me quedé en blanco. El señor Ramírez estaba en el comedor de su casa, desnudo, con algo verde que le chorreaba y bailando. Sí. Bailaba y giraba con velocidad. En ese momento pensé que estaba soñando. Pero era real. Estuve mirando cómo bailaba hasta que sentí el olor. Era a carne podrida. El señor Ramírez estaba muerto. Y si no me creen vayan a la casa. Está muerto pero se mueve.&lt;br /&gt;La policía dejó a José en el hospital. Fueron en el móvil hasta la casa.&lt;br /&gt;Y lo vieron bailar. El pelado se movía con frenesí. Su vasto abdomen oscilaba locamente de un lado a otro. Los huesos muertos chasqueaban un ruido blanco cada vez que chocaban entre sí. La cara del hombre era una máscara cerrada a la vida. De la nariz algo salía con lentitud. Los brazos colgaban inertes a ritmo de ese baila infernal. El hombre estaba muerto.&lt;br /&gt;Y bailaba.&lt;br /&gt;A seis cuadras de la casa de Ramírez los tres amigos tomaban leche fría con galletitas Sonrisas. Eran las diez de la mañana y la madre de Luis les decía que tuvieran cuidado.&lt;br /&gt;-Este pueblo está maldito. Cuando salgan en las bicis miren bien todo. Si no están acá antes del almuerzo ya saben lo que les espera.&lt;br /&gt;-¿Maldito es como decir que alguien es un hijo de puta?-preguntó Santiago. La madre de Luis abrió muy grandes los ojos.&lt;br /&gt;- Ya mismo se van de acá. Vamos. Fuera. Tengan cuidado. No lleguen tarde y no pasen el puente viejo de madera.&lt;br /&gt;Los tres amigos dejaron los vasos vacíos sobre la mesa y salieron corriendo a la calle.&lt;br /&gt;-El que llega último al río es un sapo-dijo Maxi.&lt;br /&gt;- No. El que llega último es un hijo de puta- dijo Luis.&lt;br /&gt;Los tres se rieron a carcajadas y doblaron una esquina.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8327896073992417303-889117984091409479?l=elinmensososa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elinmensososa.blogspot.com/feeds/889117984091409479/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://elinmensososa.blogspot.com/2012/01/tres-amigos-y-alfredito.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8327896073992417303/posts/default/889117984091409479'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8327896073992417303/posts/default/889117984091409479'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elinmensososa.blogspot.com/2012/01/tres-amigos-y-alfredito.html' title='Tres amigos y Alfredito'/><author><name>Patricio El Inmenso</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01397213389065244426</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_SYBcys2_ZZ8/S4Qea6aiVEI/AAAAAAAAABA/IJlQSyPNXTE/S220/sosus.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8327896073992417303.post-7445564665585225811</id><published>2012-01-14T18:16:00.000-08:00</published><updated>2012-01-14T18:18:25.994-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuentos'/><title type='text'>La máquina del universo, el gesto de Agostina y la canción inolvidable de la dama verde</title><content type='html'>Y ahora basta de estupideces blandas. Llegó la hora de la literatura Mamut, seis toneladas de narrativa feroz, maleducada, fea como la luz sin pagar y escrita a mano en un cuaderno Rivadavia de 48 hojas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La máquina del universo, el gesto de Agostina y la canción inolvidable de la dama verde&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo es monstruoso. Los árboles tienen caras terribles y ojos que miran con odio. En la calle flota una niebla espesa y ardiente. En las manos me han salido manchas rojas. Cada segundo que pasa es una espada, una flecha que se mete en la cabeza y revuelve la masa blanda del cerebro. Mi piel es una fragilidad abandonada. Es una red de agua que cualquier cosa podrá quebrar para siempre. Un insecto de alas trasparentes, una mosca inmunda, un escarabajo de hierro venido del centro de la noche. Van a llegar hasta mi cara y en un sonido breve me dejarán ciego. Los conejos de la destrucción demencial comerán mi piel y así yo me quedaré desollado y desnudo, con los caminos de la sangre visibles y latiendo bajo el cielo de diciembre.&lt;br /&gt;Hace calor. Un calor vivo que se te prende del cuello y te quita el aire. Es un calor horrendo. Gordo. Un calor de la puta madre que lo parió. ¿A quién insulto? Hace calor, calor puto, como el mundo y todo lo que se deja morir entre paquetes de fideos, latas de carne rancia y botellones de vodka baratísima.&lt;br /&gt;No tengo nombre. Lo he perdido junto con la dignidad y la razón. Yo soy el loco. Me rasco la sarna del alma con estas uñas que tengo, duras, encorvadas en la carnicería y la degradación, yo soy esto ahora, es la verdad, soy lo que se conoce bajo el título general de limado, arruinado, extraviado, aplastado, solo y mutilado en ciento diez mil partes inútiles. Sin embargo hablo todavía. No sé qué le queda a la vida, a mi vida que jamás ha sido mía sino de otros, de los grandes, de las mujeres que amé con desesperación, de papito y mamita, de los amigos, de un hombre desconocido que pasaba por ahí, de los astros, de las putas y los enormes botellones de vodka que ya nombré. He estado ebrio, ebrio mal, muy mal, malísimamente para el carajo. ¿Fue siempre así? ¿Hubo, alguna vez en toda la eternidad de mis treinta años, un día, una hora, un momento de belleza y lucidez, un puro y brillante segundo de sobriedad? Me doy asco. Me rasco la sarna otra vez, debajo del cuello, entre los ojos, donde más se amontona la peste de la piel envejecida, sin luz, sin aire del campo verdísimo que te ha visto nacer y crecer, gordito, papi, bebé, basurita, hace calor y por la avenida del centro los jóvenes pasean sus poderosos cerebros repletos de fantasía. Y las muchachas se ven más hermosas que la felicidad. Veo a una. Me muero. Me esto muriendo al compás de ese culo enfundado en una pollera cortísima que te quita la angustia para clavarte un deseo descomunal, vaya con el deseo, en estos últimos años te ha reventado el cuerpo y te ha dado vuelta la mente como si fuera un guante de tela suave. Pero mirá, gordito, mirá cómo la adolescente camina entre la confusión de la tarde, cómo deja que su vida temprana se derrame así como así por las calles del verano. Es tremendo. Demasiado. Te querés arrancar la cara y reírte y bailar y cantar ópera y dejarlo todo, dejar tu madurez, tu trabajo tan serio, tu salario y tus libros y tu gata y que se rompa todo, vengan, vengan con papá muchachas amadas mía y que la máquina del universo se rompa en pedazos. ¿Acaso alguien o algo en la inmensidad del cosmos sentirá pena por semejante quebradura? ¿Dios? ¿Papá Noel? Yo no sé quienes son estos señores, pero a juzgar por sus nombres deben ser vendedores de berenjenas anarquistas y mutantes, o jefes de estado, o pescadores de soretes en los mundos de los inodoros universales de las aguas frescas y azules.&lt;br /&gt;Hola Agostina, te quiero y te agarro del brazo para caminar por la noche de esta ciudad que hace años no veía ni tocaba. ¿Sabés con qué toca uno siempre a las ciudades? Con los pies, por eso yo voy siempre en patas, descalzo como Adán, y te digo que me encantaría andar en pelotas también, con los pobres y débiles testículos míos balanceándose en los vientos de la llanura pampeana. Te quiero porque sos una muchacha amable, buena, surgida del vientre de la propia vida, ya no sé qué digo, me encanta tu cara, tu manera de caminar, tus manos, tu lunar y esa humanidad que se parece a mis sueños de la infancia, cuando no estaba dominado por la locura y la miseria que ahora me rompen el culo día y noche y no me dejan ver y sentir la vida tal como es. ¿Vos sabés cómo es todo esto? Seguro que sí, porque sos mujer y tenés menos de treinta años. Yo te quiero decir una cosita, una verdad personal, una cagadita nacida de mi intelecto ebrio de pobreza total. Bueno… después de cierta edad el corazón del hombre se recontra pudre, se deja vencer por todo aquello que huele a mierda mecánica, quiero decirte que es mejor no vivir más allá de los treinta años, y si uno tuviera el pulso firme y los huevos bien llenos de valentía debería meterse un balazo en la boca y a otra cosa mariposa, si te he visto no me acuerdo. ¿Verdad? Pensá en esta frase, fijate qué fuerza y verdad que tiene: si te he visto no me acuerdo. Y a la mierda con la familia, el trabajo, este calor de la puta madre, los autos, los impuestos, las tarjetas de crédito, las calles, los árboles de caras malas, las obsesiones, la calvicie, la piel muerta del cuerpo y los programas de televisión de la madrugada. Yo no quiero comprar más ni vender ni un pedo ni nada que sea parte del monstruito verde y los demonios de los circulitos metálicos. Sí. Ya sé. Todo eso soy. Pero si me das un tambor no sabés cómo haría bailar al mundo. Con alma y con vida y con sexo y con campos verdes y con cielos rojos de tempestades así de grandes, como el amor que tuve hace años, ella tenía quince y yo diecisiete, yo la llamaba Reina y ella me decía Lacayo. ¿Hay algo más en la vida?&lt;br /&gt;Dama verde, estás seria, silenciosa, fina y alta como un gato soberano en un palacio de leche y de oro, maullando hasta que la noche se parta dentro de los tachos de basura y ya no quede nadie en los bares. Te quiero dama verde, eres como Agostina aunque bien diferente, ambas comparten la belleza de la increíble juventud que yo ya he dejado caer en los basurales de la conformidad. Que me corten los brazos y me quiten la boca. Pero no, es mucho. No lo toleraría. Sin brazos jamás las abrazaré. Sin boca nunca podré ascender a los paraísos cálidos de sus besos que imagino así: redondos, flexibles, altos en la noche, eléctricos, violentos, satánicos, pecadores, malos, míos, de todos los hombres que sueñan con vidas distintas, besos de lava nocturna, besos de muchachas que hoy son inmortales mientras una furiosa y encrespada música de rock infernal trepa por la ciudad y la cubre de hiedras luminosas.&lt;br /&gt;Te quiero mucho dama verde, tu nombre humano me suena a nadar bajo aguas frías, muy lejos en la profundidad, Guadalupe, es así, un sonido de aguas que crecen entre los juncos quebradizos de las orillas, tu nombre humano, dama verde, que se parece a tu cuerpo tenue, grácil, delgado como una fibra del cielo en la mañana vacía, y tus ojos grandes que encierran ese color que yo no podré definir ni apenas nombrar con mis palabras de borracho y de loco. Esta forma de pensar es muy extraña. Deberé hacer un curso de lógica para no perder la poca razón que me queda. Y además tengo que coser el pantalón ese más sucio y viejo que dios. No tengo nada. Y encima soy feo.&lt;br /&gt;Pero puedo decir hasta el fin del mundo que las quiero.&lt;br /&gt;Porque vos, Agostina, una vez me miraste con un gesto increíble y yo dejé de sentirme un gusano. Sentí que era un hombre, un ser que piensa y habla. Y esto para mí es tan enorme que ya no sé qué carajo decirte. Debería ponerme a gritar como un tarado, a bailar como un trompo, a romper todo y quemar a la ciudad entera.&lt;br /&gt;Y vos, dama verde, vos me tocaste el pelo y todo el infierno de mi cabeza se apagó.&lt;br /&gt;Es tarde ahora. Los enfermos y las putas lloran tirados en la plaza, vomitados y sonrientes de ruina. Los basureros van vestidos con sus trajes naranjas muy brillantes y juntan las bolsas negras y resoplan de fatiga y miran a los que no dan más, ahí tirados como restos de la noche que ya pasó. Los perros corren a los autos, ladran, se juntan para conversar y saber qué ha pasado con el sabueso que la perrera atrapó a la medianoche.&lt;br /&gt;Y el calor sigue. Incluso aumenta. Toda la materia se queja y todo suda y todo está apretado por una humedad nociva y pesada.&lt;br /&gt;Esto es la máquina del universo, digo yo mientras enciendo un cigarrillo, y esto es vivir.&lt;br /&gt;Agostina hace otra vez el gesto que me salvó. Y la dama verde empieza a cantar algo que ya no podré olvidar.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8327896073992417303-7445564665585225811?l=elinmensososa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elinmensososa.blogspot.com/feeds/7445564665585225811/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://elinmensososa.blogspot.com/2012/01/la-maquina-del-universo-el-gesto-de.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8327896073992417303/posts/default/7445564665585225811'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8327896073992417303/posts/default/7445564665585225811'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elinmensososa.blogspot.com/2012/01/la-maquina-del-universo-el-gesto-de.html' title='La máquina del universo, el gesto de Agostina y la canción inolvidable de la dama verde'/><author><name>Patricio El Inmenso</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01397213389065244426</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_SYBcys2_ZZ8/S4Qea6aiVEI/AAAAAAAAABA/IJlQSyPNXTE/S220/sosus.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8327896073992417303.post-7374238723182041276</id><published>2012-01-06T17:29:00.001-08:00</published><updated>2012-01-06T17:29:42.388-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuentos'/><title type='text'>Tierra de niños</title><content type='html'>Fue una masacre. Uno a uno mis parientes cayeron fulminados en muertes horrendas y ruidosas. Tengo muchos años y un nombre tan ridículo que mejor será no decirlo. Esto que estoy por contar es simple y brutal. Es muy breve y completamente inútil.&lt;br /&gt;Había un perfume a jazmín en la noche y viento fresco de verano. Era nochebuena. Yo era un chico de siete años y estaba vibrante de euforia. Deseaba con mi corazón pequeño que ya fueran las doce en punto para ir hasta el árbol de navidad y ver los regalos. Papá Noel era todo. Lo mejor de del mundo estaba en sus ropas abrigadas del color de la Coca Cola. Y la Coca Cola también era una felicidad. Tomarse una botella de litro, de vidrio y bien helada no podía compararse con nada. Ni siquiera la alegría de correr por las calles y salir en la bicicleta con las cucharitas de helados entre los rayos de las ruedas era mejor que una Coca fría a las tres de la tarde y bajo un sol ardiente. Cuando besé a Noelia en la iglesia sentí algo parecido. La tibieza de su cara me mareó y estuve semanas como un idiota sin poder pensar en otra cosa que en ese primer beso. Pero no fue mejor que la Coca fría en la tarde, en verano y con toda la ciudad durmiendo la siesta.&lt;br /&gt;Papá Noel y los Reyes Magos llenaban mi cabeza de niño con imágenes que no sé cómo definir. Me sentía eterno y ajeno a los terrores de los adultos. En ese entonces no podía decirlo así, hoy tengo una fisura total en mi cuerpo y en mi alma y por eso puedo encontrar las palabras para recordar algunas sensaciones de la infancia. Cuando acertamos a explicar un sentimiento o una emoción es porque esa emoción y ese sentimiento ya murieron. Dejaron de ser extraordinarios para que los garfios del lenguaje los arrastren hasta la tierra.&lt;br /&gt;Y no sólo tengo emociones resecas y perdidas ahora.&lt;br /&gt;Las deudas me acosan. Estoy enorme de gordo. No sueño y hablo de los demás para regodearme en la miseria común.&lt;br /&gt;En fin. Nada importante.&lt;br /&gt;Tengo, sin embargo, algo para contar.&lt;br /&gt;En la Nochebuena del año 1987 mi familia se reunió con todos los parientes. Durante una semana estuvieron organizando la cena. Gritaban, peleaban y se maldecían. La tarde del veinticuatro fue un caos.&lt;br /&gt;Entre los parientes había un hombre que nadie conocía. Al parecer alguien lo había invitado. Era un señor muy alto que usaba una camisa amarilla de mangas cortas. Usaba el pelo largo y en los ojos le brillaban dos luces diminutas. Se presentó con cortesía y extrema educación bajo el nombre de Rupertazo Braguero Mitocondria. Dijo que se ganaba la vida como aventurero y vendedor de pócimas milagrosas. Se sentó debajo del limonero del patio de casa y se cebó, él solo, tres pavas de mate hirviendo. Toda la tarde y hasta que cayó la noche estuvo contándonos sus apasionantes historias. Cazaba leones y elefantes pero no los mataba. Los llevaba a su casa y les enseñaba a ser respetuosos, a lavarse bien con jabón y a cocinar postres de vainilla. Rupertazo aseguró que los elefantes eran los cocineros más diestros del mundo a la hora de hacer tortas de chocolate con maní.&lt;br /&gt;Yo estaba admirado.&lt;br /&gt;Ese hombre misterioso salido de ninguna parte me había fascinado.&lt;br /&gt;Los demás lo escuchaban y decían que sí con sus cabezas. Pero se notaba que no le creían ni una sola palabra.&lt;br /&gt;Cenamos. Mis primos tiraron varios vasos de gaseosa en la mesa y mis padres y hermana se rieron a las carcajadas.&lt;br /&gt;Y entonces se desató una tormenta asombrosa.&lt;br /&gt;Los truenos parecían rocas desprendiéndose de una montaña infinita, la lluvia un látigo de frescura violenta rompiendo el calor del día.&lt;br /&gt;Todos corrieron a la casa. Gritando y mojados.&lt;br /&gt;Me gustaban (todavía me gustan) las tormentas. Me quedé parado en el patio y la lluvia me tocó la cara. Estaba feliz. Entonces vi a Rupertazo. Acostado en el suelo, con los brazos abiertos en cruz y una enorme sonrisa en su boca.&lt;br /&gt;-Querido- me dijo- No hay nada mejor en ninguna parte del universo que el patio de tu casa. Hay tormenta y es nochebuena. Sos un niño. Este es el momento más alto de tu vida.&lt;br /&gt;Lo miré. No dije nada. El hombre se paró y me llevó de la mano hasta casa.&lt;br /&gt;Dieron las doce. Mi familia brindó. Algunas tías lloraban, conmovidas.&lt;br /&gt;Y ocurrió.&lt;br /&gt;No sé cómo contarlo. De cualquier forma que lo haga será un fracaso. Las cosas fundamentales se vuelven ridículas cuando se explican.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La noche en la que Rupertazo Braguero Mitocondria pereció, un obeso anciano de barba cana irrumpió por la ventana abierta y dejó, veloz, una bolsa rebosante de regalos. Mi abuela se abalanzó y agarró una cafetera Yelmo. Mi tío soltero dejó de tomar un vaso de Fanta y se hizo con una hamaca paraguaya. Mi madre se desmayó y mi padre siguió comiendo un costillar. Rupertazo nos miró y dijo que el anciano era Papá Noel. Nos reímos. En ese instante un rayo lo partió por la mitad. Mi abuela explotó. Mi abuelo cayó muerto de risa. Mis primos desparecieron en el aire. Mi hermana se sacó la cabeza con las manos y salió corriendo a la calle como hacen las gallinas cuando se las degüellan.&lt;br /&gt;Y sólo yo me salvé para contarlo.&lt;br /&gt;La navidad y la noche de reyes son tierra de niños.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8327896073992417303-7374238723182041276?l=elinmensososa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elinmensososa.blogspot.com/feeds/7374238723182041276/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://elinmensososa.blogspot.com/2012/01/tierra-de-ninos.html#comment-form' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8327896073992417303/posts/default/7374238723182041276'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8327896073992417303/posts/default/7374238723182041276'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elinmensososa.blogspot.com/2012/01/tierra-de-ninos.html' title='Tierra de niños'/><author><name>Patricio El Inmenso</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01397213389065244426</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_SYBcys2_ZZ8/S4Qea6aiVEI/AAAAAAAAABA/IJlQSyPNXTE/S220/sosus.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8327896073992417303.post-8181766367072785218</id><published>2011-12-08T18:56:00.000-08:00</published><updated>2011-12-08T18:57:41.267-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuentos'/><title type='text'>Las algas corrosivas</title><content type='html'>La pava silbó. Mustafá Capuleto se asustó y lanzó un bufido. Una garra afilada rayó el aire. Los bigotes de Mustafá Capuleto se movieron al percibir el vapor que salió a presión por el tubo curvo de la pava. En un afiche viejo la figura de Superman volaba entre los edificios de Manhattan. Al lado de la heladera Aurora colgaban tres bolsas llenas de pan atadas con hilo piolín. Un tocadiscos giraba y oscilaba para darle sustancia a la voz de Nino Bravo. El calor de la calle chocaba contra la puerta de red metálica. Se escuchaban los grillos en las zanjas reventando de agua llovida. El perfume de los malvones humedecía el ambiente. La noche crecía en los terrenos baldíos. Un perro galgo de pelo color ceniza pasó por la vereda. Se paró para olfatear un paraíso y levantó una pata. Se fue a los saltos. Una parte de la noche se le quedó pegada a la cola. En los cables de la luz tres gorriones se limpiaban el pecho. Una sombra destilada por filtros secretos los buscó. Los pájaros sintieron el frío y la muerte y volaron a una antena de televisión.&lt;br /&gt;El hombre putea. Dios, la virgen y los santos son una rabia en su boca. El agua hervida quema la yerba. Semejante tragedia no puede ocurrir. Es una época jodida. Vivir sale muy caro. El trabajo se hace gratis y cuando se paga es una miseria que permite no morir de hambre y de frío. En el taller las máquinas se pudren despacio. En los bloques de los motores crecen extrañas algas corrosivas. Una mañana miraron un motor que quemaba aceite. Lo pusieron en marcha para medir la compresión de los gases. Le taparon con masilla una fuga al radiador y cambiaron la manguera del filtro de aire. A los pocos minutos el bloque se partió a la mitad. El hombre ya no olvidará el ruido de la quebradura del hierro. No sabe por qué lo impresionó tanto. En esa ruptura mecánica hubo también una fisura total. La confirmación de una ley que se conoce y repite toda la vida pero que llegado el momento de su aparición se la anula y se la rechaza por injusta. Las cosas mueren. Los objetos hechos de la materia planetaria se parten a la mitad. En los motores de las máquinas crecen algas que comen metal. No hay mucho más para decir. En una esquina de un barrio alejado del centro un caballo que estaba comiendo pasto seco cayó fulminado por algo que se le rompió adentro. No se levantará jamás. En el vientre marrón y suave dos moscas verdes son la vanguardia de la futura descomposición. El cráneo del animal se abrirá bajo las lluvias nocturnas. De la cabeza antes caliente quedará una mueca helada sobre el barro negro. Ratas de colas elásticas comerán de ella y se llevarán a las madrigueras dientes grandes manchados de hierba.&lt;br /&gt;El hombre putea con ganas. El agua está hervida y quedan apenas tres cucharadas de yerba. El gato ronronea y se le acerca. Pasa entre sus piernas. Lo mira. Los ojos amarillos de Mustafá ven el fracaso del hombre. Lo percibe bajo la forma de un pájaro de pico afilado. Un pájaro que abre los pechos de los gatos de la calle y los deja muertos, tirados, con las bocas abiertas de violencia rígida en el alba roja.&lt;br /&gt;-La puta que lo parió a dios y a la virgen puta. Ya sé, Mustafá, ya sé, un día de mierda y ni mate podemos tomar. Ya está. No hay que hacer drama. Pongo una pava de agua nueva, seco la yerba que mojé y listo. ¿Tenés hambre vos? Me parece que queda una lata por algún lado.&lt;br /&gt;El hombre abre la canilla. El agua sale. Cae contra el fondo de lata de la pava y suena en una nota de voz grave. Pone la hornalla en mínimo. Deja la pava en el fuego y se agacha para buscar una lata de comida para Mustafá. En la etiqueta de la lata se ve un gato atigrado enorme y feliz. Entre los dientes le sobresale una lengua rosa doblada sobre la nariz. Un manjar único para el rey de la casa dice la inscripción en letras dibujadas.&lt;br /&gt;El hombre abre la lata. Huele el alimento. Se ríe y deja la lata en el suelo para que Mustafá Capuleto se dé un festín. El gato come con tranquilidad. Saborea los trozos de pescado mezclados con hígado picado y caramelo. Ronronea. El hombre lo mira y piensa en el sonido de los motores cuando se los deja encendidos y en marcha para calentarlos. Mustafá se quebrará también piensa. Un día estará tan viejo, tan flaco y sin fuerza que los huesos se le disolverán antes de morir. Debe tener algas extrañas en su corazón. Las mismas algas que aparecieron en los motores. Le quemarán la carne. Harán del pelo una mancha de color gastado y sus bigotes estarán caídos. No podrá saltar al sillón donde duerme y se afila las uñas. Me pregunto si le molestará descubrir que no podrá lavarse. Los gatos son muy pulcros. He visto al bueno de Mustafá lavarse durante horas, con método, con sabia y calculada elegancia. La vejez será para él un depredador, un enemigo que lo atacará de pronto y que será más ágil y fuerte de lo que pudo ser él alguna vez. Come, hermano Mustafá Capuleto, enorme gato que me ha hecho sentir bien en días de horror doméstico, cuando todo se caía a pedazos alrededor y no había manera de sobreponerse a la bestialidad dominante. Fue esa tarde cuando me avisaron que mis padres habían muerto. Los dos juntos. Estaban viajando para capital y en la ruta chocaron contra un terraplén mal señalizado. La muerte hace que se corran las brumas de lo real. Aparecen así las caras terribles de las definiciones. Lo irrevocable. Lo que pasa y se acabó. Sin queja. Sin explicación. Tuve que reconocer los cadáveres. Tuve que llenar formularios de color rosado. Tuve que elegir entre un montón de ataúdes silenciosos. Tuve que vender la casa donde había nacido y vivido hasta la madurez. Tuve que vender todo lo que había adentro y tuve que irme de la calle de mi niñez como quien se va a comprar pan sabiendo que no volverá nunca. En ese estado de confusión y miseria estaba cuando miré el cielo. Todo encendido en naranja. No sentí nada. O mejor: no supe qué sentir porque en la sangre tenía ya las algas corrosivas. Estaba lleno de ellas, húmedas, tejidas con sustancias indescriptibles y con ojos en el centro de sus cuerpos deformados. Me estaban comiendo. Las podía sentir como cosquillas y golpes eléctricos en el estómago. Debajo de la piel y formando un círculo voraz en el pecho. Es bueno ver comer a Mustafá Capuleto mientras tomo mate y afuera empieza a caer una helada increíble.&lt;br /&gt;La lata está vacía. Es tarde y el frío muerde los árboles y las piedras. Mustafá Capuleto duerme en el sillón. Se lo ve gordo y satisfecho. La cola enrollada sobre su pecho parece protegerlo de algo. Respira con lentitud. El aire da un sonido agudo y casi inaudible al salir de su boca. Como un silbido. El mismo tipo de sonido que la pava hizo cuando hirvió el agua. Parado al lado de la ventana entreabierta el hombre mira hacia afuera. Está con las manos en los bolsillos de una campera rota y el viento congelado le agita un mechón de pelo. Se mira los pies. Saca la mano de un bolsillo y se la pasa por la cara. Se la mira.&lt;br /&gt;Unas manchas verdes le suben desde la muñeca hasta las puntas de los dedos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8327896073992417303-8181766367072785218?l=elinmensososa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elinmensososa.blogspot.com/feeds/8181766367072785218/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://elinmensososa.blogspot.com/2011/12/las-algas-corrosivas.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8327896073992417303/posts/default/8181766367072785218'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8327896073992417303/posts/default/8181766367072785218'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elinmensososa.blogspot.com/2011/12/las-algas-corrosivas.html' title='Las algas corrosivas'/><author><name>Patricio El Inmenso</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01397213389065244426</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_SYBcys2_ZZ8/S4Qea6aiVEI/AAAAAAAAABA/IJlQSyPNXTE/S220/sosus.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8327896073992417303.post-9195317910917982927</id><published>2011-05-30T18:44:00.000-07:00</published><updated>2011-05-30T18:46:15.059-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuentos'/><title type='text'>El paraíso de Domingo Endeudado</title><content type='html'>Es un hombre viejo y sabe lo que significa despertar temprano cuando no hay nada que hacer durante el resto del día. La mañana fría como un vidrio roto se abre sobre la calle. Hay barro porque anoche llovió. Los tubos tapados de basura se inundaron. Los pequeños ríos de suciedad corrieron entre los adoquines azules, buscaron la salida hacia la parte baja y quedaron enredados entre latas de Coca Cola, cajas de vino y  botellas de cerveza. Llovió con ganas hasta que el amanecer se puso de pie iluminando con pobreza lo que había debajo de las nubes. Las nubes aparecieron reducidas luego de haber sido globos hinchados de agua suspendida. Una parecía una taza de café. Otra una pipa de donde salía un humo grueso teñido de plata.  El sol secará los charcos y en las partes altas de la ciudad el agua ya se habrá ido buscando el río. En los barrios de la orilla la lluvia se queda más tiempo. Fabrica pantanos industriales. Piscinas donde se bañan ratas peladas por la sarna urbana. Verlas nadar a la luz de los faroles de los talleres tranquiliza el hambre general. Los linyeras y los que no pueden más, juntos y con las bocas caídas en la desesperación, las miran nadar entre el agua como tinta y sonríen ante la danza roedora.&lt;br /&gt;- Mire ese ejemplar, Rey Carlos- dice un hombre de barba sucia y ojos enrojecidos. Parece que está bien comido el bicho, la panza gris le cae como un fuelle.&lt;br /&gt;- Sí, en estos lugares nunca falta el alimento para estas buenas criaturas de dios. ¿La ensartamos con el tridente, Póstumo Leonato? Podríamos cocinarnos un guiso suculento.&lt;br /&gt;- Tal Vez, tal vez.&lt;br /&gt;Y se frotan las manos resecas y penetradas por el hollín.&lt;br /&gt; Los linyeras viven en los caños de las cloacas. Son tubos de cemento que pasan debajo de las avenidas y forman redes complejas por donde van las aguas servidas, del color del barro puro. Cuando llueve se llenan hasta no poder más y el agua revienta contra las alcantarillas. Los linyeras salen de sus hogares pequeños, escapan del agua, buscan sus pocas cosas y salen a calles de tierra para dormir en campos alejados. Para evitar morir ahogados usan perros como vigías. Son animales de aspecto  triste, con el pelo quemado por los cigarrillos de los marginales violentos, hocicos que gotean rabia líquida y heridas de todo tipo en cuerpos flacos y huesudos. Parecen garfios que mutaron a perros, buscando comida con furia y ladrando a lunas demenciales en los cielos negros. A veces se juntan para cazar alguna alimaña. Rara vez ocurre esto ya que se detestan con fervor. Pero cuando el hambre alcanza categoría de arquetipo no les queda salida. Se reúnen para cooperar, se huelen sus culos mugrientos para reconocerse y se asombran de las llagas que la sarna les dibuja en las pieles.&lt;br /&gt;- ¿Hay algo por el centro?&lt;br /&gt;- Nada. Se llevaron todo los basureros. Ni una bolsa había.&lt;br /&gt;- ¿Los huesos del mercado chino? &lt;br /&gt;- No los tiran. Los usan para hacer comida enlatada.&lt;br /&gt;- Están muy ricos esos huesos. Podridos. A punto. Cuando fui cachorro tenía un dueño bien posicionado en la sociedad y siempre comía alimento especial. No me puedo olvidar del gusto de aquella pudrición industrial.&lt;br /&gt;- Me voy.&lt;br /&gt;- Vaya.&lt;br /&gt;Se mueven con esa gracia saltarina de los perros salvajes. Desaparecen entre las calles. Cuando no pueden encontrar comida se acercan a los tubos de cemento y negocian con los linyeras. &lt;br /&gt;- En dos días lloverá mucho. Habrá sopa. Salgan a la noche apenas empiece a llover.&lt;br /&gt;- Bien. Acá tienen tres bolsas llenas de sobras, huesos y cabezas de bagres que nosotros mismos pescamos en el pozo del centro. Los bagres tienen la carne tierna porque el agua de los tubos que terminan en el pozo es tan sucia que los peces se ponen contentos.&lt;br /&gt;La Sopa es el agua que las grandes inundaciones dejan caer sobre las calles. En los barrios más pobres que no tienen la estructura necesaria para soportar las lluvias, una tarde de precipitaciones es suficiente para el caos. Todo se hunde en agua sucia. Los edificios de cartón se caen como si fueran de plomo. De los barrios residenciales vienen olas negras de barro y de limo. Los linyeras, apretados entre sí debajo de los tubos de las cloacas, juntan sus manos y les piden a sus dioses por la salvación. Pero La Sopa no entiende de pedidos religiosos. Es una fuerza que está más allá de toda razón y su naturaleza es arrasar con lo que encuentra a su paso. Y es su paso muy enorme, fuerte, implacable y con la furia indiferente de las catástrofes. La Sopa llega. Ya está. Un mundo seco se vuelve un mar podrido donde se ahogan marginales, gatos, perros y ratas. Muy pocos pueden sobrevivir a este diluvio. Los perros más duros han desarrollado una capacidad que les permite advertir la llegada de La Sopa con antelación. Usan este poder para salvar sus vidas y negociar con los linyeras de los tubos. A cambio de bolsas de basura dan informaciones detalladas de la fecha y la hora en que habrá de precipitarse la gigantesca lluvia. La Sopa ha comido mucho en estos últimos años. Miles de niños han desaparecido en los canales y los riachuelos donde las fábricas de máquinas vierten sus desechos. Los chicos suelen ir en grupo a mirar cómo el agua corre entre los tubos abiertos en la tierra. Van a jugar como pueden: torpes porque la mayoría están rengos, doblados por enfermedades crueles o locos por completo. Están ahí, inclinados hacia el fondo turbio por donde el agua se arremolina, miran, miran hasta que los ojos se les funden y pierden en el agua negra y ya no saben qué son. Se pegan, se pelean, aferran sus manos a las rejas de seguridad de los pozos y después, agotados, regresan a sus casas miserables cantando cumbias de belleza inmortal. Pero La Sopa ha sorprendido a varios y se los ha tragado hasta el fin del mundo. Al día siguiente se ven mujeres que llaman con alaridos a sus hijos extraviados. Y los hombres, que están siempre derrotados y sin valor por el orden que los aplasta, miran sin entender la desesperación de esas mujeres que van de  un lado a otro, de un barrio a otro, locas y con la cara contraída, buscando a sus hijos que el agua se llevó.&lt;br /&gt;- ¿Para qué buscar si ya tenemos otros?&lt;br /&gt;- No importa que tengamos quince, veinte o cien, se perdió Martita, y ella era única porque le gustaba probar el pan duro en la salsa de mis guisos.&lt;br /&gt;- Como sea. Hay más.&lt;br /&gt;- Hombre de poca sangre y de poca voluntad.&lt;br /&gt;- Es el trabajo, mujer. Calle usted que no sabe lo que es cargar los inmensos tornillos del taller. No hable. Cocine y lave que yo traeré la comida a esta casa.&lt;br /&gt;- Martita.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Domingo se despierta. Está solo. No tiene nada que hacer porque es un hombre viejo. Muy viejo. Al segundo de haber despertado siente que un miedo muy agudo, como un cuchillo para cortar huesos, se le clava en el pecho. Es un miedo que no lo deja en paz. Un miedo que ha estado ahí desde que empezó su ruina. Domingo tiene que levantarse con este peso de terror atado a su cuerpo, como si tuviera una cadena en su pie y una bola de acero en su extremo. Día y noche. Sin pausa ni tregua todos los días de su vida. Es infernal. Es el miedo a ser descubierto por un Perro Eléctrico. Son seres que el poder del país creó hace cientos de años ya para controlar la población de humanos pasados de edad. En el mundo la gente apenas si puede vivir hasta los treinta años a causa de las pestes y demás azotes que corren por el planeta. De modo que los viejos pululan en las naciones y esto a las empresas les produce pérdidas. Porque los viejos no compran ni consumen. Los jóvenes, en cambio, son una inagotable fuente de comercio ya que son capaces de comprar lo que sea y al precio que sea. Los viejos desconfían de las bondades de los productos que las empresas publicitan sin parar en todos los rincones del globo. Nadie se escapa al influjo poderoso de la publicidad que ha logrado un sistema infalible: la invasión destructiva. Es simple, barato y eficaz. Los avisos publicitarios son pequeños robots volantes invisibles que están en el aire y entran en el cerebro de la personas perforando los huesos del cráneo. Una vez adentro comienzan a repetir con voces agigantadas mediante parlantes microscópicos los textos que venden el producto. Estas voces no callarán jamás a menos que el hombre compre lo que se le dice. De lo contrario la cabeza estalla o el hombre enloquece para toda la vida. Andará por las calles repitiendo avisos de productos inexistentes, con los ojos abiertos a la demencia y lejos de toda humanidad. Los Perros Eléctricos fueron diseñados por los ingenieros de estas empresas cuyos tentáculos se extienden a toda la civilización. Son grandes máquinas recubiertas de pelaje sintético, con formas de perros feroces para llenar de terror a las víctimas. Por dentro están llenas de cables y relés y tuercas y engranajes concertados para que corran a velocidad. Las mandíbulas van provistas de pistones y un motor de combustión interna que genera una fuerza tan tremenda que no hay nada que estas mandíbulas no puedan triturar. Los Perros Eléctricos salen de hangares secretos en grupo y se dispersan en la noche en silencio. Buscan disfuncionales, viejos y viejas, los detectan con sus sensores delicados, los persiguen, los rodean y los masacran. De los cuerpos no queda nada. Se comen incluso hasta la ropa. Los Perros Eléctricos regresan poco antes de la salida del sol y en las ciudades los avisos publicitarios vuelan de nuevo. &lt;br /&gt;Por eso Domingo amanece con miedo. Es un anciano. Vive solo y su estado financiero no le permite comprar nada de nada. A duras penas a podido librarse de los avisos de publicidad y por eso todavía está con vida. Y es una vida enferma dentro de un mundo enfermo, sí, pero Domingo, muy en su interior, tiene una reserva de extraña dignidad que no lo deja matarse. Varias fueron las veces en que pensó en la soga, la bala, la caminata imprudente para que los Perros Eléctricos lo devoren; la fatiga de ser un marginal oculto lo tiene harto. No puede beber café porque no tiene un centavo. Es viejo. Es tremendo ser esta cosa, se dice mientras quita una sábana amarilla y crujiente, una cosa inútil que sólo sabe de dolores y no puede acercarse a los placeres. El mundo está hecho para la gente limpia y exitosa, para los seguros de sí mismos, los emprendedores, los genios sanos y los racionales, los talentosos y hermosos y jóvenes. Y no sé si es un espanto que sea de esta manera. Porque lo único que resulta valioso es, tal vez, la belleza. Y la belleza vive en la juventud, en la aventura, en la irresponsabilidad y el juego. Yo crecí y me perdí.&lt;br /&gt;La cafetera se rompe. Un chorro de café tan claro que parece agua contaminada sale volando y mancha la pared. Se escucha un largo insulto. Domingo golpea la mesa y cierra los ojos para no sentirse tan derrotado. La cafetera es más vieja que él y ya no da más. Se ha roto. Domingo comienza el día sin su café. Era un café de miseria el que iba a tomar, sin azúcar y tibio, sí, pero pregunten ustedes a un desdichado total qué le parece la idea de tener un poco de felicidad o nada y verán qué les responde.&lt;br /&gt;- Mierda de máquina. Las empresas son capaces de inventar seres caninos eléctricos y altamente sofisticados para matar viejos pero las cafeteras automáticas siempre se hacen pedazos. Vivimos en el orden de la degradación de las formas. Algo vive. Bien. Muy lindo. Muy conmovedor. Pasa un tiempo. Y ya no está más. Algo que nos vigila y odia  se ensaña con la sangre y la seca. Nos mata. ¿Quién será? Cuando era joven yo traté de pensar en esto y me dije que había una especie de ser supremo que daba la vida y la cuidaba y quería que cada organismo, por humilde que fuera, sea feliz y pleno. Pero hay otro ser supremo también que quiere que la pena y el horror reinen en la vida. Su fin es claro: la destrucción. Yo no tengo nada y no tuve nada pero cuando era un hombre de veinticinco años soñaba despierto. Y trabajé muy duro. Me puse a inventar lo que me dictaba el deseo, durante años, y cometí el error de olvidar que el hombre nace metido hasta la cabeza en un orden muy preciso donde el único patrón valedero es el de la acumulación y el éxito, la realización personal que se efectúa con la aprobación de los demás que a la vez buscan lo mismo y así se arma una lucha perpetua por ser alguien, por destacarse entre la gris masa de los insignificantes y perdedores y yo, ahora, después de haber trabajado tanto y luego de estar como un tarado tratando de levantar algo hermoso que saliera de mí estoy por fin dentro del grupo inmenso de los pequeños hombres, los que no salieron de la bolsa de basura, los desclasados y minúsculos. No hay café. No puedo salir de esta casa porque los Perros Eléctricos, si bien no cazan durante el día por razones de marketing, pueden seguir el rastro de pena que dejo sobre las veredas. Y amanecer es para mí una tortura. Porque cuando duermo sueño con Daiana. Y ella ya no está.&lt;br /&gt;En la ciudad se agita el comercio. En el barrio de Domingo los linyeras pasan por la esquina con sus trapos que se agitan en el viento producido por los ventiladores subterráneos. Una mujer flaca, con las costillas formando una red ósea en su torso, pasa buscando a su hijo perdido. Anoche hubo Sopa. Y los tubos todavía están repletos de agua mortal. Las ratas sarnosas saltan en las verdulerías. Tan hambrientas están que no les importa que los verduleros las maten a balazos. Una de ellas tiene una gran zanahoria entre sus manos y la defiende de las demás con determinación. Mueve sus ojos en todas direcciones. No podrán conmigo, parece que dijera, rata con hambre en la ciudad después de una noche de tormenta, este es el mundo en que nos arrastramos y nacemos y morimos. Si un hombre fuera por ahí con una zanahoria aferrada en sus manos, ¿qué diríamos? Pues es una verdad. Porque enfrente de la verdulería un gordo calvo y desnudo lucha a muerte con un nutrido batallón de ratas sarnosas y en sus manos de niño obeso sostiene una enorme zanahoria del color del crespúsculo. No, gordo querido, no te sacarán tu zanahoria por más que todas las ratas del universo se pongan a morderte la panza. ¿Gordo? ¡No te entregues así! Muere, sí, pero luchando por tu zanahoria que brilla como el sol cuando la tierra era buena para vivir.&lt;br /&gt;Domingo tiene más de cien años. Vive en una casa increíble por lo pobre y pequeña que es. Hace ya años que no recuerda sino tres hechos: su ruina, la muerte de Daiana y el episodio de demencia que le sobrevino. El resto de su memoria ha sido usurpado por el miedo.&lt;br /&gt;Junta los restos de la cafetera. Resopla de cansancio. Ha dormido mal y es muy temprano. Con un trapo limpia la pared manchada. Sin querer mira una pila de libros que se tambalea contra la pared y lee varios títulos. Recuerda cuando leía y sentía que la desesperación se volvía menos potente por un rato. Sigue limpiando la mancha. Apoya una rodilla huesuda en el suelo. Siente que el frío de la casa le entra en el cuerpo y se para. Que la mancha quede como sea y listo, se decide, ya estoy grande para andar preocupado por estupideces de limpieza. Además nada se puede hacer contra la suciedad. Es una de las armas del dios destructor de formas. Uno limpia toda su vida y ahí está otra vez, la vieja y querida y eterna suciedad de paredes, suelos, muebles y objetos. Es una condena o una parte ineludible del cosmos que se desintegra en cosas pequeñas y domésticas: una puerta que la humedad rompe y saca de quicio, una taza de café tan sucia que es ella misma una mancha de café tridimensional, la cara que nos devuelve el espejo, las canas, la calvicie y la pérdida de la emoción, la horrible ausencia de un ser humano que amamos de verdad, todo esto que se hace decrépito y se corrompe bajo la presión del polvo, las rodillas doloridas, la tos nocturna y la rigidez de los hombros. Qué espanto. Así no se puede uno curar de la locura. Cuando te supe muerta enloquecí. ¿Me curé? ¿Por qué seguí vivo? Ahora estoy muy cansado para hacerme más preguntas de este tipo y sé que son inservibles, ayudan a que la desintegración se acelere. Pero qué espanto, qué feo todo, y tan sin razón que ya da risa. Te quería, Daiana, eras lo que en aquellos tiempos que hoy todos piensan salvajes se llamaba esposa. Vivíamos juntos en esta misma casa que era distinta porque estabas vos y la cuidabas como me cuidabas a mí que era por entonces lo que soy hoy, un adulto que no sabe qué hacer con el terror de las mañanas y es incapaz de arreglar una cafetera automática. Ya está. Daiana, eras hermosa, cuando te miraba no me importaba nada, eras vos y estabas ahí conmigo y nos reímos como locos porque alguno de nosotros había dicho alguna cosa muy estúpida y absurda. No eras vieja. No para mí. Y cuando ese Perro Eléctrico te sorprendió en la plaza la vida debió suicidarse de asco y de vergüenza. La gente buena muere más rápido, esta es una verdad que aprendí cuando en la pantalla de la información obligatoria vi tu nombre entre cientos de otros nombres que no eran nada para mí y sin embargo lo eran todo para otros. Ya está. Esta cafetera me cansó.&lt;br /&gt;Con un puño firme Domingo golpe la cafetera. Queda retorcida y aplastada, con el armazón de lata arrugado y despintado. La mano de Domingo gotea  una sangre oscura. Ya es más del mediodía y en el barrio se ponen en marcha los bólidos del ministerio total.&lt;br /&gt;Mierda de aparato, dice Domingo mientras deja que el agua de la canilla le limpie la herida, una mierda muy bien hecha, sí señor. ¿A dónde irán los bólidos del ministerio? Hace más de cincuenta años que están funcionando sin interrupción. Aparecieron después de la revuelta de los adoradores del césped. Eran buenos muchachos apenas llegados al umbral de la ancianidad que se manifestaban contra  la decisión de las empresas de quemar los lugares públicos donde hubiera césped. No explicaron por qué. Sencillamente quemaron parques y plazas y lugares de esparcimiento. Los adoradores del césped se opusieron y en una de las tantas marchas de protesta salieron de vaya a saber dónde estos bólidos negros con forma de balas. Se llevaron a los adoradores. No aparecieron nunca más. Y desde ese día, a las doce en punto o a veces más tarde, aparecen en la ciudad y se van veloces. ¿A quienes se llevan si es que se llevan a alguien? ¿Qué hacen? ¿Por qué el ministerio total los tiene a su servicio todavía si no hay gente que proteste sobre nada?&lt;br /&gt;La herida queda limpia. Domingo cierra la canilla. Mira las gotas del agua del color de la arena durante varios minutos. Su mente se escapa y se recluye en extraños años que ya no existen.&lt;br /&gt;Golpean a la puerta. Domingo se estremece. Nadie lo visita desde la muerte de Daiana. Esto no será nada bueno, piensa, y el terror de todas las mañanas crece como un mar.&lt;br /&gt;No atenderé, sea el que sea que se vaya por donde vino. Me quedaré muy quieto, sin hacer un ruido. Debo controlarme. Este miedo es el de siempre, sólo que un poco más grande por este imprevisto. ¿Quién llamará a mi puerta en este día de sol? ¿Quién me busca en esta casa habitada por el dolor? Qué mierda. Y no pude tomar mi café.&lt;br /&gt;Más golpes en la puerta. Insistentes. Contundentes. Admonitorios.&lt;br /&gt;¿Será el destino que llama con golpes eternos y divinos? Estoy aterrado. Esposa de mi corazón, dame fuerzas y espíritu de combate. ¿Y si un vecino asqueroso llamó al gobierno para que me mandaran los Perros Eléctricos? No. Imposible. Salen de noche únicamente.&lt;br /&gt;Golpes. La puerta cede y una silueta muy alta se recorta contra la luz de la tarde. La figura da un paso y entra. Domingo, agachado como un bicho temeroso en el suelo, mira desde la humillación.&lt;br /&gt;- Buenas tardes. ¿Es usted el señor Domingo Frágil Endeudado, viudo, jubilado inmundo y poseedor de la miseria urbana?&lt;br /&gt;Domingo mira sin entender. Como puede se repone. Se levanta del suelo. Mira al extraño. Es un hombre joven (todos los son) vestido de traje normal, de talle normal y cara normal y gestos normales.&lt;br /&gt;- Sí, soy yo, Domingo Frágil Endeudado. Viudo de Daiana, la más preciosa mujercita que…&lt;br /&gt;- Sin patetismo, por favor señor, soy un funcionario atareado y no tengo tiempo de escuchar lamentos. Seré breve. En los archivos interminables del estado se registra una moratoria a su nombre y ya han caducado todos los plazos. Paga ahora mismo con intereses y gravámenes incluidos o será devorado por los Perros Eléctricos en el turno nocturno de este día, a saber: todo en su legalidad y eficacia administrativa y ya está, sin duda ni afecto queda informado señor Domingo Frágil Endeudado&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre gira y se va. No cierra la puerta. Domingo, perplejo y partido en su alma, mira los colores abigarrados de una tarde infernal. Un espectro de luces hostiles que flotan sobre las construcciones caóticas de una ciudad abandonada al azar. Domingo trata de recordar el origen de la supuesta deuda contraída pero no encuentra ni un ápice de memoria. Ignora, después de tantos años llenos de sufrimiento, que las palabras ominosas del funcionario son verdad. Hace mucho Domingo intentó entrar al cosmos comercial de la gente adulta. Lo hizo para ser como los demás, para ser parte del grupo de aquellos que triunfaban en la vida gracias a ser solventes en la economía y en las posesiones que la sociedad valoraba sin discusión posible. Entonces, la noche en que se hallaba todo roto como persona, fue en busca de un vendedor de bienes. Era joven y valeroso. Fue al barrio de los terribles comerciantes y después de enfrentarse a temibles mercaderes que intentaron venderle cosas inútiles encontró al vendedor que buscaba. Era un hombre bajo, robusto y calvo. Tenía el aire de los que lo saben todo y jamás dudan. Fumaba un cigarrillo rosa e iba vestido con jeans, camisa y zapatos brillantes de limpieza. Dijo llamarse Luis Estafa Deslumbrante y aseguró ser el vendedor más honesto que había pisado la tierra en la historia de la humanidad. Ya el nombre del monstruo revelaba su identidad moral real, pero Domingo estaba tan poseído por la idea de su futura adquisición que este dato enorme le pasó por el costado, como si nada. La conversación fue larga e intrincada. En su tremenda ingenuidad comercial Domingo creyó que era capaz de confundir al comerciante con preguntas inquisidoras y profundas. El vendedor afectó perplejidad y le dijo a Domingo que nunca antes se había encontrado con un cliente tan perspicaz. Después de varias horas de diálogo Domingo aceptó la propuesta. Luis Estafa Deslumbrante le dio un manojo de papeles grises y allí mismo, sin pensar en lo que vendría, el pobre Domingo firmó su condena.&lt;br /&gt;- Perfecto amigo- dijo el vendedor. Es usted un hombre de criterio. En poco menos de diez años será el flamante poseedor de un bien mecánico que hará palidecer de envidia a sus vecinos. Su viajo status quo ya no lo avergonzará. Será usted un conductor de un CERO KILOMETRO.&lt;br /&gt;Luis Estafa Flamante le quitó los papeles de las manos y Domingo, con la boca estupidizada de felicidad, se quedó con las copias mientras regresaba caminando a su casa para contarle a Daiana la novedad.&lt;br /&gt;Todo Salió mal.&lt;br /&gt;En su casa Domingo se sentó a leer los papeles con Daiana, que le cebaba mates dulces y calientes, y con gran inquietud descubrió cosas que el vendedor se había cuidado de no decir. El contrato comprometía de por vida al comprador. Era una locura. Al principio de las ciento diez hojas que lo formaban el contrato decía lo que sigue: El señor insignificante de nombre ridículo se ha puesto al pie del poder brutal de la economía firmando estos papeles. De no cumplir con la INTEGRACION MINIMA OBLIGATORIA asume el riesgo de ser destrozado por la fuerza anónima que rige al mundo. El monto de la INTEGRACION MINIMA OBLIGATORIA es el total del sueldo percibido como empleado triste multiplicado por diez mil más impuestos a los fracasados. &lt;br /&gt;Daiana gritó. Dejó un mate ya frío sobre la mesa y se desesperó.&lt;br /&gt;- ¿Qué hiciste, Domingo?&lt;br /&gt;- Fui hasta el barrio de los vendedores para comprar una máquina que podamos manejar, mujer, un automóvil. Pero el señor que me atendió no me dijo nada de esto que acabamos de leer. Tengo miedo. Mi sueldo multiplicado por diez mil es una suma que jamás podré juntar ni aunque venda mi piel para que recubran las veredas de los millonarios. &lt;br /&gt;- Pero Domingo, para qué un aparato de esos si tenemos dos bicicletas y ninguno de los dos sabe manejar. Es terrible. Qué cosa con este hombre, no lo puedo dejar solo.&lt;br /&gt;- Tenés razón, querida, quise ser como los demás y mirá en qué te involucré. No merezco tu amor ni tu perdón.&lt;br /&gt;- No digas pavadas y andá a calentar el agua que estoy muy nerviosa y necesito tomar mates dulces. &lt;br /&gt;- Ya voy.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y así fue como Domingo selló su destino. De no haber pensado en una actividad comercial estaría vivo ahora, joven para siempre y con su querida Daiana, en su casa pequeña y tomando mates dulces cuando cae la tarde.&lt;br /&gt;Es otro día en la tierra. Ayer la ciudad donde Domingo vive amaneció ultrajada por la Gran Sopa. Hoy los arroyos van con poco agua y los tubos de cemento de las cloacas son habitadas de nuevo por los linyeras.&lt;br /&gt;- Hola compañero. ¿Cómo le ha ido con la Gran Sopa?&lt;br /&gt;- Hola compadre. Bien. No perdí ninguna persona querida y tengo lo que antes tenía: una bolsa con tres papas y este cuerpo minado por los piojos.&lt;br /&gt;- Gloria al sol que seca las heridas de la Gran Sopa, compañero.&lt;br /&gt;- Gloria.&lt;br /&gt;- Mire, parece que las amigas ratas están regresando a su hogares.&lt;br /&gt;- Así debe ser, hermano, se las ve flacas por el esfuerzo de ayer, pero ya en poco tiempo estarán gordas de nuevo. Qué guisos nos vamos a comer.&lt;br /&gt;- Un pleno deleite.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde un sueño complicado y feo, malo y crudo, Domingo despierta a la mañana. Es muy temprano pero ya el sol ha tocado con su calor a todas las cosas heladas por la noche. Domingo siente el miedo, el viejo terror que lo acompaña desde siempre. Va hasta la cocina. Abre la canilla y llena la pava con agua. La pone en la hornalla y se sienta a esperar. Mira la mañana y respira con lentitud. Se frota las manos. Descubre una mancha en uno de sus dedos. No se asombra. Es una marca de la vejez. Piensa. La verdad es que soy tremendamente viejo. Un muerto que habla y camina. Un cadáver que se demora en morir. Es tan triste volverse viejo. No hay manera de disfrazarlo con palabras. No hay máscara posible para ponerse. Se es viejo y ya está. Significa que la felicidad es imposible y que los amores se han vuelto niebla y oscuridad. Qué viejo me he puesto esta mañana. Ayer estaba menos viejo. Hoy han crecido arrugas en la piel y por dentro la sangre corre tan despacio que el corazón debe pensar en que ya se murió. Si continúa latiendo es por tedio y resignación. ¿Te acordás cuando te abrazaba en la calle, Daiana? Te ponías furiosa porque eras tímida. Una mujercita. Apenas una muchacha. Pero yo te vi y supe que eras increíble y que si no te decía nada entonces me transformaría en un bicho, viviendo bajo tierra y comiendo hongos. Por eso fui y te dije que te amaba. Así, de pronto y de verdad. Vos me miraste con esos ojos que decían tantas cosas y entonces te reíste y yo supe que todo estaba bien en mi corazón y con el tiempo aprendí que el tuyo era cálido y apasionado, real, humano, amasado con debilidad y finitud pero amante y despierto. El mío ahora está viejo. Qué le vamos a hacer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sintió nada. Fue muy rápido. Ni siquiera escuchó los pasos de hierro sobre el suelo y los resoplidos de esos modelos antiguos. Los empresarios anónimos no pensaron que debían mandar a los mejores, los que corren en silencio y no largan vapor por los hocicos. La presa era poca cosa. Un don nadie. Un clase baja. Un perdedor. Un deudor. Un viudo. Un viejo.&lt;br /&gt;Los Perros Eléctricos no funcionan de día. Estos eran modelos antiguos preparados para atacar con luz diurna. Eran armatostes sin pieles sintéticas que chirriaban y dejaban rastros de aceite roja en su carrera trepidante.&lt;br /&gt;En sus mandíbulas oxidadas va el cuerpo destrozado de Domingo. Llegan a un pozo que se abre en mitad de un solar árido y lo tiran al vacío. Se van. &lt;br /&gt;En las ciudades del mundo los avisos publicitarios invasores que penetran los cerebros comienzan a volar. Se alojan en el encéfalo y largan sus textos a volumen letal. Los ciudadanos se doblan de dolor y van corriendo como el rayo a comprar. Es la única forma capaz de hacer que las voces bajen la intensidad del volumen. Nunca se apagan por completo. Están perorando día y noche y una vez dentro de las mentes es imposible erradicarlas.&lt;br /&gt;Es un mundo lógico y justo. Es un orden que ama el poder y le rinde sacrificio. No es novedad. Así las cosas.&lt;br /&gt;La Gran Sopa fue violentísima.&lt;br /&gt;Una demencia de lluvia, truenos, relámpagos y piedras.&lt;br /&gt;Los tubos reventaron.&lt;br /&gt;Los perros vigías no tuvieron tiempo de avisar y los linyeras murieron ahogados junto a  ratas sarnosas, desempleados, viejos refugiados y mutantes deformes.&lt;br /&gt;Así las cosas.&lt;br /&gt;Y el agua llegó a los barrios exclusivos y entró en los castillos y los derribó en pudrición y brutalidad. Los señores correctos y las señoras pulcras junto con sus hijos que olían a perfume fueron arrastrados hacia el mar. Era de noche. Y el mar en la noche es un monstruo infinito que brama y destila terror.&lt;br /&gt;Los edificios de las empresas, con sus altísimos muros encristalados y de acero, cayeron bajo la fuerza del agua y la basura.&lt;br /&gt;Los pensadores geniales que estaban diseñando planes de ventas naufragaron en la inmundicia.&lt;br /&gt;El agua no paró al amanecer.&lt;br /&gt;La Gran Sopa continuó durante años.&lt;br /&gt;Así fue el fin del mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Y este lugar qué es?&lt;br /&gt;- Tanquilo. Es un buen lugar. Un espacio pensado para usted.&lt;br /&gt;- ¿Y yo quién soy?&lt;br /&gt;- Usted es un gran hombre.&lt;br /&gt;- ¿Sí?&lt;br /&gt;- Sin dudas. Usted fue un escritor de cuentos de ciencia ficción, cuando era joven y estaba casado con Daiana, la chica morocha.&lt;br /&gt;- No sé de qué me está hablando.&lt;br /&gt;- Es normal. Usted ha sufrido mucho y las almas de los que pasan por lo que pasó usted se quiebran para sobrevivir. Ya recordará todo, a su tiempo. Venga. Lo están esperando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un camino de tierra lisa. Al costado enormes eucaliptos que dejan caer hojas fragantes de menta. Un bosque a lo lejos y un gato naranja y gordo que está sentado sobre un montículo de hojas secas. El gato mira y parece sonreír. Mueve la cola. Tiene ojos amarillos muy grandes.&lt;br /&gt;- Es un gato muy gordo. ¿Está solo en el bosque?&lt;br /&gt;- Es Jorge Luis, el gato del lugar. Duerme casi todo el tiempo y se divierte molestando a los gorriones.&lt;br /&gt;- ¿Hay gorriones?&lt;br /&gt;- Sí.&lt;br /&gt;- ¿Y qué más?&lt;br /&gt;- Y árboles. Muchos y de todo tipo. &lt;br /&gt;- Me gustan los árboles y los gatos.&lt;br /&gt;- Por supuesto.&lt;br /&gt;- ¿Hay mosquitos?&lt;br /&gt;- Ni uno.&lt;br /&gt;- Porque odio los mosquitos.&lt;br /&gt;- Ya sabemos.&lt;br /&gt;- ¿Quién es usted?&lt;br /&gt;- Un amigo. Ya llegamos. Entre usted solo, yo no puedo. Hasta aquí lo acompaño. Un abrazo.&lt;br /&gt;- ¿Se va? ¿Me deja solo? ¿A dónde tengo que entrar?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una puerta vieja de madera aparece desde la nada. Tiene un cartel pegado con letras enormes que dice junta toda tu esperanza y entra.&lt;br /&gt;      -Hola señor.&lt;br /&gt;-Hola. ¿Qué lugar es este?&lt;br /&gt;-Este lugar es el tuyo. &lt;br /&gt;-¿Quién  sos?&lt;br /&gt;-Hoy me llamo Pepa, mañana me llamaré Pequeña y ayer me llamé Tatita.&lt;br /&gt;-Sos una niña.&lt;br /&gt;-Sí. Como todos.&lt;br /&gt;-¿Por qué estoy en este bosque?&lt;br /&gt;-Porque eres un hombre divertido y cuando eras un jovencito te gustaba inventar historias locas. Por eso. Y porque Daiana te espera para subir a los árboles. &lt;br /&gt;-¿Daiana? No sé. Me duele la cabeza.&lt;br /&gt;- Ya se te pasará. Es lo que ocurre cuando los viejos llegan desde la sombra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Domingo ya sabe quién es. Lo recuerda todo. Cuando tenía veinte años soñaba con ser un escritor de ciencia ficción. Lo intentó hasta que no pudo más. Escribió cientos de relatos, dos novelas y guiones para historietas. Era un chico muy divertido que quería vivirlo todo, sin filtro ni miedo, y por este mismo deseo se hundió. Un día, harto del fracaso y la pena, con atroces dudas sobre su talento, decidió entrar en un plan de ahorro para comprarse un automóvil flamante. Tenía una esposa que amaba con locura y que fue atrapada por los Perros Eléctricos. Después los días se enterraron en la sombra de una adultez vacía y la vejez lo comió. Soñador fracasado. Adulto sin profesión y viudo envejecido.&lt;br /&gt;- Me quiero morir.&lt;br /&gt;- Ya estás muerto, Domingo.&lt;br /&gt;- Hola Pepa.&lt;br /&gt;- Soy Martita. Hoy me llamo así.&lt;br /&gt;- Martita.&lt;br /&gt;- No tenés que estar triste. Ya terminó el dolor de la vida. Estás en la otra parte. Podés ser de nuevo un joven y un amante y un soñador.&lt;br /&gt;- No puedo. Nadie puede. Mirame las manos, son como una goma sucia. Soy un viejo.&lt;br /&gt;- Sí. Pero podés regresar.&lt;br /&gt;- No se puede.&lt;br /&gt;- Pero si serás porfiado, te digo que sí se puede. ¿Los chicos mienten acaso?&lt;br /&gt;- Creo que no.&lt;br /&gt;- Y yo soy una chica, una niña.&lt;br /&gt;- Bueno.&lt;br /&gt;- Vení. Te mostraré el campo de las mandarinas y vas a ver a Daiana. Ella riega los árboles y cuida a los chicos.&lt;br /&gt;- Basta por favor. Estoy en el infierno.&lt;br /&gt;Martita lleva de la mano a Domingo por el bosque.&lt;br /&gt;Después de caminar un rato los eucaliptos van desapareciendo. Dejan un rastro de menta fresca sobre el aire.&lt;br /&gt;Y entonces ahí está.&lt;br /&gt;Es un campo infinito. Verde. Un campo que la vista no puede limitar. Es un campo sin principio y sin final.&lt;br /&gt;Y en este campo hay una cantidad interminable de árboles repletos de mandarinas.&lt;br /&gt;Las frutas son hermosas y grandes. Hay niños que juegan entre los árboles y se ríen. No hay un solo adulto en toda la enormidad.&lt;br /&gt;- ¿Y esto?&lt;br /&gt;- Es un campo de mandarinas. Venimos acá para jugar y comer.&lt;br /&gt;- Pero no hay gente grande. Son todos niños. Y yo soy un viejo.&lt;br /&gt;- No sos un viejo.  ¿Sabés por qué la gente se hace vieja? Cuando el cerebro humano piensa en una operación económica se activa en el cuerpo una sustancia llamada Jabón Infanticida. Entonces empieza la muerte del organismo. Es un proceso lento y terrible. Es la vejez. El niño o joven muta adulto y muy lejos, en un campo amarillo, una tumba espera.  Una mañana viste un gato muerto, aplastado por una máquina. Era un gato hermoso y muy chiquito y vos, Domingo, te pusiste de rodillas, tocaste la cabeza destrozada del animal y lloraste a los gritos. Por eso estás en este lugar. Es tu paraíso&lt;br /&gt;- No hay paraísos. Hay infierno. Siempre. Y me quiero morir de una vez.&lt;br /&gt;- Vos no te morís nada. Esto es muy simple, Domingo. Vas hasta uno de los árboles, buscás una mandarina, la pelás y la comés. Estas frutas hacen que el cuerpo de los que no pueden más y murieron en la vida de las sombras se hagan jóvenes de nuevo. Si comés varias te volvés niño, olvidás el espanto de ser un hombre adulto y pasás la eternidad jugando con los chicos. Además de estar al lado de Daiana, que es nuestra guardiana.&lt;br /&gt;- ¿Y qué debo dar a cambio?&lt;br /&gt;- Nada. Las mandarinas son gratis.&lt;br /&gt;- Mire jovencita: yo trabajé muy duro desde que tenía su edad y nunca tuve nada. Me cansé, me cansé mucho y me hice viejo y malo. No supe evitar la horrible muerte de la única mujer capaz de mirarme a los ojos sin miedo y después me levanté una mañana y estaba solo, con cincuenta años encima y acosado por acreedores que eran como demonios. ¿De verdad son gratis estas mandarinas? En lo que vos llamás mundo de las sombras no había una sola cosa gratis. Había que pagar por todo.&lt;br /&gt;- - Acá no hay dinero ni tubos ni hospitales, Domingo. Uno va, corre por el jardín y come mandarinas de la infancia. ¿Hay otra cosa mejor que esto? Después&lt;br /&gt;- de los treinta años un hombre, si no enloquece o se mata, acepta la inmundicia general y se convierte en número.&lt;br /&gt;- Yo fui un número. Era una tortura.&lt;br /&gt;- Pero ya está, Domingo, has llegado a tu paraíso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Domingo mira a Martita. No lo puede creer. Pero corre. Corre y le duele todo porque es un viejo muy maltratado. Pero corre. Ya está en el campo infinito. Ya Daiana lo ve y se ríe y lo abraza. Tiene que dar un salto porque es bajita. Tiene siete años.&lt;br /&gt;Domingo Endeudado se agacha. Levanta una mandarina, la tiene un rato en la mano, la mira, tan largamente, y empieza a quitarle la cáscara. A cada pedazo naranja de cáscara  que vuela Domingo pierde años de ruina y derrota. Come un gajo. Lo aprieta en su boca. Cierra los ojos. Los abre. &lt;br /&gt;Y tiene diez años de nuevo. Corre. El viento le nace en la sonrisa.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8327896073992417303-9195317910917982927?l=elinmensososa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elinmensososa.blogspot.com/feeds/9195317910917982927/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://elinmensososa.blogspot.com/2011/05/el-paraiso-de-domingo-endeudado.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8327896073992417303/posts/default/9195317910917982927'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8327896073992417303/posts/default/9195317910917982927'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elinmensososa.blogspot.com/2011/05/el-paraiso-de-domingo-endeudado.html' title='El paraíso de Domingo Endeudado'/><author><name>Patricio El Inmenso</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01397213389065244426</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_SYBcys2_ZZ8/S4Qea6aiVEI/AAAAAAAAABA/IJlQSyPNXTE/S220/sosus.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8327896073992417303.post-1338183509427220267</id><published>2011-05-26T20:22:00.000-07:00</published><updated>2011-05-26T20:24:31.830-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuentos'/><title type='text'>El lugar de Trigo</title><content type='html'>&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt; 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Todo lo que toca se dobla y se cae, va hacia el suelo que es de tierra petrificada y ahí se queda para morir. Es un viento que llega desde la extrañeza. Sus golpes tienen la contundencia de un destino cerrado. Es una fuerza que no conoce motivo y &lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt; &lt;/span&gt;arrasa aquello que vive y está. Un cuerpo. Una partícula de sustancia y de materia que se levanta en busca del sol. Este viento aplasta desde siempre. Todo lo que encuentra cambia por él. Cambia a desierto.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;line-height:115%;mso-ansi-language:ES-MX" lang="ES-MX"&gt;Esto no es un lugar. Una capa de algo que parece ceniza cubre el llano. Es una espesa floración de polvo muerto y blanco que se extiende hasta donde no llegan las luces. Pero luces no hay. En este punto arrancado de la vida se mueven gases, nubes sin forma que flotan, tiemblan como vientres y dejan caer luminiscencias tísicas. ¿Qué espacio sin signo alguno de humanidad es lo que se abre aquí? Es la inmensidad soñada por un cerebro enfermo. No se puede saber qué parte del universo murió entre cosas podridas y deformes para dar origen a esta llanura. La piedra del suelo es una sola, enorme y abierta hacia los costados infinitos. El peso del viento levanta torbellinos de arena muy fina. Es una ráfaga de filo veloz que puede cortar incluso a la nada. A veces, si los torbellinos recrudecen en potencia, el espacio gris se divide en trozos que se desploman. Quedan sobre la roca y parecen cuerpos que duermen la eternidad. Debajo de la capa de ceniza se agitan criaturas. Son muchas. Han sido tejidas por la inquietud de un dios ciego y sus centros nerviosos fueron inoculados con la voracidad. Están muertas por dentro y vivas en su hambre. Muertas para todo lazo con la vida. Vivas y alertas para comer y multiplicarse entre los huecos que el desierto arma en la entraña de la grisura.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;line-height:115%;mso-ansi-language:ES-MX" lang="ES-MX"&gt;No hay cielo. Arriba es igual que abajo: una interminable mancha de ceniza. Los torbellinos se agitan en el cenit. Son acompañados&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;  &lt;/span&gt;por cosas que pueden ser nombrados como pájaros, pero pájaros que la divinidad condenó a la más cruda anotomía, pájaros que infectan el espacio con sus vuelos asfixiados y sus picos como ganchos de acero. Apenas si pueden mantenerse quietos. Sin pausa el viento los lleva en una parábola retorcida, los levanta hasta la invisibilidad y los deja caer como si los tomara entre un puño. Cuando mueren, sus cuerpos dibujados por la fiebre se pelan hasta los huesos, y estos son desintegrados al momento para aumentar el caudal de la ceniza. Los picos forman pirámides que resplandecen en lo blanco. Cada una cierta cantidad de latidos de este mundo aparecen en la altura esferas transparentes. Bajan lentamente. Los torbellinos no las afectan. Una vez en el suelo se abren sin un sonido y de ellas salen nuevos pájaros. La deformidad de sus cuerpos empieza a crecer con vértigo y las esferas se convierten en polvo. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;line-height:115%;mso-ansi-language:ES-MX" lang="ES-MX"&gt;La monotonía del paisaje vibra en secreto. No existe ningún tipo de conciencia que la perciba.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;line-height:115%;mso-ansi-language:ES-MX" lang="ES-MX"&gt;Y entonces ocurre.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;line-height:115%;mso-ansi-language:ES-MX" lang="ES-MX"&gt;Se ve un punto minúsculo en la inmensidad. Crece. Ahora es una línea. Crece más. Una silueta vertical se destaca contra un grupo de torbellinos. Es un ser. Una estructura que se mueve y avanza. Se mueve con enorme dificultad entre la violencia de los vientos. Camina. El ser es un organismo bípedo. Avanza. Se inclina contra la resistencia que no cesa. Da un paso. Otro. Uno más. Ahora se ve con claridad. No es un ser humano. Es otra manera de la carne, armada para marchar sobre las superficies, dotada de manos y pies que llevan el resto por un trazado ya prefijado. Camina como si a cada paso estuviera aprendiendo a mover sus músculos. Un pie tropieza con una sombra. El desconocido se tambalea. El equilibrio se quiebra un segundo y luego se recompone. Pero el viento choca contra el cuerpo y lo tira. Queda apretado en el suelo mientras arriba, en el centro de un cielo que no es cielo, dos pájaros grotescos gritan con voces de frío.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;line-height:115%;mso-ansi-language:ES-MX" lang="ES-MX"&gt;Este ser que yace en el desierto de ceniza tiene la marca de lo que fracasó al nacer. No hay, ni hubo ni podrá haber para él en toda la vastedad sideral un lugar donde apoyar la sangre y vivir. Es el exiliado&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;  &lt;/span&gt;perfecto. No existen coordenadas para que sus pasos dibujen la trama personal que la ha sido adjudicada sin por qué. Es un errante. Siente que el mundo por el que camina lo hiere y lo ultraja. Más allá de este hecho no conoce nada. Hace tiempos y mares, en otros mundos que no dolían así, caminó también hasta perderse y brotar desde ninguna parte a sitios únicos en su naturaleza y geometría. Estuvo en un cono que caía sin parar en un abismo de sonido. El cono orbitaba alrededor de un centro que era una tormenta. Había figuras que se entrelazaban a sus pies y desaparecían despacio. En un mundo hecho de aparatos mecánicos le fue arrancado un brazo. Ahora su cuerpo se escora hacia un lado. Va muy lento, bajo una presión que le achata la piel; entregado a lo que vendrá y con la mente en estado de completa miseria.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;line-height:115%;mso-ansi-language:ES-MX" lang="ES-MX"&gt;Es la primera conciencia que ve este mundo. El cansancio del cuerpo es tan grande que ya no puede seguir. La fuerza de los torbellinos se ha unido en un vector de arena blanca que lo azota. Los pájaros ya no están y una niebla de polvo y huesos molidos forma cuencos en los vórtices de los remolinos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;line-height:115%;mso-ansi-language:ES-MX" lang="ES-MX"&gt;Cae y queda ahí.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;line-height:115%;mso-ansi-language:ES-MX" lang="ES-MX"&gt;Se frota el ojo con su único brazo. Los harapos que lo visten son comidos por la arena. Está desnudo. Es un cuerpo de gigante en la piel de un enano. Está casi partido a la mitad por una protuberancia que le tritura la espalda. Las piernas largas y delgadas son como rectas hechas a lápiz, sólo que difieren en el color. Estas piernas bien pudieron ser fundidas en los hornos del infierno. Son rojas e incandescentes. La cabeza grande se empequeñece entre los hombros brutales, como excrecencias de árboles viejos. En la cara hay un ojo que mira fijo porque no tiene párpado. La boca es un esfínter contraído. Este cuerpo ha caminado por mil mundos. Una fatiga increíble lo vulnera. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;line-height:115%;mso-ansi-language:ES-MX" lang="ES-MX"&gt;Y piensa.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;line-height:115%;mso-ansi-language:ES-MX" lang="ES-MX"&gt;Soy Trigo. Así me dijeron hace mucho.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;line-height:115%;mso-ansi-language:ES-MX" lang="ES-MX"&gt;¿Qué busco en este lugar? No sé. Nunca paro. No me &lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt; &lt;/span&gt;detengo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;line-height:115%;mso-ansi-language:ES-MX" lang="ES-MX"&gt;Hasta ahora.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;line-height:115%;mso-ansi-language:ES-MX" lang="ES-MX"&gt;Sí.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;line-height:115%;mso-ansi-language:ES-MX" lang="ES-MX"&gt;Hablo solo. Hablo conmigo para no sentirme una huella de muerte en la tierra.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;line-height:115%;mso-ansi-language:ES-MX" lang="ES-MX"&gt;¿Qué lugar es este? Todo es de ceniza y de piedra y hay cosas en el cielo. No. Eso no puede ser un cielo. Si se rompe en lluvia lo que lloverá será putrefacto. Es la cicatriz de la creación. La costura de un desgarramiento que no sanó.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;line-height:115%;mso-ansi-language:ES-MX" lang="ES-MX"&gt;Hace mucho que voy caminando y no encuentro lo que busco. Ya no hay eso, no hay búsqueda. Tal vez no la hubo jamás. Lo que todavía funciona en mi cabeza está a punto de arruinarse. El resto ya murió. Me dijeron que mi nombre es Trigo. No sé lo que soy. No sé cómo me las arreglo para decirme estas palabras. Son rayos entre la blandura del cerebro. Me quedaré aquí. Es un sitio cualquiera y ya no puedo más.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;line-height:115%;mso-ansi-language:ES-MX" lang="ES-MX"&gt;Trigo se queda muy quieto. Respira&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;  &lt;/span&gt;dos veces cada una vuelta que da el universo sobre sí mismo. La respiración se une al ciclo del cosmos y lo completa. Trigo duerme.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;line-height:115%;mso-ansi-language:ES-MX" lang="ES-MX"&gt;Despierta. El paisaje de la llanura no ha cambiado en nada. Siguen los torbellinos, los pájaros arriba y las esferas que los engendran. Trigo se levanta y con infinita complicación se pone de pie. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;line-height:115%;mso-ansi-language:ES-MX" lang="ES-MX"&gt;Tengo&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;  &lt;/span&gt;sed.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;line-height:115%;mso-ansi-language:ES-MX" lang="ES-MX"&gt;Sí. Es la sed y no hay nada que se pueda beber.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;line-height:115%;mso-ansi-language:ES-MX" lang="ES-MX"&gt;El viento me quema la piel. Ya me ha comido los harapos. La piel no aguantará mucho más. Es ardiente y me abrasa por completo. Tengo que hacer un refugio. Lo que sea.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;line-height:115%;mso-ansi-language:ES-MX" lang="ES-MX"&gt;Sí. El trabajo para sobrevivir.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;line-height:115%;mso-ansi-language:ES-MX" lang="ES-MX"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;line-height:115%;mso-ansi-language:ES-MX" lang="ES-MX"&gt;Trigo mira a su alrededor. No hay nada. Está inmóvil un buen rato y de golpe se agacha, se frota la mano en la pierna y empieza a cavar en el suelo. Cava y cava con determinación y la primera gota de sangre es una nota discordante en la palidez unánime. Trigo no hace caso y continúa cavando. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;line-height:115%;mso-ansi-language:ES-MX" lang="ES-MX"&gt;Un dolor de ácido le martiriza la mano. Una criatura sale del polvo. Es redonda y plana. No tiene ojos ni boca y va provista de varias pinzas que mueve con ferocidad. Son las criaturas que habitan el subterráneo del desierto. Aparece otra más, plana y circular y llena de pinzas. Y otra. Y otra más que sale proyectada hacia arriba, como si hubiera sido arrojada con una catapulta. Y son cientos, miles, decenas de miles. Idénticas en su forma y &lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt; &lt;/span&gt;preparadas para devorar. Trigo no puede hacer nada y pierde su mano. Le comen el brazo. Una pierna y los pies y los huesos de los pies, pequeños como juguetes y menos rígidos que el resto de lo devorado. Las criaturas son oleadas de pinzas y círculos opacos cubriendo todo el cuerpo. Los pájaros de picos como ganchos aparecen y descienden. Pronto se desata un combate escandaloso y Trigo gira sobre sí para escapar.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;line-height:115%;mso-ansi-language:ES-MX" lang="ES-MX"&gt;Se arrastra por el polvo. La erosión del viento lo va secando. Las heridas se vuelven de piedra y ya no es capaz de moverse. Se clava al suelo. Se hunde hasta los hombros. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;line-height:115%;mso-ansi-language:ES-MX" lang="ES-MX"&gt;Este es el final del viaje, se dice.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;line-height:115%;mso-ansi-language:ES-MX" lang="ES-MX"&gt;Ya no tendré que irme nunca.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;line-height:115%;mso-ansi-language:ES-MX" lang="ES-MX"&gt;Este es mi lugar.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;line-height:115%;mso-ansi-language:ES-MX" lang="ES-MX"&gt;¿Qué harán los pájaros cuando terminen de comerse a las pinzas que se mueven? &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;line-height:115%;mso-ansi-language:ES-MX" lang="ES-MX"&gt;Trigo ya no ve. La arena le borró el agua de su ojo. Un ojo sin párpado.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;line-height:115%;mso-ansi-language:ES-MX" lang="ES-MX"&gt;¿Hay alguien ahí? &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;line-height:115%;mso-ansi-language:ES-MX" lang="ES-MX"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt; &lt;/span&gt;Trigo cree que una mano le tapa la visión. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;line-height:115%;mso-ansi-language:ES-MX" lang="ES-MX"&gt;¿Quién vino?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;line-height:115%;mso-ansi-language:ES-MX" lang="ES-MX"&gt;Arriba el cielo que no es cielo se rompe y una lluvia putrefacta borra y deshace la llanura.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;line-height:115%;mso-ansi-language:ES-MX" lang="ES-MX"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;line-height:115%;mso-ansi-language:ES-MX" lang="ES-MX"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;line-height:115%;mso-ansi-language:ES-MX" lang="ES-MX"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8327896073992417303-1338183509427220267?l=elinmensososa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elinmensososa.blogspot.com/feeds/1338183509427220267/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://elinmensososa.blogspot.com/2011/05/el-lugar-de-trigo.html#comment-form' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8327896073992417303/posts/default/1338183509427220267'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8327896073992417303/posts/default/1338183509427220267'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elinmensososa.blogspot.com/2011/05/el-lugar-de-trigo.html' title='El lugar de Trigo'/><author><name>Patricio El Inmenso</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01397213389065244426</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_SYBcys2_ZZ8/S4Qea6aiVEI/AAAAAAAAABA/IJlQSyPNXTE/S220/sosus.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8327896073992417303.post-3856497142592878390</id><published>2011-02-12T18:20:00.000-08:00</published><updated>2011-05-28T16:31:56.033-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuentos'/><title type='text'>El sol es una naranja</title><content type='html'>&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt; 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 &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=" line-height: 115%; Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;font-family:&amp;quot;;font-size:12pt;" lang="ES"  &gt;De chico me gustaban mucho los veranos. Ahora no. Los sufro. Porque cuando uno es viejo hasta la luz se vuelve hostil y te quema los ojos y te hace desear la oscuridad de las habitaciones cerradas. Pero de chico yo era un rayo y los veranos eran lo mejor del año. Volaba entre los campos que ardían bajo el sol del mediodía, corría, corría como un animal fuerte y me reía. Había en los veranos un color que no sé definir, un perfume de cardos y de girasoles, una inmensa y secreta felicidad que sólo era para mí, porque yo tenía siete años y vivía como soñaba. Entonces no pensaba en las pastillas. Estaba muy, muy lejos de ese mundo lento. Corría, como ya dije, y después de una carrera loca me tiraba en el pasto caliente del campo, me quedaba boca arriba y miraba el cielo mientras mi corazón se iba tranquilizando. No había espacio para la sombra. Eso vino después. Fue veloz. Nadie pudo haberlo imaginado nunca. Cosas así ocurren rara vez, pero cuando ocurren los engranajes del mundo se detienen, crujen las tuercas, los tornillos se oxidan y el mecanismo se rompe. Ya no funciona. Se quebró el ritmo y se detuvo. La vida de una persona es una partícula ínfima, todos sabemos esto, y sin embargo el sufrimiento no es igual de minúsculo. Cuando un ser humano padece el universo entero se pone a gritar. Los demás no se dan cuenta. El que sufre no lo puede creer, se enferma, se va solo y se encierra y revienta. No hay que hacer escándalo. La materia común que arma a lo viviente es dolor&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;y oscuridad.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=" line-height: 115%; Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;font-family:&amp;quot;;font-size:12pt;" lang="ES"  &gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=" line-height: 115%; Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;font-family:&amp;quot;;font-size:12pt;" lang="ES"  &gt;En las bandejas de acero las enfermeras traen las pastillas azules. Son unas pequeñas cápsulas que parecen pastillas de menta. No sé qué tienen. Sirven para que los huesos no duelan durante toda la noche. Esto es la vejez, que todo te duela y te resulte imposible. Después de tomar las pastillas siento una ligera descarga eléctrica que sube por los pies y llega hasta las encías. Es una sacudida breve. Después el cuerpo se afloja, parece que los músculos se volvieran de goma y la relajación me hace cerrar los ojos. Entonces me duermo. Hay una niebla amarilla al principio y voces que puedo reconocer. Esa es de Estela, la enfermera del turno noche, que habla&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;en murmullos para no despertar a los que descansan, dice que todo está bien, muy quieto, que afuera hace mucho frío y que recién ha llegado porque en su casa se rompió alguna cosa y la tuvo que arreglar. Estela tiene treinta años, es alta y ancha de hombros, usa un gorro blanco y es amable con nosotros. Somos viejos. Tenemos nuestras manías. Estela nunca se enoja ni grita, es una mujer dulce, trabaja en silencio y nos cuida con una dedicación que se parece al afecto. Cuando uno es joven nunca se quiere dormir. Al menos a mí me pasaba así, estaba despierto&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;hasta que me dolían los párpados. Si iba a alguna reunión de amigos yo me las arreglaba para que nadie se fuera. Porque me gustaba mucho hablar y reírme con ellos, mirar a las chicas, entender cómo pensaban, verlas hacer esos gestos de mujeres tan jóvenes que ya no se podía creer y preguntarles cómo me veían ellas. Todavía me acuerdo de Mariana, que usaba una gorra roja que le quedaba preciosa en su cabeza pequeña, y también de Carolina, una chica de quince años con las piernas largas y los pies redondeados. Yo no quería dejar de estar ahí, y me ponía triste y de mal humor en el momento en que alguien decía &lt;i style=""&gt;ya es de día, me voy a casa, no doy más de sueño&lt;/i&gt;. De esos días sin dormir y de estar hablando y diciendo las más hermosas estupideces no ha quedado casi nada. Una mañana me levanté, como siempre, y con asombro miré alrededor y no pude entender lo que ocurría. La gente querida no estaba. Los amigos se habían ido a lugares extraños y las chicas eran señoras. Así pasó un tiempo que fue único. Un tiempo sin angustia y libre del desgaste que llega desde los costados del mundo y corroe, rompe y lo borra todo para siempre. Los colores se volvieron ceniza. Uno a uno los amigos fueron aplastados por la degradación. Las mujeres amadas ya no podían reírse de casi nada y en el cielo empezó a formarse una sombra creciente arrancada de la entraña de la noche. No sé. Debe ser mi cerebro que funciona muy mal el que me hace decir todas estas cosas. No sirven. No son reales y me hacen masticar un gusto horrible, a cosa podrida y metal viejo. Soy viejo, como ya dije, no recuerdo mi nombre. A veces sí, pero la mayor parte del tiempo me lo tienen que decir las enfermeras. &lt;i style=""&gt;Usted se llama Gustavo, tiene ochenta y tres años, hace varios que vive en el asilo.&lt;/i&gt; Yo escucho y creo lo que cuentan porque no me queda otra. No sé si mi nombre es Gustavo. Lo que sí sé es que estoy cansado, me duele todo el cuerpo si no tomo las pastillas, apenas puedo ver y siempre recuerdo lo mismo, que se repite todas las noches antes de dormirme.&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;Es de lo que quiero hablar. Lo necesito. Todo es como agua para mí. Apenas si entiendo lo que toco y siento. El pasado es ahora mi único lugar. Fuera de él me pierdo y los objetos más simples se convierten en amenazas. Es raro que pueda decir esto. Esta noche me encuentro lúcido, sin grandes dolores y con ganas de contar, por fin y después de una vida demasiado larga, aquello que terminó con mi humanidad y me encerró en un estado de absoluta tristeza. No exagero. Puede parecer que sí lo hago, no puedo convencer a nadie de que existe una tristeza tan grande que elimina incluso al cuerpo, a la carne y los huesos con los que estamos hechos. Es una violencia. Un golpe brutal que llega para desmoronar lo querido y después están las ruinas que el cielo multiplica en la superficie. Es una presencia constante que jamás te abandona, está siempre ahí, y debajo de esa sensación está la muerte. Resulta imposible de tolerar, todo lo que se ve y se escucha es una inquietud, las cosas más simples se vuelven extrañas y uno no sabe qué hacer para estar bien otra vez. Es una sensación de perderse bajo el agua, solo, arrancado de lo familiar y lo que se puede entender. En el agua hay ramas muy duras que se juntan para formar laberintos verdes. Y en estos laberintos viven los horrores de toda una vida humana. Es una vida pequeña y muy breve, pero en cada año late un miedo infinito que entra en la sangre y la deja inmóvil, convirtiendo al cuerpo en un grito desesperado que se ahoga bajo la presión de la profundidad. Nadie advierte el llamado de auxilio. Arriba el día está muy hermoso. Debajo de las calles muere una conciencia. Este hecho nunca será conocido. Hay entre las enormes derrotas una que duele incluso después de la muerte. Yo lo sé muy bien y por eso recuerdo todavía a pesar de estar todo terminado por la vejez y la enfermedad. Hace muchos años era un joven. No sé qué pasó, un día me miré las manos y eran dos cosas grandes y sucias, manchadas por una especie de color oscuro, con la piel caída y arrugada. Pensé que estaba soñando una pesadilla. No podía ser real semejante asombro. Yo me llamo Gustavo, tengo siete años, soy un chico muy alto para mi edad y corro más rápido que los caballos de las carreras, me dije, y cuando hablé en voz alta oí un sonido de tuerca oxidada que es ajustada en un tornillo. No era mi voz, de ninguna manera podía yo tener una voz así. Entonces, como si un objeto pesado cayera desde el cielo y me aplastara la cabeza, surgió la verdad que no podía creer ni comprender. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=" line-height: 115%; Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;font-family:&amp;quot;;font-size:12pt;" lang="ES"  &gt;Era un viejo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=" line-height: 115%; Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;font-family:&amp;quot;;font-size:12pt;" lang="ES"  &gt;Recién se fue Estela para la cocina. Me dio hambre y le pedí si por favor no me hacía algo liviano.&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;Ayer estuve un buen rato sentado frente a la ventana que da a la calle de la entrada. Pasaron muchos autos, gente, bicis y familias. Una chica de unos veinte años me llamó la atención. Tenía un parecido notable con mi madre. La mujer que pasó caminando por la vereda usaba un vestido de verano blanco estampado con flores azules, un pelo muy largo y suelto le tapaba los hombros. La cara bonita y redondeada era la de mi madre. Me quedé sin hacer nada, muy quieto, y la vi pasar. Yo sé que mi cabeza funciona mal. No sé ahora si era en verdad mi madre o una mujer que se le parecía. Mamá hace ya mucho tiempo que murió. Por eso ahora estoy en la calle aunque no nos dejan salir solos, porque quiero ver si esa mujer pasará de nuevo. Si lo hace la voy a parar y le preguntaré si es mamá. Hace calor. La luz de la tarde me lastima los ojos. Me pongo la mano en la frente para hacerme sombra. Me agarran la espalda y me giran. Estela está furiosa, gritando como una loca y con un plato con comida en la mano derecha. Me dice que cómo soy capaz de hacerle algo tan malo, que no podemos salir cuando se nos ocurre porque es muy peligroso y que si vienen los médicos le van a decir de todo y tal vez hasta la dejen sin trabajo. Estela me da la mano y juntos entramos al edificio.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=" line-height: 115%; Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;font-family:&amp;quot;;font-size:12pt;" lang="ES"  &gt;Creo que pasaron varios días desde que salí a la vereda. No sé para qué lo hice. Está terminante prohibido ir solo a cualquier parte. Las salidas son parte de la rutina que permite el buen funcionamiento del asilo, como siempre me dice Estela, y si a uno se le ocurre salir solo pone en peligro a todos los demás. Es una actitud egoísta. ¿Para qué salí a la vereda? Ahora tengo mucha vergüenza y casi no puedo mirar a Estela a&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;los ojos. Soy un viejo malo y complicado, le digo, y ella se ríe, me acaricia la cabeza y se va para atender a los demás.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=" line-height: 115%; Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;font-family:&amp;quot;;font-size:12pt;" lang="ES"  &gt;Me dormí. Debe ser de noche ya. Estela me trajo las pastillas azules. Me duele la rodilla. El viejo de la cama trece tiene una tos muy potente. A veces grita. Creo que en cualquier momento se irá a trabajar de viajante. Así le decimos acá a los que se mueren. Son muchos los que se van de viaje. Casi todas las semanas alguien decide irse. Los viajantes muerden la sombre de la muerte y se van. Desaparecen. Queda un vago olor y después también esto se va.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=" line-height: 115%; Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;font-family:&amp;quot;;font-size:12pt;" lang="ES"  &gt;Estela me despierta. Tiene una mano suave, perfumada. Le pregunto cómo se las arregla para no arruinarse las manos con tanto trabajo. Me dice que cuando llega a su casa después de diez horas de no parar de hacer tareas (algunas muy duras) se da un baño caliente, se acuesta en su cama, mira una película de aventuras y se pone crema. &lt;i style=""&gt;Esa es la forma en la que me cuido&lt;/i&gt;, me cuenta. Estela me deja en la parte sur del asilo. Desde acá puedo ver el patio. Es enorme, con una fuente en el centro y varios gatos que se acercan para comer alguna sobra o refregarse en las piernas de los que pueden salir. Los gatos me ponen de buen humor con sólo verlos. Me gustaron toda la vida. Cuando era muy chico los perseguía por el patio de mi casa para domesticarlos. Una vez un gato negro y blanco me arañó la mano cuando intenté sacarlo de entre unos arbustos. Papá se reía mucho. Mamá miraba desde la ventana de la pieza, con cara de asombrada. El gato por fin se cansó y yo pude agarrarlo. Tenía los ojos amarillos y grandes. Me lo acerqué a mi cara y me vi reflejado en esos dos soles redondos que se movían. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=" line-height: 115%; Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;font-family:&amp;quot;;font-size:12pt;" lang="ES"  &gt;No sé el nombre de papá. No me acuerdo. Y de mamá tampoco. Sí recuerdo a mi hermana, Luisina, que era muy chiquita y siempre tenía manchada la cara con chocolate. Yo la amaba a mi hermanita y siempre le prometí cuidarla. Luisina me quería también. Me decía Toto, y cuando caminaba me hacía dar mucha risa porque daba la impresión de estar andando por un camino de goma. Levantaba muy alta una pierna, la apoyaba con fuerza y levantaba la otra. Era una risa verla caminar.&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;Le encantaban los chocolates. Papá siempre le traía uno cuando llegaba desde el centro. Mamá se enojaba y se quejaba porque Luisina estaba muy gorda para la edad que tenía, pero papá la miraba un rato con cara de pena y mamá enseguida se ponía bien. Mis papás no podían estar peleados durante mucho tiempo, se querían un montón. ¿Cómo no iban a quererse así si eran jóvenes?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=" line-height: 115%; Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;font-family:&amp;quot;;font-size:12pt;" lang="ES"  &gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;Estela me cuenta que hablo dormido. Pero no me dice lo que digo. Está muy intrigada por mí, por cómo la enfermedad me atacó dejando varios espacios sanos y otros en sombras. Estela es una enfermera con estudio y cuando vienen los médicos hablan con ella para saber el estado de los viejos. Me dijo que yo, como casi todos, tengo demencia senil. Una locura propia del envejecimiento del cerebro, y que por esta enfermedad no recuerdo ciertas cosas. Pero lo extraño es que yo recuerdo con mucho detalle hechos de mi niñez, casi fotográficamente. Sin embargo me pasa que no puedo recordar el lugar donde vivo, cómo me llamo y el nombre de mis padres. Mi cabeza es una caverna donde están sepultados los recuerdos que la enfermedad no borró. Me imagino que soy un muñeco, una caricatura de lo que fui, y esto me pone muy mal, me quita fuerzas y hace que el aire sea para mí una oscuridad viva que lo come todo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=" line-height: 115%; Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;font-family:&amp;quot;;font-size:12pt;" lang="ES"  &gt;No, gracias Estela, no quiero comer nada. Mejor espero a que me dé hambre y te aviso. ¿No te conté? Seguro que soñé que te lo contaba. No me vas a creer. Es terrible y demencial. Yo no sé cómo hacer para que me creas y no me pienses un viejo enloquecido. Es muy difícil. Yo diría que es más que difícil, es imposible. Porque estamos en un asilo de viejos y todos los que están acá sufren de algún tipo de locura. Y si no mirá el de la cama trece, tres semanas tosiendo y gritando por las noches hasta que por fin el corazón se le quebró. Decime si eso no es locura, Estela. Deberías decirle a tus compañeras que pongan flores en los pasillos, hay mal olor en las tardes. Si hay algo horrible en este mundo, además de todo lo que ya conocemos, es el olor a viejo. Un par de flores y listo, se soluciona el asunto. ¿No te conté antes? Me habré olvidado. Pero te llamé porque hoy me siento muy fresco, no sé cómo explicarte mejor, me siento bien, entero y con la mente limpia. ¿Vos decís que son las pastillas azules que me hacen dormir? Puede ser. Aunque lo que siento no se parece a haber descansado bien, sino a otra cosa mucho más fuerte, como la alegría que te da cuando escuchás una música querida después de varios años. El corazón te baila dentro del pecho y querés salir a abrazar a todo el mundo y el día es un esplendor de azules y verdes por todas partes. No te rías. Así es como me siento hoy. ¿Ya es mediodía? Entonces es martes porque los demás días te toca el turno de la noche. Claro. Tenés que ponerte más crema en las manos o mirar películas de otro estilo en vez de las de aventuras para no aburrirte sola en tu casa. No te preocupés por eso, sos joven. No voy a decirte esa estupidez que se disfraza de sabiduría. No todos los hombres son una porquería. Estoy seguro que vas a conocer a un chico como vos te merecés. Mi hiciste acordar a lo que decía un amigo mío. Un amigo que yo quería como a un hermano. Decía que la mujer ideal para mí tenía que cebar mate, hablar de pavadas y reírse mucho. Cuando tenía veinte años siempre me enredaba con chichas problemáticas, demasiados sensibles diría yo, y por esto mi amigo me decía que me dejara de joder con las locas y que viera si podía conocer una chica de barrio para que me cebara mate. En el acto de cebar mate había todo un mundo de vida amorosa y doméstica. Esa frase era el resumen de lo que queríamos entonces. Mi amigo se fue a vivir al campo apenas se casó con su novia de toda la vida. No sé dónde está ahora, debe ser un viejo como yo, me cuesta mucho imaginarlo así. ¿Ves que me acuerdo de muchas cosas? Tengo que contarte lo que me pasó ese día de enero en el pueblo del dique, Estela, quiero hacer esto y después nada más. No lo conté nunca por temor a que me pensaran un delirante. Incluso ese temor, menor que antes, sigue ahora, tengo miedo de lo que podés pensar de mí cuando termine de hablar, ya me parece estar viendo tu cara de no creerme nada de nada y también te veo hablando con los médicos para contarles cómo la senilidad avanza veloz y completa en todo mi cerebro. Estela, mírame bien, en los ojos, mirame, te juro que lo que voy a contarte pasó en verdad y no es una fantasía ni una locura que me sale de la cabeza arruinada por los años. Es lo único que tenés que saber. No es mentira. El hecho pasó en un día que fue tan presente y que estuvo tan vivo como hoy. Ya no existe ese día, como tampoco existe el chico que lo vivió, y a pesar de que el tiempo lo cubre todo con una noche muy densa yo todavía recuerdo lo que pasó ese día de verano en un pueblo de Córdoba. Quiero que te sientes, un rato, no será muy largo, y que después nunca me vuelvas a decir algo sobre el tema. ¿De verdad a veces no sé mi nombre? Es muy raro. Igual a perderse dentro de un sueño. Estás en medio de un jardín enorme y hay personas sin cara. Te asustas y corrés. Caés por un tubo de metal negro, durante horas, y salís de nuevo al jardín y ahí están las personas sin cara. Pero no importa, ni me entero. Me despierto y ya se me olvidó. Tengo la suerte de tenerte a vos, Estela, para que me digas mi nombre cuando no lo tengo en la cabeza y también por todo el cuidado que tenés conmigo, cuando me traes las pastillas azules, me preparás la comida y me despertás si me duermo en horas en que no debería hacerlo. Ya sé que es tu trabajo, por supuesto, pero no es como vos decís. La gente trabaja para no tener que pensar, y no cualquiera hace su trabajo con la dedicación que vos sí le ponés. Está bien, no hablo más, tenés razón, pasa que quiero contarte algo muy importante y no sé cómo empezar ni qué palabras usar para que no sea una cosa inentendible. Trae la silla esa que está al lado de la repisa y vení, si no te sentás no te puedo contar nada. Bien, ahora sí. Estoy nervioso. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=" line-height: 115%; Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;font-family:&amp;quot;;font-size:12pt;" lang="ES"  &gt;Aquel fue el verano más potente en muchos años. Los viejos decían que nunca habían visto algo parecido. Los días se cocinaban en un calor intenso y húmedo. Las ciudades estaban desiertas desde la mañana hasta el atardecer y las chicharras cantaban con fuerza en los baldíos y los canales. Una sequía tremenda había quemado todo. No se veía un solo curso de agua que no estuviera reseco y árido. Los perales, los naranjos y los manzanos parecían sogas retorcidas y negras. El calor constante, la falta de lluvias y el viento caliente habían terminado con ellos. El riego artificial no ayudaba en nada porque tampoco había agua en las redes subterráneas. La presión era casi nula. La gente se resignó a tomar agua de los pozos. Las casas viejas de ladrillos de barro fueron la única fuente de agua potable. En mitad de la tarde y bajo el sol gordo como un globo se veían largas colas de personas esperando con bidones y jarras en sus manos. El agua de los pozos viejos era clara y helada. En los negocios de los pueblos y las ciudades se podían conseguir botellas de litro de agua de pozo, gratis. Ese verano nadie pudo nadar en ninguna parte. Las piletas de material de las quintas estaban vacías y los sapos las usaron para cazar bichos en las noches. Los camiones regadores pasaban una vez en todo el día y el agua que salía de los tubos apenas alcanzaba para mojar la arena de los caminos. Le gente miraba el cielo, con ansias, esperando ver nubes púrpuras y relámpagos. Ponían las sillas en la vereda, se sentaban, conversaban y tomaban mate. Es curioso que la costumbre del mate se mantuviera con tanto calor, pero se trataba de hábitos muy arraigados y ni siquiera el gran aturdimiento de ese verano pudo desplazar el rito y la conversación. En el sur del cielo no había ninguna nube. La tormenta se esperaba con inquietud. Se necesitaba la lluvia. Las vacas se veían adormecidas. Buscaban un claro donde beber y lo único que encontraban era sequedad y tierra endurecida. Los pájaros estaban nerviosos. Volaban bajo y chillaban con fuerza. En los campos había teros muertos, caídos, inmóviles entre la llanura y el sol. En las plazas del pueblo los gorriones desaparecieron. Seguro que se fueron para encontrar un lugar más fresco y un poco de agua para tomar .Un viernes a las cuatro de la tarde papá me llamó desde el patio. Yo estaba adentro de casa mirando Tom y Jerry en la tele, tomando una leche fría y comiendo galletitas Don Satur. Voy hasta el patio, abro la puerta de chapa y salgo. El sol era tan potente que había calentado el cemento hasta una temperatura de horno. Apenas puse un pie sentí que me quemaba vivo, fue un ardor inmediato y muy fuerte. Di un alarido, me agarré el pie con las manos y estuve saltando sobre una pierna hasta que el dolor pasó. Papá no vino a ver lo que me pasaba, estaba en el galpón del fondo, entre el muro que daba a la calle y el terreno baldío. Me puse un par de zapatillas sin medias y sin atar para no quemarme y salí. Desde casa hasta el galpón no habría más de treinta metros. Fue suficiente para sufrir en la cabeza los rayos de ese sol rabioso. Llegué traspirando como si hubiera corrido una maratón. Papá estaba parado, de espaldas a mí, y se lo veía muy ocupado y entretenido con sus herramientas. Le pregunté qué quería. Se dio vuelta y me miró con unos ojos llenos de felicidad, estaba desnudo de cintura para arriba y me pareció muy gracioso verlo con todo el pelo enloquecido. Me estuvo mirando un buen rato, sonrió, dejó una pinza en la mesa de madera que usaba para trabajar y se sentó en un balde de lata después de ponerlo boca abajo. &lt;i style=""&gt;Estoy contento, hijo. Ya arreglé el carburador y podemos salir de viaje cuando se nos ocurra. Era una pavada increíble. Andá rápido a casa y decile a mamá que se prepare para salir. Nos vamos a Córdoba.&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=" line-height: 115%; Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;font-family:&amp;quot;;font-size:12pt;" lang="ES"  &gt;Corrí como un rayo por el patio. Iba tan rápido que no me quemé. Apenas si apoyaba los pies en el suelo. El sol era una moneda enorme y amarilla en todo el cielo. Lo miré. Quedé ciego un par de segundos y entré a casa. Corrí por el pasillo restregándome los ojos que me ardían y picaban como si fueran dos abejas volando a velocidad. Me reí, y así, muerto de risa y de belleza, le toqué el hombro a mamá que estaba lavando unos platos en la cocina y le dije&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;que nos íbamos de vacaciones. Mamá dejó de lavar. Tenía una esponja verde en la mano y chorreaba agua con espuma, blanca y fresca. Yo no sé qué pensó entonces, pero lo que sí sé y recuerdo muy bien es que nunca más vi una cara de mujer tan hermosa y tan libre. Era la cara de la juventud y de la emoción, yo no lo sabía en ese tiempo, y ahora una nostalgia enorme me dice que esas cosas se mueren muy rápido, no saben y no pueden durar porque la ley del mundo es la sombra y en cada posible belleza, incluso en la más humilde, está siempre la voracidad de la ruina que mastica almas humanas con monstruosa determinación. Era la cara de una mujer de treinta años, alta y con ojos abiertos a la luz de los días, y también era mi madre, a la que yo amaba con un amor imposible de explicar y entender.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=" line-height: 115%; Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;font-family:&amp;quot;;font-size:12pt;" lang="ES"  &gt;En menos de media hora mamá armó las valijas. Pusimos todo en el baúl del auto, papá cerró las puertas y trabó las ventanas, fue hasta la casa del vecino para decirle algo y salimos. El auto sonaba muy suave, un sonido de barco que se desliza por el agua hacia ciudades muy lejanas. Así pensaba yo, sentado adelante para hacer de copiloto y mirar la ruta hasta el cansancio. El auto era un Fiat 1500, blanco y rectangular. Papá lo cuidaba mucho y los domingos lo sacaba a la vereda para lavarlo. Disfrutaba un montón haciendo ese trabajo y yo lo ayudaba en lo que podía. Era un auto pequeño, barato y común, yo lo veía como una nave espacial y me quedaba como un tonto mirando las luces del tablero que brillaban rojas y verdes en la noche. En el centro del tablero, entre los asientos delanteros, había un pasacasete con botones negros y muy duros. En la guantera papá tenía una colección de música clásica. Era un fanático de Mozart y me contagió este fanatismo casi sin darse cuenta. Salimos de casa, tomamos por la calle que llevaba al centro y después de varias cuadras fuimos hacia el acceso que llevaba a la ruta. Cuando ya no se veían más casas papá dijo, con voz de locutor radial, que estábamos atravesando el campo infinito. Me miró, me tocó la cabeza y me dijo que pusiera un casete de Mozart porque estaba de buen humor y el Fiat flotaba en el cemento azul y plateado de la ruta.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=" line-height: 115%; Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;font-family:&amp;quot;;font-size:12pt;" lang="ES"  &gt;Viajamos varias horas. De noche. A la tarde. Papá hablaba para no dormirse y mamá le servía café. Yo dormí un poco aunque estaba muy cansado, no me quería perder nada del viaje. Vi árboles muy grandes y pueblos pequeños que eran dos o tres casas. Vi también un molino gigantesco que se levantaba en medio del campo como un dios de metal. Vi vacas de ojos mansos que pastaban en silencio y varios pájaros extraños en lagunas donde crecían juncos afilados. En una estación de servicio mamá compró repelente para los mosquitos. En la etiqueta del envase se veía un hombre perseguido por un mosquito horrible y de tamaño exagerado. Me dio risa. Papá nos dijo que estaba cansado y que iba a dormir una hora. Mamá fue la encargada de despertarlo cumplido ese plazo. Seguimos viajando por la ruta que se perdía en la nada mientras Mozart sonaba en el auto como si fuera la voz del campo. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=" line-height: 115%; Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;font-family:&amp;quot;;font-size:12pt;" lang="ES"  &gt;Entonces llegamos. Me dolía la espalda y tenía sed. Mamá se quejaba y aseguraba que si no se bañaba iba a enloquecer. Papá estaba soñoliento pero todavía de buen humor. Luisina fue la única de la familia que se pasó todo el viaje durmiendo. No molestó ni lloró. Una bendita.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=" line-height: 115%; Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;font-family:&amp;quot;;font-size:12pt;" lang="ES"  &gt;El pueblo que papá y mamá eligieron para pasar las vacaciones estaba ubicado en la base de un cerro. Había una cantidad de árboles y un río caudaloso que rodeaba todo el lugar. No recuerdo el nombre del pueblo. Cuando bajé me llamó la atención el aire. Era como respirar helado de limón, suave y dulce. Papá dejó el auto en el garaje del hotel donde nos quedamos y fue a hablar con unos hombres que estaban adentro de una oficina. Mamá, Luisina y yo fuimos directamente a la habitación. Entramos, dejamos las valijas en el suelo y nos tiramos en las camas. Dormimos un buen rato hasta que nos despertó papá que traía tres botellas de coca cola y un paquete de papas fritas. Nos bañamos por turnos, acomodamos la ropa en los armarios, mamá le cambió el vestido a Luisina y salimos a caminar.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=" line-height: 115%; Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;font-family:&amp;quot;;font-size:12pt;" lang="ES"  &gt;Estoy cansado. Ya debés estar aburrida, Estela, estas historias de viejos siempre son iguales. ¿Te interesa? Es raro. Me pasó algo impensado, sabés. Mientras te contaba todo empecé a acordarme de cosas que creía olvidadas. Detalles que se hubieran perdido si no le contaba la historia a alguien. Puede ser que invente y me mienta a mí mismo, no te lo puedo asegurar, pero el caso es que ya no importa. Ahora tengo que contarte hasta el final aunque me duela mucho. Es el riesgo de confesar lo que uno guardó durante muchos años en el corazón porque no tuvo nunca el valor para contarlo. Miedo a lo que podía descubrir y recordar, miedo a que me creyeran loco y miedo a ver de nuevo a eso que me quebró por dentro. ¿No me traés un vaso con agua? Tengo la boca seca.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=" line-height: 115%; Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;font-family:&amp;quot;;font-size:12pt;" lang="ES"  &gt;Hacía un calor terrible en el pueblo Eran las dos de la tarde y el sol pegaba muy fuerte. Caminamos una hora y nos cansamos. No avanzamos mucho porque Luisina era muy chiquita y daba pasos cortos. Mamá la quiso llevar en andas y Luisina se puso loca. Estaba indignada, como dijo papá entre risas. Al costado del camino por donde íbamos vimos un bosque. La sombra de esos árboles en medio del sol nos tentó. Nos desviamos y entramos por un camino viejo que parecía abandonado desde hacía mucho. Era un lugar hermoso. No sólo había sombra, el río estaba muy cerca y en esa parte se veía muy ancho y poderoso. Papá eligió un claro debajo de un par de árboles y nos quedamos ahí. Mamá sacó una sábana vieja y la extendió en el suelo para que nos pudiéramos sentar. Sacamos un par de galletitas, una botella con agua fresca y un par de naranjas. Papá se sentó al lado mío. Me dijo que mirara el sol. Yo le hice caso y miré. La luz atravesaba las copas de los árboles formando espirales blancos donde flotaban partículas de polvo. El sol era un círculo de fuego en el cielo. Entonces papá se acercó, me dijo que abriera mi mano y cuando lo hice me puso una naranja haciendo una reverencia. &lt;i style=""&gt;El sol-&lt;/i&gt;me dijo con voz misteriosa- &lt;i style=""&gt;es una naranja. Hace mil años un gigante que estaba comiendo una naranja jugosa y grande pisó una roca del camino que le lastimó el pie. Tanta fue su bronca que tiró la naranja hacia el cielo con toda su fuerza. Le pegó al sol, lo tiró y en su lugar quedó la fruta. Mirá bien, poné la naranja que te di contra el sol y vas a ver que tienen el mismo tamaño.&lt;/i&gt; Hice eso y me quedé duro de asombro. Papá no mentía. Tenía razón. La naranja tapaba el sol. Me quedé un rato con la mano levantada hasta que me empezó a doler el brazo. Mamá me miró con curiosidad y me preguntó qué locura estaba haciendo. Yo le dije que el sol era una naranja. Papá se paró, fue hasta donde estaba mamá y la abrazó mientras decía cosas locas. Cómo se querían, cuánto amor tenían entonces.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=" line-height: 115%; Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;font-family:&amp;quot;;font-size:12pt;" lang="ES"  &gt;Después de comer jugamos a las adivinanzas. Ya era casi el atardecer. Mamá quería ir hasta la orilla del río para meter los pies y tocar el agua. Dejamos la comida tapada con una toalla para que no la comieran las hormigas y salimos todos juntos. Bajamos un terraplén, doblamos a la derecha y nos encontramos con una playa pequeña y un puente.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=" line-height: 115%; Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;font-family:&amp;quot;;font-size:12pt;" lang="ES"  &gt;Entonces lo vimos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=" line-height: 115%; Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;font-family:&amp;quot;;font-size:12pt;" lang="ES"  &gt;Era un ojo que se abría en la orilla del río al costado del puente. Un ojo perfecto en la tierra. Enorme y muy viejo. El ojo estaba hecho en piedra y parecía indestructible. Me quedé sin aliento. Luisina preguntó qué era ese coso y papá nos explicó.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=" line-height: 115%; Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;font-family:&amp;quot;;font-size:12pt;" lang="ES"  &gt;¿Ya es la hora de las pastillas azules? No puede ser que haya estado tantas horas hablando sin parar. Debo estar agotado. No, mejor termino ahora porque mañana me puedo olvidar todo, Estela, así es con los viejos. Te pido un favor. Sí, ya sé que no podés y que es muy peligroso para vos, pero sólo por esta vez no tomo las pastillas así no me dan sueño y puedo contar la historia hasta el final. Después si querés me tomo diez pastillas y duermo hasta el fin del mundo, pero ahora no, no me quedan fuerzas y además ya casi llego al final. Gracias Estela. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=" line-height: 115%; Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;font-family:&amp;quot;;font-size:12pt;" lang="ES"  &gt;Papá nos dijo que ese ojo en el suelo era un dique abandonado. Al parecer habían desviado el curso del río y el dique quedó inútil ahí, se vació y lo dejaron sin tapar. Mamá se quejó, era un peligro dejar ese dique así. Tenía razón. Cualquiera podía caerse por el dique para terminar en el fondo. Papá dijo que debería ser muy profundo, húmedo y oscuro. Me dio un escalofrío por la espalda y quise estar en casa. Pero al mismo tiempo sentía que una fuerza me llevaba hasta el borde del dique y me hablaba, una voz que me invitaba a saltar por fin para borrar todo en un instante. Imaginé que en el pozo, muy abajo, abajo y abajo cada vez más, había seres sin cara y sin forma humana que nadaban en aguas podridas. Imaginé que había criaturas de vientres blancos y helados que buscaban el calor para poder vivir y eran ciegos y estaban locos de odio. Un terror inmenso me apretó la panza. Me dejé llevar por el pánico y corrí. Como un eco escuché a papá y mamá que me llamaban. Pero no volví. Corrí y corrí hasta que ya no supe donde estaba. Los primeros colores del atardecer bajaron desde el cielo. Una frescura repentina adormeció el furor del verano. Y yo estaba solo. Me puse a llorar. Estuve debajo de un árbol seco un tiempo que me pareció eterno y me di cuenta que no estaba tan lejos. El miedo me había trastornado. Me pude orientar. Respiré profundo, me calmé y caminé hacia el río. Ya era el atardecer. Todavía se veían bien las cosas, pero como blandas y cristalinas. Hacía frío.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=" line-height: 115%; Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;font-family:&amp;quot;;font-size:12pt;" lang="ES"  &gt;Y los vi.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=" line-height: 115%; Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;font-family:&amp;quot;;font-size:12pt;" lang="ES"  &gt;Papá estaba al borde del dique, de espaldas a mí y muy quieto. Al lado mamá parecía una estatua. No se movían. El viento les agitaba el pelo. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=" line-height: 115%; Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;font-family:&amp;quot;;font-size:12pt;" lang="ES"  &gt;Luisina, mi hermana menor, no estaba.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=" line-height: 115%; Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;font-family:&amp;quot;;font-size:12pt;" lang="ES"  &gt;El rojo denso del sol que se escondía vibraba entre el cielo y la tierra.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=" line-height: 115%; Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;font-family:&amp;quot;;font-size:12pt;" lang="ES"  &gt;Llegué. Con lentitud me acerqué. Le toqué la pierna a papá y le pregunté qué pasaba.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=" line-height: 115%; Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;font-family:&amp;quot;;font-size:12pt;" lang="ES"  &gt;Ninguna respuesta. Ni una palabra. Ni un gesto.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=" line-height: 115%; Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;font-family:&amp;quot;;font-size:12pt;" lang="ES"  &gt;Toqué a mamá. Fue como tocar una cosa muerta y fría.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=" line-height: 115%; Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;font-family:&amp;quot;;font-size:12pt;" lang="ES"  &gt;¿Dónde está Luisina? ¿Qué pasó? ¿Qué hacen?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=" line-height: 115%; Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;font-family:&amp;quot;;font-size:12pt;" lang="ES"  &gt;Nada. El viento y el sol rojo que se caía ya entre las grietas del mundo. Nada más.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=" line-height: 115%; Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;font-family:&amp;quot;;font-size:12pt;" lang="ES"  &gt;Me senté en el suelo agarrado a la pierna de papá. Un cansancio tenso me llenó el cuerpo. Los ojos me dolían de tanto llorar.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=" line-height: 115%; Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;font-family:&amp;quot;;font-size:12pt;" lang="ES"  &gt;Un ruido me sobresaltó. Venía desde el interior del dique. El ojo. Ese ojo enorme comiendo la luz del día. Otra vez el ruido, más claro, más fuerte. Ruidos de piedras que caen en el agua y la rompen. Papá no despierta. Mira con ojos grandes hacia ninguna parte. Mamá tiene la cara inmóvil y yo sé que así tienen la cara los muertos. El ruido está muy cerca. Es veloz ahora. Como una música. Tac, tac, tac. Para. Tac, tac, tac, más rápido.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=" line-height: 115%; Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;font-family:&amp;quot;;font-size:12pt;" lang="ES"  &gt;Voy hasta el borde. Me asomo todo lo que puedo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=" line-height: 115%; Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;font-family:&amp;quot;;font-size:12pt;" lang="ES"  &gt;Y lo veo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=" line-height: 115%; Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;font-family:&amp;quot;;font-size:12pt;" lang="ES"  &gt;Sube por la pared negra del dique. Sube veloz y fuerte. Es una mosca que trepa por la vertical de roca vieja. Avanza y avanza y avanza. Es una cucaracha grande y pesada que viene a buscar comida. Una especie de insecto enorme y monstruoso que usa uñas gruesas y en punta para sostenerse contra la pared y trepar. Y el bicho trepa y trepa y trepa. Tac, tac, tac. El sol ahora es un dibujo frágil en el campo. La noche cruza el mundo y lo cubre.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=" line-height: 115%; Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;font-family:&amp;quot;;font-size:12pt;" lang="ES"  &gt;Me muero. Estoy muerto. Esto no está pasando porque no hay bichos así. No son reales.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=" line-height: 115%; Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;font-family:&amp;quot;;font-size:12pt;" lang="ES"  &gt;Ahora lo veo a un par de metros. Salió desde ese pozo trepando por la pared húmeda de podredumbre. Es un bicho. Es real. Y yo lo estoy viendo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=" line-height: 115%; Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;font-family:&amp;quot;;font-size:12pt;" lang="ES"  &gt;Camina. Es alto. Usa un traje negro que parece hecho en barro. Es un señor. Un hombre. Usa el pelo aplastado contra la cabeza huesuda y en punta. Tiene cara de asesino y de muerto. Así lo ven mis ojos de chico. Y los ojos de ese ser son dos luces de horror que me miran hasta tocarme el alma. Se acomoda el traje con una mano de uñas largas y verdes. Sonríe. No son dientes. No pueden ser dientes porque son como espadas en la boca y están manchados con algo. Me mira con atención. Camina muy lento alrededor de mis padres. Los estudia. Acerca su nariz y los huele y hace una mueca de placer insoportable.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=" line-height: 115%; Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;font-family:&amp;quot;;font-size:12pt;" lang="ES"  &gt;-Lo único que me molesta de todo esto es que tengo que esperar mucho tiempo para comer- me dice con una voz grave y muy clara.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=" line-height: 115%; Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;font-family:&amp;quot;;font-size:12pt;" lang="ES"  &gt;Un movimiento. Un golpe y un crujido. Veo que el brazo del hombre atraviesa el pecho de mi papá, que no grita ni hace ningún ruido. La sangre brota con rapidez y se alarga hacia el suelo. El hombre se va por el dique, arrastrando a mi papá. El hombre se encorva y las sombras del pozo le dan forma de bicho. No puedo mover un músculo. Escucho ruidos y jadeos. Luego de un rato el bicho aparece otra vez y se lleva a mamá. Cuando se va por el dique puedo ver que usa zapatos negros y zoquetes blancos. Es la locura. Entonces yo entiendo que no volveré a ver a Luisina, a papá, a mamá. Tengo siete años y un monstruo salido de un ojo oscuro se comió a mi familia.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=" line-height: 115%; Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;font-family:&amp;quot;;font-size:12pt;" lang="ES"  &gt;Ya está, Estela, claro que no es una broma. Alguna vez tenía que contarle esto a alguien. Podés pensar lo que quieras, por supuesto, soy un viejo que está en un asilo y a veces no sé mi nombre. Lo que te conté pasó de verdad. Después de ese verano mi vida fue una miseria, una infinita desesperación secreta que no podía ser confiada a nadie. Sí, ahora sí voy a tomar las pastillas azules para dormir. Diez. Veinte. Las que quieras. Es hora de dormir. Mañana vendrán los médicos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=" line-height: 115%; Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;font-family:&amp;quot;;font-size:12pt;" lang="ES"  &gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=" line-height: 115%; Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;font-family:&amp;quot;;font-size:12pt;" lang="ES"  &gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=" line-height: 115%; Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;font-family:&amp;quot;;font-size:12pt;" lang="ES"  &gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=" line-height: 115%; Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;font-family:&amp;quot;;font-size:12pt;" lang="ES"  &gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=" line-height: 115%; Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;font-family:&amp;quot;;font-size:12pt;" lang="ES"  &gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=" line-height: 115%; Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;font-family:&amp;quot;;font-size:12pt;" lang="ES"  &gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=" line-height: 115%; Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;font-family:&amp;quot;;font-size:12pt;" lang="ES"  &gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=" line-height: 115%; Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;font-family:&amp;quot;;font-size:12pt;" lang="ES"  &gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8327896073992417303-3856497142592878390?l=elinmensososa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elinmensososa.blogspot.com/feeds/3856497142592878390/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://elinmensososa.blogspot.com/2011/02/el-sol-es-una-naranja.html#comment-form' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8327896073992417303/posts/default/3856497142592878390'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8327896073992417303/posts/default/3856497142592878390'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elinmensososa.blogspot.com/2011/02/el-sol-es-una-naranja.html' title='El sol es una naranja'/><author><name>Patricio El Inmenso</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01397213389065244426</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_SYBcys2_ZZ8/S4Qea6aiVEI/AAAAAAAAABA/IJlQSyPNXTE/S220/sosus.jpg'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8327896073992417303.post-7455596190296954253</id><published>2011-02-10T21:18:00.000-08:00</published><updated>2011-02-10T21:19:20.237-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuentos'/><title type='text'>El artista genial del suicidio</title><content type='html'>&lt;div class="deleteBody"&gt; &lt;p class="postBody" style="color: rgb(119, 119, 119);"&gt;Cuando chocó  contra el suelo de baldosas rojas las personas sintieron vibrar sus  cuerpos.  Estaba aplastado en la forma de un amasijo humano, sangrante y  lleno de agonía.   Pero entre el tumulto de la calle y los ojos  aterrados de la mayoría se levantó como si nada, sacudió su traje de  marginal, se peinó y caminó muy recto hacia la escalinata del banco que  llevaba a la azotea.  Y se arrojó otra vez. Hubo un viento cortado por  el peso y la velocidad del bulto que cayó como podrido sobre el cemento.   ¡ Pluffff! Y otra vez fue la vibración, la conmoción y el amasijo  humano de ropas pobres e inundadas de sangre.  - ¡Por todos los santos!-  dijo el cajero del banco al tiempo que su corbata se le anudaba  fuertemente a su cuello mal afeitado para   ahorcarlo.  - Que me  internen en el loquero si estoy viendo lo que veo- dijo el viejo de la  pollería mientras una jauría de perros lo atacaba atraída por el olor a  pollo muerto y pelado.  Pronto sobrevino el caos y la locura.  Las  mujeres vomitaron el desayuno sobre otras mujeres, creando una reacción  en cadena que hizo aumentar el desconcierto inicial.  Los perros, ante  la vista horrorizada de varios niños, devoraron al hombre que vendía  pollos en una rabia animal inmensa.  - ¿Qué están haciendo esos perritos  con el señor, mamá? preguntó un cándido y rubio infante del barrio  residencial.  - Están jugando a la lucha, hijito. Esos alaridos son de  mentira. Y eso rojo que sale como un chorro de agua a presión es  gelatina caliente.  Un anciano que pasó por la vereda resbaló en la  laguna de sangre y cayó de tal modo que resultó desnucado.  Detrás de  este viejito se acercó una enorme señora de pelo rojo que llevaba en su  mano de metal una bolsa de paja tranzada.  Los perros, todavía  hambrientos luego de comerse al vendedor de pollos, la vieron venir con  su monumentalidad femenina, sus amplias carnes y sus olores a lavanda.  Al momento se abalanzaron sobre ella y comenzaron a disfrutar del  banquete.  - Pero qué perrito... perrito- atinó a decir en su tortura.   La furia duró hasta el mediodía. Aquello fue el descontrol total.Los  encargados del orden social supieron de esa situación y mandaron a los  gendarmes para atrapar al responsable.  Era un hombre que parecía hecho  en madera. Decir que estaba raquítico no alcanza para describir con  verdad su tremenda y descomunal delgadez. Parecía estar siempre de  perfil. Un alambre era un obeso luchador comparado con él.  Lo  interrogaron en la pequeña sala de la jaula municipal y lo obligaron a  beber lima-limón.   Después uno de los gendarmes le contó a un compañero  civil que el hombre fue amable, solícito y educado. No se trataba de un  loco ni de un criminal vulgar.  Era un artista de ley, genial, docto en  su elegida disciplina artística que había recibido desde su primer  aliento de vida.  La especialidad de este artista completo que sabía  actuar, danzar, cantar, tañer la lira, dominar el fuego y demás  imposibles tareas consistía en suicidarse varias veces al día.  - Lo  fundamental- dijo en la pequeña sala mientras bebía el lima-limón,  estriba, señores, en arrojarse desde cualquier azotea adoptando el  ángulo acrobático de la cruz del Nazareno. Si el acto se realiza con  precisión la caída dibujará la figura santa de Cristo y todos los  espectadores sentirán la   beatitud del perdón y la gracia. Luego, a un  milímetro del suelo, será indispensable mirar con ojos de   comprensión  universal a cada persona allí presente. Todo este acto estético y  pedagógico no requerirá de publicidad ninguna y será efectuado en  lugares públicos para que el arte sublime llegue a la masa doblegada por  el dinero y sus funestas relaciones.  Cuando se choca contra el suelo  el sonido debe ser contundente y firme. Para esto se tiene que caer de  vientre, plano y estirado en toda la extensión del cuerpo. Se muere. Se  vuelve a vivir y otra vez el acto. A esto llamo yo   profesionalismo.   Los gendarmes se quedaron mudos. El hombre hablaba con tanta elocuencia,  mostraba tanto dominio de la amabilidad y su trato derrochaba tanta  humanidad y sabiduría que no atinaron a mover una pestaña.  Hasta que el  más joven de ellos, un presumido recién salido de la academia militar,  de cara granujienta y expresión imbécil en su boca, dijo:  - Será  condenado a setenta años de cárcel por causar el pánico en la vía  pública, viejo demente. Por su acto artístico murieron dos ciudadanos  masticados por los perros.  Quiso continuar con su discurso pero el  gendarme jefe lo obligó a cerrar la boca.  El artista del suicidio tuvo  un juicio que se llamó justo. Fue una locura pública y la prensa le  dedicó una atención de inquisidor fanático a su caso.   El juez que  presidió el juicio era  hermano del vendedor de pollo.Fue condenado a  morir por inyección letal.  En el momento de recibir la dosis de cianuro  el artista demostró su talento inconmensurable una vez más.  Relajó sus  músculos, extendió el brazo en un movimiento hermosísimo, parpadeó a  ritmo, se las ingenió para   que las luces de la sala de ejecución  danzaran en su rostro, cantó un fragmento de la ópera “ El holandés    errante” y en el instante de la muerte sonrió con belleza celestial.   Los presentes aplaudieron de pie.  - Es brillante- dijo uno.  - Jamás he  visto maestría comparable- agregó otro.  Esta vez, debido a que él no  había sido el responsable de su muerte, murió de forma definitiva.   Llevaron el cadáver a la pescadería del chino Yanahaki y lo procesaron  para servir de alimento a los peces sin escamas.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8327896073992417303-7455596190296954253?l=elinmensososa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elinmensososa.blogspot.com/feeds/7455596190296954253/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://elinmensososa.blogspot.com/2011/02/el-artista-genial-del-suicidio_160.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8327896073992417303/posts/default/7455596190296954253'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8327896073992417303/posts/default/7455596190296954253'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elinmensososa.blogspot.com/2011/02/el-artista-genial-del-suicidio_160.html' title='El artista genial del suicidio'/><author><name>Patricio El Inmenso</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01397213389065244426</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_SYBcys2_ZZ8/S4Qea6aiVEI/AAAAAAAAABA/IJlQSyPNXTE/S220/sosus.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8327896073992417303.post-471210733743545611</id><published>2011-02-01T18:29:00.001-08:00</published><updated>2011-02-01T18:31:06.991-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuentos'/><title type='text'>El agua y la máquina</title><content type='html'>&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt; 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Se movió entre la sombra. Se estiró y crujió.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Y allí estaba una tierra nacida desde la nada, una parte cualquiera del mundo que se agita sin razón, barro reseco y césped húmedo sobre la piedra, y los hombres ahí sin saber por qué, viejos, agotados, mirando las manos que van y se aferran a las herramientas y escuchando los sonidos graves que vienen desde el río, siempre trabajando y pensando en la necesidad, en las horas del agotamiento último, inútiles cuando duermen y lacónicos cuando hablan.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Una botella de vino, dicen. Y beben hasta que el sol les cae encima, fuerte y ciego.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;Anoche apareció muerta la mujer del gringo, la cabeza abierta de un palo, hacía frío y los hijos lloraban. Dame otra botella.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Son voces agotadas. Hablan lo justo. A menudo los labios quedan en silencio.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;La línea del horizonte traza un límite de sueño en la mitad de la tarde. Los pájaros de picos largos esperan en los postes de madera, inmóviles, con sus ojos amarillos que el polvo frío del camino toca y penetra. Algo sin duda increíble habita los cuerpos de estos pájaros. Animales de aire sobre los esqueletos de los árboles. Picos que buscan semillas y raíces de los pantanos. Esto es la inmensa llanura que engendra muerte y vida con indiferencia y extraña constancia.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Dos caballos viejos caminan despacio. Tienen el hambre marcado en sus costillas. Tal vez mañana o esta misma noche raros seres tocarán en ellas marchas fúnebres de renuncia, fatiga, mundo sepulcral y recuerdos de feroces carreras que ya no tienen lugar en la decrepitud punzante de sus músculos vencidos, arruinados por una fuerza común a toda la vida, la misma mano o pie brutal que pisa la cabeza del hombre y la rompe y la parte, la fuerza ciega que mata bestias, insectos, árboles, estos caballos que pasan por la arena y la roca del camino.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Una parte del campo brilla. Muy verde y roja contra la declinante luz que se multiplica en los espejos del agua. Cada gota, pequeña y vibrante, encierra restos muertos del día y los lleva hasta el centro del polvo para que por fin queden sepultados y definitivos de vacío.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Las semillas ya han reventado y ahora suben en brotes que se entretejen y mueven en el viento. Entre las raíces las alimañas roen los tallos dulces y frescos. Se agitan con sus dientes manchados de savia, respiran el placer del hambre saciado y elevan sus ojos marchitos hacia la cáscara oscura de la noche.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Ya es tarde. La sombra se ha movido muy rápido. El sol es un círculo desgarrado que apenas late en la altura. Las alimañas se meten en sus cuevas de moho. El campo entero huele a luna, a estanque, a piedra helada, a sueño infinito y aguas secretas.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Entonces la máquina despierta. Sus párpados de hierro crujen al abrirse. Los brazos eléctricos se estiran y giran entre sus ruedas dentadas. Los engranajes resuenan para quebrar y triturar el mutismo nocturno. No hay nadie. Todo es una superficie sombría. La máquina crece. Se mueve. Los tornillos y las tuercas viven. Gritan. Hablan en lenguajes de aceite hirviendo y empujan y cavan y quieren arrasar con la tierra.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Algo se tensa hasta el extremo. Se ajustan los tornillos y los hierros. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Entonces la máquina cubre al campo y lo alimenta.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;En el pueblo las personas duermen mal. El descanso es inquieto. Una sed y una fiebre de vértigo los hace dar vueltas en sus camas. Antes del alba sentirán una fuerte presión en sus cuerpos. Despertarán de mal humor. Con ese gusto a vejez dentro de las bocas. No encontrarán una imagen clara de sí mismos en los espejos. Caras agrietadas, hundidas y estiradas.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;La máquina ya habrá regado entonces al campo de la noche. Sus tubos y tuercas y tornillos están conectados a la profundidad de la calle y no hay una sola casa que no sea parte de su red.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;El campo no dejará de dar su simiente. Y los hombres y las mujeres dirán que la tierra es buena porque provee de alimento. Y le rezarán a los panes. Y se reirán y comerán de su propia sangre sin saberlo.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt; &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-size: 10pt; line-height: 115%;" lang="ES"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-size: 10pt; line-height: 115%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-size: 10pt; line-height: 115%;" lang="ES"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-size: 10pt; line-height: 115%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt; &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt; &lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8327896073992417303-471210733743545611?l=elinmensososa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elinmensososa.blogspot.com/feeds/471210733743545611/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://elinmensososa.blogspot.com/2011/02/el-agua-y-la-maquina.html#comment-form' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8327896073992417303/posts/default/471210733743545611'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8327896073992417303/posts/default/471210733743545611'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elinmensososa.blogspot.com/2011/02/el-agua-y-la-maquina.html' title='El agua y la máquina'/><author><name>Patricio El Inmenso</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01397213389065244426</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_SYBcys2_ZZ8/S4Qea6aiVEI/AAAAAAAAABA/IJlQSyPNXTE/S220/sosus.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8327896073992417303.post-8363579148969878686</id><published>2011-02-01T18:17:00.001-08:00</published><updated>2011-02-02T17:53:39.534-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Poemas'/><title type='text'>4</title><content type='html'>&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt; 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 &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;la soledad es real y tiene forma y ahora es un muro que sube hasta perderse&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;De esta derrota del alma&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;ningún signo humano se levantará jamás&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8327896073992417303-8363579148969878686?l=elinmensososa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elinmensososa.blogspot.com/feeds/8363579148969878686/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://elinmensososa.blogspot.com/2011/02/normal-0-21-false-false-false-es-ar-x_480.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8327896073992417303/posts/default/8363579148969878686'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8327896073992417303/posts/default/8363579148969878686'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elinmensososa.blogspot.com/2011/02/normal-0-21-false-false-false-es-ar-x_480.html' title='4'/><author><name>Patricio El Inmenso</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01397213389065244426</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_SYBcys2_ZZ8/S4Qea6aiVEI/AAAAAAAAABA/IJlQSyPNXTE/S220/sosus.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8327896073992417303.post-6756572041974976551</id><published>2011-02-01T18:16:00.001-08:00</published><updated>2011-02-02T17:53:27.335-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Poemas'/><title type='text'>3</title><content type='html'>&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt; 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Han arrancado el día.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Esta lluvia es una lenta degradación. Los objetos mueren en la ruina.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;No hemos nacido nunca.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;/span&gt;Esto es todo locura y horror de la noche inmensa.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;/span&gt;No hubo una verdad de amor ni siquiera al comienzo&lt;span style=""&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;Nadie ha vivido jamás.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Desde el río llegan barcos espectrales.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;/span&gt;La sombra nos ha reconocido. Viene. Ahora.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Nadie encontrá a nadie después de la muerte.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8327896073992417303-6756572041974976551?l=elinmensososa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elinmensososa.blogspot.com/feeds/6756572041974976551/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://elinmensososa.blogspot.com/2011/02/normal-0-21-false-false-false-es-ar-x_9115.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8327896073992417303/posts/default/6756572041974976551'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8327896073992417303/posts/default/6756572041974976551'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elinmensososa.blogspot.com/2011/02/normal-0-21-false-false-false-es-ar-x_9115.html' title='3'/><author><name>Patricio El Inmenso</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01397213389065244426</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_SYBcys2_ZZ8/S4Qea6aiVEI/AAAAAAAAABA/IJlQSyPNXTE/S220/sosus.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8327896073992417303.post-4584888999743876737</id><published>2011-02-01T18:15:00.000-08:00</published><updated>2011-02-02T17:53:08.495-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Poemas'/><title type='text'>2</title><content type='html'>&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt; 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&lt;/span&gt;mira un objeto y no comprende una línea&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;sale a la calle y lo que ve pasa veloz y sin motivo&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;es un hombre gastado que morirá al terminar este día&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;con su muerte se perderá una forma de la tristeza:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;el hábito de la soledad&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;de los libros&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;del café&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;la música íntima entre el sueño y el alba&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;El hombre esperará a una mujer que no vendrá&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;una desesperación que no podrá entender le quemará los ojos&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;después no habrá sino lo mismo&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;la mañana otra vez&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;la calle&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;aquello que no sabe quién es&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;que no sabe qué es&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;hasta que Alguien cierre el puño y lo borre todo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8327896073992417303-4584888999743876737?l=elinmensososa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elinmensososa.blogspot.com/feeds/4584888999743876737/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://elinmensososa.blogspot.com/2011/02/normal-0-21-false-false-false-es-ar-x_01.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8327896073992417303/posts/default/4584888999743876737'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8327896073992417303/posts/default/4584888999743876737'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elinmensososa.blogspot.com/2011/02/normal-0-21-false-false-false-es-ar-x_01.html' title='2'/><author><name>Patricio El Inmenso</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01397213389065244426</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_SYBcys2_ZZ8/S4Qea6aiVEI/AAAAAAAAABA/IJlQSyPNXTE/S220/sosus.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8327896073992417303.post-4781588168521505751</id><published>2011-02-01T18:13:00.000-08:00</published><updated>2011-02-02T17:52:29.042-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Poemas'/><title type='text'>1</title><content type='html'>&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt; 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 &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Los volvió de piedra&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Los apretó y borró hasta el final de los cielos.&lt;span style="color:black;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span  lang="ES" style="color:black;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span  lang="ES" style="color:black;"&gt;Y por eso pasan y pisan esos restos sombríos&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span  lang="ES" style="color:black;"&gt;Nubes que ahora se duelen de agonía&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span  lang="ES" style="color:black;"&gt;Porque ya son objetos que todo mata y aplasta&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span  lang="ES" style="color:black;"&gt;Entre basuras que la noche no pudo quitar.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span  lang="ES" style="color:black;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span  lang="ES" style="color:black;"&gt;Una inmensa locura mueve los astros.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span  lang="ES" style="color:black;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span  lang="ES" style="color:black;"&gt;Estamos solos y dormidos&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span  lang="ES" style="color:black;"&gt;Un sueño donde nos dejamos morir&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span  lang="ES" style="color:black;"&gt;Sin nadie que nos toque las manos&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span  lang="ES" style="color:black;"&gt;Cayendo
